Lula

Luis Inácio Lula da Silva tiene la barba canosa de las imágenes de los santos hispano romanos, que el barroco americano colocó en las iglesias del continente, bajo una luz cenital venida de Dios, para caer serenamente en el rostro de los íconos de escayola y madera y, darles esa luz mística que tanto gustaba a nuestros abuelos. Lula se dejó la barba no se sabe bien si por san Pedro (es *creyente sincrético*) o por Fidel, otro santo de su devoción, al menos eso decía cuando era un obrero militante y luego secretario general del Sindicato metalúrgico de Sao Paulo.

Pero Lula es más que la barba y posiblemente se la dejó como nostalgia (*saudade*) de su papel como dirigente sindical del ABC paulista, que combatía a la dictadura y sufría la amenaza constante de la represión, allá por la década de los setentas. Lula tiene mucho de santo laico, de profeta popular como nos gusta a los latinoamericanos; tradición que viene del iberismo católico de los misioneros portugueses y españoles y, de la impronta caudillista de todos los grandes hombres que dirigieron las nacientes repúblicas americanas. En ese sentido Lula es un líder latinoamericano, no hay duda.

Alguna izquierda lo considera un traidor por haberse alejado del programa y de su retórica clásica, y seguir a su aire una línea heterodoxa. Otros menos exigentes, lo consideran un político pragmático que concertó la voluntad de los empresarios y de la clase obrera brasileña bajo un modelo de país, y seguir de acuerdo con lo anterior una política neoliberal en lo económico y, en lo social, aplicar un enfoque socialdemócrata dirigido a combatir la pobreza centenaria de ese subcontinente.

Y parece que lo logró. Yo quería irlo a ver, no para acariciarle la saya o la barba como hacían los cristianos con san Francisco de Asís, sino para oírlo hablar sobre el programa BECA FAMILIA, el mayor esfuerzo en la historia de Brasil por trasladar renta de la parte rica de la sociedad a la parte más pobre. Oírlo hablar de FUNDEB, una iniciativa estatal que ha garantizado la universalización de la educación universitaria. O saber por su propia boca, cómo hizo para reducir la tasa de pobreza en un 11% del año 2007 respecto del año 2006.

Pensé que vendría a un lugar público –quizás a la Sabana como lo hicieron con Serrat– para hablar frente a miles de ciudadanos que deseaban escucharlo, traído por las universidades públicas del país que le harían luego un justo reconocimiento. Pero me equivoqué. Vino y habló en privado en un distinguido lugar de Escazú, para un selecto público elegido de una lista cerrada, entre los que había autoridades políticas, empresarios extranjeros y nacionales como don Rodrigo y don Oscar Arias –no propiamente obreros metalúrgicos– sobre el tema de la integración y desarrollo económico.

No lo invitaron las universidades del país sino la empresa brasileña OAS, una de las 7 empresas que compiten por la construcción de la carretera de 27 kilómetros, en la parte norte de Costa Rica.

No hace falta ser un experto en matemática para jugar lotería.

Deseo pensar mal de Luis inácio Lula da Silva pero me niego, rotundamente, como se negaban los primeros creyentes americanos a dejar de creer en Dios, pese a los desmanes de ciertos personajes del clero colonial, más inspirados en el amor lúbrico a los bienes terrenales, que a los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola.


1 comentario

  1. tetrabrik

    en el clavo, paul

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