Información y deformación periodística

La versión “light” del periodismo está presente y muy desparramada por el mundo de los medios de comunicación. Se alimenta en la trivialidad y el sensacionalismo que con tanto afán se cultivan en la sociedad contemporánea. Dicen que ayuda a vender y que aleja los riesgos de la profundización que se requiere para buscar causas de los hechos y la definición crítica que necesariamente acompaña al periodismo formal.

 

Tiene un compañero también desarrollado con lozanía y vigor: el periodismo que informa en demasía y muchas veces con vocación morbosa acerca de los crímenes. A fuer de llenar sus espacios con la nota roja, ha cultivado un afán enfermizo entre muchos hombres y mujeres, viejos y jóvenes, de un nivel socioeconómico y de otro que anteponen cualquier otro afán al de ver, oír y leer notas rojas.

 

Estos contenidos venden y dejan ganancias. Al contrario de lo dicho por un famoso periodista estadounidense, M.H. De Young: “A un gran periódico debe preocuparle la realización de grandes fines, para beneficio del público, en lugar de estar concebido única y exclusivamente como una manera de ganar dinero, para beneficio de los accionistas de la empresa”.

 

Pero también grandes pérdidas. Pérdidas porque se fomentan los anti-valores en la sociedad, se empobrece la calidad cultural del ciudadano y se le distancia del conocimiento de las condiciones sociales, económicas y políticas que le rodean. Esto último, en particular, puede ser de especial interés para los dueños de los medios. Ya lo apuntó otro gran comunicador estadounidense, Grove Patterson: “No hay ningún crimen que se cometa en el periodismo, ni siquiera el de sensacionalismo espeluznante, ni el de inexactitud general, que subvierta más el principio de la prensa libre y que sea más indefendible que el crimen de dar cierta tendencia a las noticias para que se ajusten a la política editorial”.

 

Lamentablemente estas son prácticas habituales, reiteradas afanosamente, en la prensa costarricense.

 

Grave es que esta depravación de la esencia deontológica del periodismo se lleva a cabo desde los ámbitos del patrimonio del Estado: las frecuencias con que opera la televisión y la radio son del Estado. De un Estado que se ha desentendido de la deformada y deformante utilización de sus frecuencias. De unas frecuencias por las que se pagan cánones risibles, que ni en sombra le llegan a las obesas utilidades que su explotación genera.

 

El daño está hecho. Y no va a ser la transmisión de una novela –“El Patrón del Mal”- que recoge capítulos de la vida del capo del narcotráfico Pablo Escobar y que el diputado Luis Fishman pide a gritos que su difusión se ubique en espacios sitos avanzada la noche, lo que va a agravar la calidad del material que deforma en lugar de informar.

 

El daño está hecho: a esta sociedad se le está inyectando la opiácea informativa que le ha reprimido su aptitud crítica y su capacidad de reacción.

 

 


2 Comentarios

  1. CarlosLuis Rojas C.

    Bien dicho, Alvaro.

  2. Isidro Perera Rojas

    Exacto, certero y oportuno análisis de ese periodismo que actualmente se da en Costa Rica. Como no se le pueden pedir peras al olmo, no traigo a cuento nombres ilustres del Periodismo Republicano de Costa Rica, porque actualmente están muy pero muy por rencima del nivel del periodismo actual, sobre todo, en el campo deontolótgico, como bien lo señalas. Hoy lo que priva es el chinamo, el chirriche, el malacrianza, esa cantina a cielo abierto que montan en Palmares. Noticias como las de hoy en la primera página de la que no es nuestra nación, atribuida a un senil y viejo sacerdote. Que importancia tiene frente a otros sucesos en el campo social y político, tan interesadamente ignorados o deformardos. y ese otra fuente de midas, que es ese instrumento estrella de manipulación colectiva que llaman la sele de todos. Te digo que no es la mía, porque recordarás que soy beisbolero, casi desde que aprendí a caminar. Con el afecto de siempre

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