Joaquín Rodrigo (o la teoría de las dificultades)

La historia que voy a contar no la saben todos los lectores, acaso los amantes de la música. De todos es conocido que la mitológica figura Homero—quien funda no sólo la narrativa, sino la cosmogonía de todo Occidente—era supuestamente ciego y así se las arregló para dictar su Odisea y su Ilíada. Casi todos saben, igualmente, que Jorge Luis Borges quedó prácticamente ciego a los cincuenta años y buena parte de su obra tardía (quizá la mejor) fue también dictada a alguno de sus amanuenses; su madre, Leonor Acevedo, su última mujer, María Kodama, o, bien, algún asistente adicional.

 

Lo que quizá muchos lectores de esta columna no sepan es que Joaquín Rodrigo, el Marqués de los Jardines de Aranjuez y el gran compositor que llevó la guitarra española a su cumbre última durante el siglo XX, también era ciego. Una enfermedad que sufrió a los cuatro años lo dejó prácticamente a oscuras el resto de su vida. Y así, sus grandes obras, empezando por las archi-conocidas “El Concierto de Aranjuez”, o “Fantasía para un Gentilhombre” fueron escritas primeramente en sistema braille por él mismo y, posteriormente, eran copiadas por otro compositor que conocía el braille y las transformaba en partituras.

 

Imaginar la música en un mundo a oscuras, pasarla a lenguaje braille en forma personal, silenciosa y dedicada y—después—buscar que alguien las copiara en partituras convencionales supone un esfuerzo y una pasión inmensos. Una laboriosa y pertinaz tarea, que sólo se entiende si es conducida por una pasión. Cuando uno escucha “El Concierto de Aranjuez” o “ Concierto Madrigal” y “Concierto Andaluz” (recomiendo mucho estos dos últimos) no puede dejar uno de pasmarse de como algo tan hermoso, tan fluido y tan natural fuese realizado, sin embargo, con tanta dificultad técnica.

 

Otra imagen viene a mi memoria en el momento de escribir estas líneas. Quizá es mucho más impactante. La de gran Stephen Hawkings, el gran físico estadounidense quien han planteado una nueva teoría del tiempo y una teoría del universo (una revisión de la teoría de Newton y de Einstein) amarrado a un silla de ruedas, con una enfermedad degenerativa que le impide mover sus músculos, incluso los vocales. Hawkings habla con un dispositivo especial que, amarrado a su tráquea, los transforma en sonidos que el resto de los seres humanos podemos entender. Pero tiene una mente maravillosa, una de las más maravillosas del último siglo.

 

Cuento estas historias porque la mayoría de los mortales que, afortunadamente, no padecemos de una gran dificultad como la de Homero, Borges, Rodrigo o Hawkings, y quienes nos movemos por el mundo con nuestro potencial pleno, con todos nuestros sentidos, miembros y posibilidades, quizá no le aplicamos a nuestras vidas la misma disciplina y pasión para vencer las dificultades. Quizá sería la mejor forma de salir de espacio de medianía donde la mayoría de la humanidad se mueve, lo que han dado por llamar “la zona de confort”. Es decir el ámbito de la mediocridad. Quizá la vida sería distinta y cobraría mucha luz y, sobre todo, una dignidad nueva.-

 

 


2 Comentarios

  1. Jaime Ordóñez

    FE DE ERRATAS./ Varios lectores me han hecho la aclaración– desde horas de la mañana– de un evidente error en el artículo, referido a la nacionalidad de Stephen Hawkings. Desde luego, que este gran físico es británico y no estadounidense y ejerce actualmente la Cátedra lucasiana que le perteneció al propio Sir Isaac Newton. Gracias.

  2. José Calvo

    De repente la limitación sensorial es mas bien beneficiosa para el ejercicio de la inteligencia (de cualquier manera que se defina). El caso mas impresionante para mi es Hellen Keller: un milagro de manifestación: una epifanía.

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