El nuevo libro sobre el General Antonio Maceo, héroe de Baraguá

• Presentación del libro El Código de Maceo. El General Antonio y América Latina, del autor Armando Vargas Araya, publicado por la EUNED. El acto se realizó en el Museo Calderón Guardia, el 5 de diciembre de 2012.

 

Por Marjorie Ross

 

Afortunado el héroe que encuentra reconocimiento y lealtad más allá de las fronteras de su Patria.

 

Pero más dichoso aún aquel que logra despertar, a través del tiempo y del espacio, el respeto y el aprecio de un investigador serio y minucioso, que siga el eco ya tenue de sus pasos, busque incesante sus cartas y documentos, testimonie sus andanzas, y con todo ello reconstruya los sueños del patriota y reclute a muchos otros para darle nuevo brillo a su gesta, más allá de su desaparición física.

 

Y qué suerte la del investigador al que la vida, sin que él se percate, le hace tomar un bebedizo único que le impedirá descansar antes de lograr su cometido de dar a conocer la vida y obras de ese héroe.

 

Ese ha sido el caso de Antonio Maceo y don Armando Vargas Araya, de cuya fascinación por el héroe cubano todos nos beneficiamos.

 

Presentación de la primera edición en Cuba

 

La presentación del El Código de Maceo. El General Antonio y América Latina, que hoy tenemos felizmente en nuestras manos, no comienza esta tarde. Su nacimiento tuvo lugar hace algunos meses en Cuba, en donde se publicó la primera edición.

 

El hecho revistió tanto aprecio y tan alta valoración, que  como testigo no puedo menos que comenzar esta noche narrándoles algunos de los detalles de aquellos días.

 

Fui invitada gentilmente a asistir a ese nacimiento y sucumbí a la tentación de compartir con don Armando y su esposa Marta Guzmán una ocasión tan particular, así como de viajar a un país cuya cultura e idiosincrasia –contenida en la sonora palabra “cubanía” –, han sido uno de mis intereses constantes a lo largo de la vida.

 

No habían transcurrido sino unos minutos a bordo del vuelo directo de TACA a La Habana, un día lunes de este año 2012, cuando comencé a descubrir que había otras actividades relacionadas con Maceo que se entrelazaban con la aparición de la obra de Vargas, que se había editado en tiempo récord en Cuba.

 

En la nave, además de los equipajes, iban también un puñado de tierra nicoyana y dos vasijas de cerámica de Guaitil, que la contendrían al ser posada en la tumba de la educadora rural Elena Castillo Baltodano, esposa del patriota cubano General Flor Crombet, en el cementerio de Santa Ifigenia.

 

Para cumplir ese especial cometido en Santiago de Cuba, viajó en el mismo vuelo una pequeña delegación del Comité de Cultura de Nicoya.

 

También me enteré de que en otro avión llegaría una caja conteniendo el revólver Colt que Maceo entregó a la policía en la noche del atentado contra su vida. y que ciento dieciocho años después sería entregado al gobierno cubano por René y Mauricio Castro Salazar, bisnietos del segundo jefe de policía de San José de aquel entonces, Nazario Castro, cuyos descendientes la habían custodiado como reliquia familiar.

 

Poco después de llegar a la capital cubana, nos acercamos el autor, su esposa, y el pequeño grupo de amigos que lo acompañábamos, a la “Casa de Altos Estudios don Fernando Ortiz”, en la búsqueda de un primer ejemplar de El Código de Maceo, editado por la editorial Imagen Contemporánea, un sello de esa prestigiosa institución.

 

No obstante, el único ejemplar del nuevo libro maceísta que ya circulaba fuera de la imprenta, aunque había estado allí, se encontraba ahora en otras oficinas.

 

Hacia allá caminamos, por angostas calles, guiados por la asistente del Presidente de la Academia de Historia de Cuba, el Dr. Eduardo Torres-Cuevas, distinguido prologuista del libro, y cuyo ejemplar personal, precisamente, estábamos tratando de obtener.

 

Mientras se adelantaba don Armando, ceñido en el empeño de tener en sus manos el ejemplar, los otros nos entretuvimos en ojear los volúmenes usados que se venden en la Plaza de Armas. Allí estaba, con su esposa Gloria Mazariegos, el amigo jurista y editor Gerardo Trejos Salas, fallecido pocos meses después, a quien don Armando ha dedicado con cariño esta nueva edición.

 

Debimos ir aún a la oficina del Dr. Torres Cuevas para que el autor pudiera tener en sus manos el ansiado primer ejemplar de esta obra que hoy presentamos aquí, pero que primero vio la luz en la Cuba de Maceo.

 

Finalmente, don Armando pudo acariciarle el lomo al fruto de sus desvelos.

 

En Santiago de Cuba

 

Pero la historia de  este libro en Cuba apenas comenzaba. Faltaba viajar hasta la bella ciudad de Santiago para participar en una presentación que revistió enorme emotividad, hospitalidad sin límites y un alto aprecio por la obra de nuestro historiador, que ya casi es cubano por la pasión con que ha asumido la investigación de las vidas de sus intelectuales y héroes. No en balde ha llamado a su casa de habitación “Casa Baraguá”.

 

Y ahora vámonos de vuelta a La Habana…

 

Miembro de la Academia de la Historia Cubana

 

Luego habría otra presentación en el aula magna del Convento de San Jerónimo, en donde la Academia de la Historia Cubana tiene su sede, en un acto en el que también Vargas Araya fue incorporado a ella, con toda justicia, como Miembro Correspondiente extranjero.

 

Allí El Código de Maceo, que sirvió como su trabajo de ingreso, fue recibido con intensa emoción y palabras de encomio.

 

La crónica completa de ese viaje se me queda en el tintero, pero no quería dejar de decirles unas palabras acerca del emocionante parto de esta obra.

 

Raíces del pensamiento liberal radical

 

En cuanto al libro propiamente, debo decir que no hay mayor magia que la de un investigador que no desdeña ensuciarse las manos para encontrar documentos, enterrados en el polvo de la memoria colectiva.

 

Y que luego los coloca frente a nuestros ojos bañados por una nueva luz.

 

Como hace notar el Dr. Rodrigo Quesada Monge en su prólogo a la edición tica –ya que esta segunda edición se engalana con dos presentaciones, la del Dr. Torres-Cuevas y la suya–, este libro es la continuación sabia y laboriosa de los trabajos anteriores del autor sobre los héroes de la Guerra de Independencia en Cuba, pero es al mismo tiempo una lectura novedosa de las raíces del pensamiento liberal en América Latina y, de manera especial, en el Caribe y América Central.

 

Vargas Araya nos muestra, al desentrañar las relaciones del General Antonio en la patria grande, como a su vez señala el Dr. Torres Cuevas, “los compromisos surgidos de un ideario común”, y una unión que nace de “la emancipación misma de los pueblos, la igualdad de sus componentes, la libertad de conciencia, la democracia verdadera, el pensamiento laico y libre pensador, la visión de las ciencias y de la economía” con el objetivo de conseguir “la plena realización espiritual y material” de nuestra especie.

 

Maceo: cubano y latinoamericano

 

Muy claro lo tenía ya Vargas Araya diez años antes, cuando para la presentación de su libro Idearium Maceísta, en la Feria del Libro de la Habana en el 2002, acompañado también por el Doctor Gerardo Trejos, adelantaba: “Otro hallazgo significativo es la comprobación indubitable de que Maceo fue a un tiempo conductor cubano y adalid latinoamericano: testimonio fehaciente de que las artes de la paz no son ajenas a la esfera de la gloria. La perdurable presencia continental del Héroe de Baraguá ha sido poco estudiada: en rigor, alguna excepción confirmaría la verdad de que hasta el momento ha sido confinado como sujeto casi exclusivo de la historiografía cubana. Visto que desde la plataforma revolucionaria que para él fue Costa Rica, continuó, entabló y cultivó relaciones políticas con dirigentes de diversas naciones, esta búsqueda histórica ha sido propicia para explorar esa dimensión casi ignorada de su esclarecido quehacer internacionalista”, señaló en aquel momento.

 

La dimensión continental de Maceo

 

Y es que el lector va siendo guiado a través de las páginas de este nuevo libro maceísta, por un tejido que se convierte en el hallazgo de importantes núcleos de pensamiento, compartidos a través de los países a los que se desplazó Antonio Maceo en su incesante trajinar en defensa de la causa cubana.

 

Es la consecuencia del ejercicio exitoso del autor de aplicar a la historia un moderno pensamiento en redes, que supera la anécdota aislada o el hecho solitario.

 

Esta es una de las características más valiosas de la obra, ese ovillo que se va formando con hilos que hasta ahora habían podido aparecer como aislados o independientes, y que la lectura nos va mostrando que se suman en una sola dirección: recuperar la dimensión latinoamericana del General Antonio y, desde allí, darle el lugar que merece a nivel de la historia planetaria.

 

Contenido del libro

 

Esa trama se desarrolla a través de tres capítulos que don Armando ha llamado acertadamente: La campaña de comunicación política por el radicalismo liberalEl atentado de la corona española contra la vida de Maceo; y El pensamiento político del general Antonio, para culminar luego con el texto de El Código de Maceo, ese pionero manual de lucha guerrillera, publicado por el General colombiano Avelino Rosas, quien participó en las guerras de Cuba, y que sintetiza la doctrina maceísta de la guerra irregular. Sistema de guerra de guerrillas que se probó con creces en su efectividad en las de Cuba, donde las unidades guerrilleras estaban bien organizadas y en capacidad de operar solas y ser autónomas. El mejor modelo, dicen varios autores, fue la columna de Maceo de 1.400, que contenía unidades de infantería y caballería, además de unidad médica y de ingeniería, entre otras. Asimismo, fue utilizado por el radicalismo liberal colombiano durante la Guerra de los Mil Días.

 

Si el primer capítulo nos sorprende por la documentación utilizada y las conclusiones que elabora el autor, el segundo no desmerece en ese sentido, y logra, además, alimentar la imaginación del lector en toda la trama del atentado contra Maceo, de una manera casi cinematográfica.

 

Solo para darles una idea de lo que digo, les leeré un párrafo de lo ocurrido posteriormente al atentado:

 

“Los doctores Uribe y Ulloa le practicaron un reconocimiento: presentaba una herida en la espalda, a la altura de la cintura, con orificio de entrada por el costado izquierda, producida por proyectil de arma de fuego, calibre .44, habiéndosele quedado adentro; le aplicaron la sonda y no hallaron la bala, lo iban a sajar, mas no se dejó: —«No me corten más que bastantes heridas tengo, dejen que esa bala se quede en mi cuerpo junto con otras de la guerra». El facultativo colombiano [Uribe] «se constituyó en médico, enfermero y cocinero del prócer, sin dejar que persona alguna tuviese acceso a él, hasta su total restablecimiento. El temor de que pudiese ser envenenado motivó esta consagración».

 

En cuanto al capítulo tercero, El pensamiento político del General Antonio, el autor lo ha tratado con gran rigurosidad, comenzando por el análisis que califica como “el concepto maceísta clave”, esto es, la noción de Patria, o más bien de Matria, según nos dice el autor, “a saber, madre común, independencia absoluta y señorío de la justicia”. Pasando por el humanismo como norte político, hasta llegar a la idea de la equidad, la igualdad y la emancipación de la esclavitud.

 

Maceo universal

 

Termino con un párrafo de Vargas Araya, que por su carácter sintetizador y su cuidado verbo es casi un poema:

 

Hijo de Majaguabo, Maceo pertenece a la provincia de Oriente por su nacimiento, a la patria cubana por su heroicidad emancipadora, al Espacio Circuncaribe por su exilio fecundo, a la América Latina por sus luchas de liberación. Es prócer de la humanidad por las virtudes cívicas que encarnó y vivificó, la justicia y la libertad las primeras”.

 

Ha sido un honor para mí presentarles hoy este nuevo aporte de Armando Vargas al conocimiento de la vida y obras del General Antonio, el varón de ébano de quien habló Darío.

 

(http://www.marjorieross.com)

 

 


2 Comentarios

  1. José Rafael Flores Alvarado

    Felicito a Armando Vargas un escritor prolífico, en especial sobre temas de los héroes de la independencia de Cuba.-

  2. carlos espinoza

    Lei su comentario pero a la verdad no comparto su elocuencia de informarme de sus grande osadias cubanas… es una herida prufunda cuando con lisojerias enganan a un pueblo… soy anticastrista y anhavistaa..no me dibujen en un papel lo q la ignorania hacen sucumbir las eseranzas de libertad de un pueblo … odio los traidores q rasgan vestidos cuando estans en democracia, pero ni a p…van y lo hacen do de esta el criminal… odio los adladores que pinta de colores las penas de un pueblo al igual q las pintan farandulero…
    La gran diferencia entre la la guerra de cuba y la de CR es aqui don Pepe si dejo la libbertad..una historia sin fin que aunq no soy liberacionista,reconozco un hombre q no sucumbio en la teentaion de un despota como casto y chaves…no avalo un lugar en donde hastaara comerte un a tjada de queso amarillodebes pedir permiso…he visto gente llorando amla entrada de un supermercado porq no habia visto tanta comida en anos, gracias al despota de Ortega y sus secuases…no puedo evocar a Bolivar para socabar las libertades…
    Odio los opreores y entre esos estan llos castros de cuba…miraremos a l a venezuela de chaves la mas rica y la mas pobre…no quieroseguir porq me falta tiempo para expresarlos…solo se que en una conferencia alguien decia (en USA) q si los dos eran igual de malos , hablando de la democraia y eltotalitarismo, cual era la diferencia entre ambos?? Ymel orador sereno ante los vituperios del agresor contesto… La diferencia es q cuando en un otalitarismo como cuba se abren las puertas too el mundo quiere sallir, y cuando en una democracia se abren las puertas todo el mundo quiere entrar… verdad de Dios q si….

    Gracis por permitirme estas lineas de prosa…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>