El testamento del Magistrado Mora Mora: la defensa de una justicia amenazada

Por Fernando Cruz Castro, magistrado.

 

A propósito del deceso del colega y amigo, Luis Paulino Mora, recuerdo muy bien su discurso, el que tituló la “silla vacía”. La actitud que asumió en su momento, defendiendo la independencia judicial frente a otros poderes e intereses, permitió definir muy bien un conflicto que pudo quedar como una anécdota, un acontecimiento más en la vida institucional del país. Creo que en la historia judicial del país ningún Presidente de la Corte se ha expresado con tanta claridad sobre la relevancia política de la independencia judicial y las amenazas concretas que la acechan.

 

El mensaje del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, sus palabras, aunque prudentes, muy claras en su contenido conceptual, permitieron resolver el vacío de la justicia, llamaron la atención sobre el sentido de un acto que no se circunscribió a una reelección. Esta actitud del Presidente del Poder Judicial, en un país de disimulos y lenguaje oblicuo, se convirtió en una lección política, un ejemplo de lo que debe ser el lenguaje claro frente a las pretensiones de los poderes fácticos y formales.

 

El máximo representante de la judicatura costarricense rechazó la censura que se pretendió aplicar a los criterios expresados por los jueces, lo dijo a propósito de un acto concreto del Poder Legislativo. Ese señalamiento tan directo, no es fácil, porque en abstracto, todo resulta diáfano e irrefutable, pero frente a los actos concretos que pueden lesionar un valor y una garantía fundamental, lo más fácil es el disimulo o el silencio, como si no hubiera ocurrido nada. El discurso-denuncia de don Luis Paulino adquiere vida plena cuando afirma: “…Pareciera que cuando se aplica la Constitución y la ley, ello estorba a quienes se ven afectados en sus intereses. Se olvidan que la alternativa de vivir una Constitución de adorno, de papel, es lo que tiene condenados a tantos países a vivir sin dignidad….”. Qué bien dicho, con qué claridad, porque una constitución de papel, que no sea derecho viviente, deja sin dignidad a la ciudadanía. La Constitución, en los conceptos del magistrado Mora Mora, asegura la dignidad de los ciudadanos.

 

También apunta, como pocas veces se ha hecho en la historia judicial, sobre los peligros de la dictadura de mayorías, la que todo lo puede, la que puede callar al disidente, silenciando la riqueza de la diversidad, para alcanzar una gobernabilidad mal entendida o manipulada. Es decir, que el irrespeto a la independencia judicial abre la puerta del autoritarismo y la dictadura. Nunca he escuchado que un Presidente del Poder Judicial, al que se le exige indiferencia y miopía, pueda dar el paso que dio don Luis Paulino, un acierto, sin despeinarse, tomó el “toro por los cuernos”.

 

Pero el representante máximo de los jueces apunta a un tema que hace muchos años nadie se atreve a decir tan claramente, rescatando la ideología que permitió un desarrollo humano notable en la segunda mitad del siglo veinte, urgiendo a la clase política y al parlamento para que hagan viable “… la materialización de nuestro proyecto ideológico, uno en el que el país produzca con eficiencia, reparta con justicia y en donde la equidad y dignidad humana sean respetados en todos los ámbitos de nuestra sociedad…”. Esta llamada de atención demuestra que el quehacer judicial no puede desarrollarse y fortalecerse en el contexto de una sociedad que posterga la equidad y la dignidad humana. Como bien lo dijo, la clase política no puede reivindicarse a costa del sistema de frenos y contrapesos del sistema político, no puede rehabilitarse a costa de la democracia. Nuevamente, no hay judicatura si la democracia se debilita. Qué importante la conexión entre democracia y judicatura, porque no hay jueces sin libertades efectivas y reconocidas.

 

Otro concepto que destaca el discurso del Presidente del Poder judicial, recordando a José Figueres y a los constituyentes, quienes comprendieron muy bien que “…no perduraría la paz sin un sistema de justicia sólido e independiente…”. La trilogía que no hay que olvidar, democracia, justicia independiente y paz.

 

Pero los señalamientos del presidente Mora Mora, adquieren trazos muy definidos cuando dice: “… si los políticos han de meter la mano en la justicia que sea para venir a ver cómo se puede ayudar a mejorar, qué leyes hay que cambiar, qué programas hay que financiar para que la sociedad no tenga que estar condenada a criminalizar la pobreza por falta de políticas de prevención y atención de las poblaciones más vulnerabilizadas de este país…”. Criminalizar la pobreza, una ruta que evade la senda de una sociedad democrática, lo destaca muy bien el discurso, porque muchas veces se toma la solución simplista y miope: criminalizar la pobreza.

 

El epílogo del discurso no deja ninguna duda, es contundente, porque denuncia que lo que ha “…sucedido, es un ultraje a la justicia con el fin de buscar magistrados alineados y que la sociedad costarricense debe estar alerta frente a nuevas campañas de desprestigio de mayor debilitamiento contra los magistrados, producida por las mismas fuerzas oscuras que han cohonestado este triste episodio de nuestra historia; todo como una cortina de humo para esconder el verdadero fondo de sus intenciones: una Corte complaciente, que además de tener a su resguardo la justicia misma, custodia nada menos que dos tesoros de nuestra patria: la Fiscalía y el propio Tribunal Supremo de Elecciones…”. Fuerte y claro el lenguaje, fuerzas oscuras que quieren una justicia complaciente, una justicia que asegure, además, una Fiscalía dócil y un Tribunal de Elecciones debilitado.

 

El discurso del compañero y amigo Mora Mora, es un testamento, una pieza muy valiosa, no pretende perderse en abstracciones, es directo, definiendo en nuestro contexto lo que es justicia, democracia, paz y equidad, todos conceptos que tienen una vinculación estrecha, que no deben ser desnaturalizados por lo que en el discurso se identificó claramente: fuerzas oscuras que pretende tener una justicia débil, con magistrados alineados y agrego, alienados. Una lectura detenida a este discurso lo convierte en un testamento que con lenguaje directo, sin contemplaciones, define en nuestro contexto, lo que debe ser la justicia y la necesidad que existe que en algunos momentos, los miembros de la judicatura alcen su voz para impedir que su función, que su oficio, no se convierta en un sainete de apropiada liturgia, pero sin ningún contenido.

 

Don Luis Paulino, amigo y colega, su palabra en este discurso no es el de la silla vacía, es el de la democracia, el de la justicia que está presente, que se defiende con un lenguaje directo y la actitud que él asumió cuando identificó los valores que deben guiar a una justicia amenazada. Te recordaremos siempre porque no representaste a una justicia ciega, autista o temerosa, la defendiste con la firmeza y la prudencia que requiere la tutela de la democracia. Hiciste frente a las fuerzas oscuras que pretenden una justicia postrada y servil. Gracias, muchas gracias, amigo y colega.

 

 


2 Comentarios

  1. Gracias, Don Luis Paulino, por ser luz en medio de la oscuridad.

    “La Constitución asegura la dignidad de los ciudadanos”

    Hermosa frase,que es expresión de vida en democracia.

    Gracias por su comentario y por apreciar el valor de la amistad.

    Dios lo bendiga don Fernando.

  2. Eduardo Zúñiga Fallas

    Bla,bla, bla, cual justicia, ¿la pluticrática? Siguen alabando a aquellos que han mantenido la injusticia enmascarada con la palabra JUSTICIA que sinverguenzada.

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