El PAC no se lo merece. Pero la reforma tributaria sí lo amerita

El proyecto de ley que ha empezado a discutirse en la Asamblea Legislativa para una posible reforma tributaria, nació de un acuerdo palaciego entre la Presidenta de la República, doña Laura Chinchilla, y el jefe del principal partido de oposición (el PAC), señor Ottón Solís. He ahí su principal y más grave debilidad, porque este procedimiento podría enajenar el apoyo ciudadano del cual el PAC habría requerido para impulsar una iniciativa de esta naturaleza. En Costa Rica, por razones históricas que nadie debería ignorar, los pactos de cúpulas generan tremenda desconfianza. Esa es hoy una de las anclas que podrían frenar este reforma: esta podría quedar ayuna del apoyo popular que requeriría y ello como resultado de la forma como fue negociada por Solís.

 

La otra ancla se sitúa al interior del partido de la señora Presidenta: el PLN ha sido, a lo largo de los últimos 27 años, portador entusiasta de las tesis del neoliberalismo criollo. Bajo su comando se han llevado adelante la mayor parte de las contrarreformas neoliberales que han conducido al debilitamiento del Estado social de derecho, la polarización social y la transnacionalización de la economía. Para el PAC este no es, ni mucho menos, un compañero de viaje confiable, sobre todo si se trata de impulsar una reforma tributaria progresiva.

 

El PAC —y Solís en lo particular— quisieron impulsar esto aislándose de los otros partidos de oposición y, en general, de la ciudadanía organizada. Al hacerlo, y por el momento, le metieron un gol desde media cancha al PLN, al cual han puesto a respaldar un proyecto que contradice todo su modelo económico impuesto durante más de un cuarto de siglo. Tan solo la Ministra de Comercio Exterior —fiera representante e implacable defensora de los intereses del capital transnacional— parece haberse dado cuenta de los alcances de la espectacular finta del PAC. Pero nada garantiza que alguna otra gente en el PLN eventualmente salga del sopor, y empiece a “repensar” si conviene llevar adelante esta reforma tributaria. Todo depende del éxito que tengan los potentados y plutócratas en hacer llegar su mensaje de conmiseración ante los diputados y diputadas del PLN, a quienes en su momento apoyaron “desinteresadamente” financiándoles su campaña.

 

El PAC arriesga entonces quedar íngrimo y aislado: enfrentado al disgusto de los otros partidos de oposición y el malestar de la ciudadanía crítica, y traicionado por el PLN.

 

Ese sería el peor de los resultados previsibles y, sin embargo, no es un escenario descabellado.

 

Yo, sin embargo, creo que ello debería ser evitado…al menos hasta donde resulte factible. Y para eso solo disponemos de una posibilidad: que los sectores progresistas, presentes tanto en los partidos como en la ciudadanía, tengan hacia el PAC un  gesto de generosidad infinitamente mayor que el que el PAC (y en especial Solís) han tenido jamás a favor de esos movimientos y organizaciones progresistas. Un gesto de generosidad que habría de materializarse en el apoyo a este proyecto de reforma tributaria, dejando de lado el justificado disgusto que provoca todo el manejo político que el PAC (y en especial Solís) han hecho.

 

Es que esta propuesta lo amerita. No es perfecta ni mucho menos y, sin embargo, constituye un avance sustantivo con respecto al estado actual del sistema tributario en Costa Rica, con implicaciones nada despreciables en el modelo de desarrollo actualmente hegemónico.

 

Trataré de explicar en forma sucinta porque afirmo tal cosa.

 

Esta propuesta moderniza en gran medida el sistema tributario de CR y le introduce elementos de progresividad que hace apenas dos semanas resultaba impensable que fueran a ser ni tan siquiera discutidos.

 

La renta mundial y la renta global constituyen un avance sustancial en el camino de generar un sistema tributario progresivo. Se tributará sobre la totalidad de los ingresos en forma conjunta (renta global) y no de forma diferenciada sobre distintos tipos de ingreso. Además, deberá tributarse también sobre ingresos generados fuera de Costa Rica (renta mundial). Ambos mecanismos redundan en una misma consecuencia: los ricos tendrán que tributar como ricos. Así de simple. Su implementación no es fácil, pero entonces procede exigir del Ministerio de Hacienda llevar adelante los esfuerzos que sean necesarios para la modernización de la administración tributaria.

 

Tómese en cuenta, además, el mayor gravamen sobre ingresos superiores a los cuatro millones de colones. Esta es una buena manera de hacer que los grandes beneficiados con el modelo neoliberal —gerentes de bancos privados o de transnacionales de zona franca, para citar un par de ejemplos— contribuyan a la creación de infraestructura o el fortalecimiento de los servicios sociales fundamentales.

 

La posibilidad de gravar las remesas de utilidades por parte de las transnacionales de zona franca constituye un viraje no despreciable en el modelo de desarrollo. Al menos eso las obligará a contribuir en algo al financiamiento de los servicios e infraestructura de las que sacan provecho, y, al mismo tiempo, así se emparejará parcialmente el terreno de los estímulos económicos y las cargas fiscales, hasta ahora desproporcionadamente recargados sobre las empresas nacionales.

 

El aumento del IVA al 14% es ciertamente indeseable, pero en la medida en que se generalice su aplicación podría crear un mecanismo de control cruzado que, apropiadamente gestionado, permitiría controlar con mayor eficacia la evasión del impuesto sobre la renta. Y, por supuesto, habría que ejercer un control implacable sobre la definición y alcances de la canasta básica exenta de ese impuesto.

 

El gravamen incrementado sobre consumo suntuario es una buena señal para avanzar hacia una sociedad más frugal, que asigne con una racionalidad más humanizada (e incluso más ecológica) sus ahorros y sus recursos. Recordemos que Costa Rica sigue siendo un país pobre, donde necesidades sustantivas continúan desatendidas o, en todo caso, mal satisfechas. Tenemos escuelas públicas y dispensarios de salud en mal estado; tantas carreteras y puentes por mejorar; barriadas urbanas marginales en estado deplorable y comunidades campesinas empobrecidas. Por ello nos conviene penalizar el consumo dispendioso y promover formas productivas de asignar el ahorro.

 

Este sería apenas un primer paso, pero un paso bien dado. Sin duda, hay problemas de corrupción y clientelismo (en lo cual el PLN es campeonísimo) como hay ineficiencia innegables. Pero, en fin, si tuviésemos la capacidad de movilizarnos a favor de una reforma tributaria progresiva ¿Por qué no hacerlo para lo que sigue? También hay que hacer la pelea contra esos otros vicios. De otra manera estaremos entregando el Estado social de derecho de Costa Rica a manos de sus enemigos.

 

Estoy de acuerdo: el proceder político del PAC no lo hace merecedor de nuestro apoyo. Pero creo que eso no es aquí lo principal. El interés superior del pueblo de Costa Rica aconseja hacer prevalecer la necesidad de una reforma tributaria que tiene un importante contenido de modernización y progresividad.


1 comentario

  1. José Calvo

    Me parece muy bien que don Luis Paulino censure el procedimiento pero alabe el resultado.