Una conversación con la Presidenta Chinchilla

Tremendo honor: ser recibido en audiencia y conversar con la Presidenta de Costa Rica. Todavía más si la reunión se hace por expresa solicitud de la propia Mandataria.

Al cabo, también resultó un tremendo aprendizaje para conocer de primera mano en qué manos se encuentran hoy día los destinos de Costa Rica.

La señora Chinchilla es afable, respetuosa y cortés. Escucha con atención e incluso procura aplacar los ímpetus de los altos personeros gubernamentales que la acompañan –un vicepresidente, una ministra y un ministro– deseosos (no el tercero, he de decir en justicia) de acallar cualquier propuesta que pudiera divergir de las oficialmente sancionadas.

Uno acude motivado por una preocupación honesta: intentar ofrecer una visión distinta y algunas ideas alternativas que pudieran contribuir a suavizar el golpe de una crisis económica mundial que ha causado considerable daño al pueblo de Costa Rica y la cual podría, todavía más, seguir ocasionando mucho sufrimiento. Y uno imagina que la importantísima interlocutora que, en inusitado gesto de generosidad, promovió la conversación, lo habrá hecho con la disposición de abrir la mente y el ánimo a otras ideas.

Uno intenta hacer ver la severidad y los alcances y profundidad de esa crisis mundial, y el riesgo nada descabellado de que esta se prolongue todavía durante un largo período. Se intenta ilustrar acerca de la amplitud de los impactos que esa crisis ha tenido en Costa Rica, y en relación con el hecho preocupante de que una nueva ronda recesiva a nivel mundial encontrará una economía nacional muy debilitada, una sociedad costarricense aún más inequitativa y un sistema político con estrechísimos márgenes de maniobra. Se intenta avanzar en una exposición sintética y ordenada de tales ideas, pero el esfuerzo resulta infructuoso ya que el vicepresidente y la ministra interrumpen compulsivamente con un afán descalificante muy evidente, poco elegante y nada respetuoso. Es como si temieran que su Presidenta pudiera dudar acerca de algo.

En particular, uno procuraba enfatiza un punto: la crisis mundial asume unas características tales que pone en cuestión –literalmente torpedea– las bases del modelo neoliberal impuesto en Costa Rica a lo largo de los últimos 25 años. Simple: este modelo tiene sus pilares centrales en las exportaciones, el turismo y los flujos de capital extranjero en directa vinculación con Estados Unidos y Europa. Siendo que estos dos centros económicos están sumidos en una crisis de grandes proporciones e incierta evolución, la vinculación –mejor dicho la dependencia– así establecida juega en contra de Costa Rica y exige un replanteamiento a profundidad del modelo.

Aclaro que, en procura de promover un ambiente que, en lo posible, no se viera intoxicado por molestas rebatiñas ideológicas, procuré no utilizar algunos términos que aquí sí menciono: jamás hablé de “modelo neoliberal” (tan solo pronuncié el vaporoso concepto de “modelo” sin más adjetivación). Tampoco cité la polémica noción de “dependencia”. Y no porque no crea que ambos conceptos son apropiados. El caso es que los prejuicios de alguna gente le hace reaccionar ideológicamente frente a algo que, en realidad, comporta una elaboración teórica y conceptual seria y rigurosa.

Vano afán. Igual el vicepresidente y la ministra no podían contener sus tempestuosos ímpetus ideológicos.

Y, sin embargo, cada interrupción, menos que ilustrar acerca de la muy conocida arrogancia de estos estamentos políticos –lo que para el caso es por completo secundario– iba dejando en claro por dónde andan sus prioridades. No es cosa de venir a sorprenderse alrededor de hechos obvios y bien conocidos. Pero no es lo mismo cuando usted lo ve y lo escucha “en vivo y en directo”.

Uno concluye finalmente su exposición, con esa molesta sensación de que se intentó pintar un mural y se terminó con un *collage* mal compuesto, gracias a los continuos tijeretazos que recetaban los personajes que ya mencioné con sus continuas interferencias. Por su parte, y con singular amabilidad, doña Laura hace el cierre asegurando que compartía casi todo lo que le propusimos, y además, asunto aún más importante, que todo eso –o casi, casi todo– ya se está haciendo. Como se sabe, esa es la respuesta estándar en el mundo de la política costarricense. Luego la señora Chinchilla ilustró acerca de tal “acuerdo” con algunos ejemplos. Citaré tres.

Primero, la Presidenta reafirma su preocupación por el tema fiscal y las consecuencias que podrían derivar del creciente endeudamiento público. Lo que ella decía coincidía plenamente con lo que el vicepresidente y la ministra repetían (en tono casi vociferante) y nadita con lo que yo propuse, no obstante lo cual doña Laura –como he dicho– repetía que “estamos de acuerdo”.

Y, sin embargo, y en lo que toca al tema fiscal, me quedó en claro un detalle: que este gobierno ha decidido resucitar el fantasma de la deuda pública (la ministra lo dramatizaba con tonos telenoveleros: “es que no se sabe cuando los inversores vayan a reaccionar” ¡los inversores! Triste que Costa Rica sea conducida bajo tales criterios). Oyendo aquello recordé a Eduardo Lizano y cierta comisión de ex ministros de Hacienda, cuando un decenio atrás solicitaban privatización masiva de empresas públicas para cubrir la deuda pública, porque de otra forma vendría la hecatombe. Bueno, pues el equipo de doña Laura ha desenterrado el fantasma y la Presidenta parece que se lo cree. Y si bien no se habla de privatizaciones, en todo caso este espectro parece ser criterio central a la hora de definir las prioridades gubernamentales.

Segundo, decía doña Laura que, convencido el gobierno del cambio de condiciones que impone la crisis económica, ha querido reorientar la política turística. De lo que se trata ahora es de atraer los turistas “ricos-ricos” –que la crisis no afectó– y olvidarse de las empobrecidas clases medias gringas y europeas. No reparemos en el sesgo ideológico que esto saca a la luz. El caso es que esto podría anunciar la consolidación de un modelo turístico que, en su afán de atraer a gringos y alemanes platudos, profundizará aún más la exclusión de la población costarricense del disfrute de los atractivos turísticos del país.

Tercer ejemplo: como la situación está tan mal en el norte a ambos lados del Atlántico, la Presidenta explica que se busca diversificación mediante la firma de nuevos tratados comerciales.

Ello equivale a “cambiar” el modelo profundizando sus rasgos más problemáticos. O acaso sea la versión oficial del “cambiemos algo pa’ no cambiar nada”.

En realidad, doña Laura vio “acuerdos” donde tan solo hay profundos desacuerdos. Dejémoslo de ese tamaño. Mejor no entrar en especulaciones al respecto.

Resalto un detalle: la Presidenta indicó que veía muy complicadas las posibilidades de llevar adelante procesos de diálogo político, por lo que en su lugar quería buscar el “diálogo social”. Cuidado. No vaya a ser que al dialogar con las expresiones organizadas de la ciudadanía, la Presidenta anuncie la buena nueva de que está de acuerdo en “casi todo”, para enseguida evidenciar que no está de acuerdo “en casi nada”.

Y, en todo caso, si de diálogo social se trata, la señora Chinchilla va a tener que llamar al orden a algunos de sus colaboradores. Una ministra que piensa las políticas públicas en función de una entelequia mitificada llamada “inversores”, o un vicepresidente que expresa total desdén respecto de las organizaciones cívicas que se movilizan en defensa de la Caja (a lo cual hice mención de pasada), no son exactamente el tipo de interlocutores que la ciudadanía querría tener al frente.

Resaltemos lo bueno: la Presidenta es una persona amable y respetuosa, lo cual, sin embargo, no me aclara por qué quiso perder el tiempo conversando con un insignificante profesorcillo como yo.

(http://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com/2011/09/conversacion-con-laura-chinchilla.html)


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