Hacer es el mejor decir

El periodismo de opinión, primo un tanto lejano del de investigación, es un género poco indefinido del periodismo profesional, pero alguna de su presencia en los diarios constituye piezas de análisis, centradas en uno o dos asuntos, que denotan fundamento, es espíritu de indagación y responsabilidad de los autores para con el ámbito en donde desarrollan su trabajo. No se le mira como expresión literaria. Pero se exige el que sea conciso y hasta puntilloso. Un fragmento de eso es la interesante polémica que se ha desatado en Europa: Grecia, Finlandia, Irlanda y España sobre los artículos aparecidos desde el año 2004, sobre diversos asuntos económicos, sociales y políticos, todos relacionados con la crisis que se venía y cómo se aprecia la batalla entre las agencias de prensa o información, oficiales, privadas o corporativas sobre lo que informaron antes, y después, de la crisis financiera a partir del año 2008. Al discurso, un tanto vacío, de los llamados derechos humanos en sus nuevos objetivos: el derecho a la información y al conocimiento, la responsabilidad social, ética y moral, siempre en proceso de construcción, hace que se estructuren nuevas legislaciones, se desempolven antiguas, todas ellas con antecedentes en la historia de la información de los últimos 100 años. En el tejido de la historia, que abarca la educación y la cultura, el rechazo de muchos sectores poderosos a la información conlleva que esta sea sesgada, casi oculta y dependiente de intereses vicarios, pasando por un falso proceso de neutralidad aparente.

 

Cuando uno revisa la célebre cartilla de la educación cívica, de don Ricardo Jiménez, hacia fines del siglo XIX, uno entiende que la educación de la ciudadanía siempre fue una aspiración notable de los hombres de pensamiento, principalmente de liberales. El costo social de la desinformación, a través de los años dio origen, desde principios del siglo veinte, principalmente, con la aparición de los movimientos socialistas y revolucionarios en su ropa, a múltiples leyes conocidas por leyes mordaza, en Costa Rica y en el mundo. En el caso actual se trata de ocultar hechos ocurridos en los ámbitos del Estado, sobre los que se debería tirar una cortina de humo, para evitar filtraciones que denoten que nuestras clases gobernantes están en franco proceso involutivo.

 

Un lugar común que todos conocemos y que, en el caso europeo, se ha dividido en varios nichos con un cierto proceso paritario mundial. La corrupción, que es prioritaria a nivel de Estado, abarca áreas de la sociedad civil, el gobierno, el mundo financiero, la vida personal y pública de los gobernantes, en donde la democracia se diluye entre lo electoral hacia una invisible participación, que también se concretiza en berreos en línea, altisonantes declaraciones, marchitas y caminatas, pero no se ataca en verdad a las raíces del problema en donde el crimen trasnacional está sustentado por una dimensión política, en ese tejido que ya señalamos, y que abarca diversos estratos de la sociedad. La información, el conocimiento, nos han permitido darnos cuenta de los entretelones de esos asuntos, la mayoría denunciados por y en la prensa investigativa, aunque los tribunales declaren inocentes, según ellos, a notables estafadores y perdularios. El poder ha sido penetrado por estas mafias, que como arañas pululan en ambientes no tradicionales para ellos, pero siempre bienvenidas por los que administran el Estado, en sus diferentes vertientes, en donde los grandes patrimonios ilegales no se confiscan, sino que más bien se comparten. Un informe casi confidencial sobre el caso de “El Palidejo”, deja ver el tránsito de grandes cantidades de droga en la Zona Norte de Costa Rica a Nicaragua y de allí para allá arriba, en cantidades que escapan a cualquier dato de imaginación desbordante, aunque su tránsito vaya de mochilas y valijas, hasta pangas disfrazadas de barquitos de pesca, con simpáticas e inocentes mordidas a funcionarios de ambas fronteras.

 

El patrimonio general del narco en Costa Rica debe ser inmenso, de acuerdo con los parámetros que se tienen a mano, sobre todo el flujo de moneda extranjera, los grandes edificios, vacíos algunos, las franquicias de transporte y alijo, los negocios colaterales en la banca, sus propias oficinas de seguridad, el trasiego y hurto de armas, etc. Lo que podríamos llamar prevención social, se da de manera harto original, e inoperante, cuando nos enteramos que el IMAS entregó recursos de becas a 135 mil familias por un total de casi 50 mil millones de colones en subsidios, en un solo caso: programa “Avancemos”, que mitiga una supuesta miseria poblacional, para que no puedan considerarse extremadamente pobres.

 

Queda claro que no es necesario impulsar ninguna propuesta electoral tradicional. Lo que se hace necesario es intervenir el Estado, desmantelar a las bandas gubernamentales que se han apoderado del gobierno: jocosamente en Costa Rica se habla de “La Banda de los Cinco”, cuya gobernanza, para llamarla de alguna manera, pareciera no tener límite en el tiempo, hasta que no sea detenida ipso facto, de la manera que sea.

 

La discusión de todos estos asuntos en la palestra de la prensa, o la virtual, es un asunto de importancia, aunque sea solo seguido por minorías de pensamiento un poco achispado. En la discusión de estos asuntos en Europa, se hace como las labores de auditoría en Costa Rica que siempre ocurren a posterior, cuando los bienes han sido robados hasta lo último, y los bandidos han conseguido un caro y buen abogado que los saque libres. Nadie puede llorar sobre la leche derramada pues resulta ridículo. La prensa, los autores, los lectores, los creadores no necesitan ninguna restricción para recabar información y compartirla con el público.

 

A la euforia inicial viene, luego, el aburrimiento de no haber obtenido éxito en la empresa propuesta. Veamos, nada más, a nuestros deportistas, reinas de belleza, competidores de todo tipo, creadores, que se sienten la cereza del queque, pero que la realidad los envía al suelo de un solo porrazo. Da gusto ver cómo se teje la historia, por una minoría de costarricenses, en sus labores diarias, con la creación de sus empresitas, en ese emprendedurismo Nuevo Tipo, en donde se combina el éxito, razonable, del bienestar económico con el crecimiento espiritual, mental y del conocimiento así para lograr un mejoramiento social.

 

Esta neoorientación de metas y análisis, pareciera ser una constante universal, no a nivel de muchedumbres, sino de pequeños sectores. Nadie puede iniciar una guerra contra la miseria, exclusivamente en términos militares, o de repartir parte de la misma pobreza, como si cayera, como boronas, de la mesa de los que más tienen. Es un asunto de acuerdo político de todos los sectores costarricenses, en una labor integral de políticas de Estado, asunto que todavía no ocurre, ni siquiera en el hacer una cola en una farmacia estatal, un banco o para matricular a un hijo en la educación preescolar. Los programas sociales mitigan, pero no solucionan nada. Solo dan más tiempo para que la situación empeore y siga, la doctrina del eterno retorno, girando sobre sí misma.

 

(La Prensa Libre)

 

 


1 comentario

  1. Walter

    Mejor siga en poesia,que pereza con este refrito.

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