Generación perdida

Nunca ha estado la política tan hipertrofiada de medios, de estudios, de especialistas, de magos, de adivinos como ahora y, sin embargo nadie llega con sus vaticinios hasta el fondo donde su secreto brilla como una perla. Los políticos de la primera mitad del siglo XX costarricense, tenían la capacidad de ver con ojo campesino lo que los técnicos de la política de hoy ni siquiera ven con telescopio.

Y ahora las redes sociales que algunos llaman metafóricamente *la nueva polis*, introducen en la “conversación pública” cuotas enormes de incertidumbre para dejar inane al poder político, que lo que busca es hacerse con su control. Pero ¿quién controla la red? Nadie la controla y todos a la vez. Los esperanzados dicen que es ahí donde se mueven las nuevas formas de la participación política. Otros ven en la red la pata de la mesa que le falta a la democracia parlamentaria, que renquea desde hace tiempo. Tengo menos fe y creo que la red (Facebook, por ejemplo) es un mito más de la postmodernidad, porque si bien amplía los ramales de la expresión, también la satura de banalidades, de discusiones absurdas y de posiciones intolerantes. Cualquiera se inventa un discurso y una causa, y la lanza al caudal de voces incontroladas para ser devorada u olvidada al cabo de un rato, sustituida por una avalancha de información que la sepulta. La red es la “polis” evanescente, donde los temas nacen con la misma velocidad con que mueren. Nada perdura: la obsolescencia es la nueva permanencia.

Con la intención de comprender los secretos del Poder, Napoleón leyó cien veces el *Arte de la Guerra* de Maquiavelo, y entre campañas militares, fugas, derrotas y victorias, pudo arrancarle algo de su secreto a *El Príncipe*, cuyos comentarios atinados demostraban que el corso además de buen militar, sabía latín. Quizás Napoleón acarició el secreto del poder, cuyo núcleo cuasi mágico para un autócrata como él, consistió en obtenerlo y obstinarse en su control durante largas jornadas. Hoy muchos creen saber de todo, y muy pocos en realidad, poquísimos aciertan en un porcentaje por arriba del 30% de las probabilidades, cuando se trata de pronosticar acontecimientos futuros y de gobernar.

Se puede oír un barullo en la sociedad costarricense, un ruido que aumenta su volumen todos los días un poco, mezcla de insatisfacción, de desasosiego, de temor, expresado por la ciudadanía en privado y público, para gestar un cóctel cuya reacción social nos deje a todos desarmados, que lo podrían conformar las víctimas de la violencia criminal, los deudores de las tarjetas de crédito (la burbuja tica), los enfermos que esperan años mientras la enfermedad los devora, los ciudadanos ahogados por el costo de vida que se traga su salario y todavía deben pedir prestado para terminar la quincena, los jóvenes con título y sin trabajo, los jóvenes que no tienen título ni trabajo, agrupados bajo el tinglado del rechazo popular que hoy tiene nombre en el mundo desarrollado: indignados. Indignados hoy, somos todos.

Pero la generación que “dirige” el gobierno de la República, sigue sorda frente a tal rumor, que se ha instalado como malestar permanente y no como manifestación aislada, de unos cuantos nada más, para descalificarlo porque los consideran el producto de la teoría de la conspiración.

Lo peor es estar persuadido de que se tiene vocación política cuando lo que se posee son unas ganas enormes de figurar en un puesto público, sólo para contárselo a la abuela. Piero Rocchini, psicoanalista del Senado italiano durante 20 años, oyó confesiones simpáticas de parte de los *Senatori*. En una de sus consultas, cuando uno de sus pacientes sufría una aguda crisis de angustia, el Doctor Rocchini le preguntó: –*¿Cuál fue el ideal para meterse en la política?* –*Ningún ideal Doctor, lo que quería era colgar la foto como senador en la pared de mi casa*.

El talento político no está en la capacidad de fingir, de posar para las cámaras, en el discurso ensayado hasta la madrugada, en “saber transmitir y comunicar la obra de gobierno”. El talento no se inventa de la noche a la mañana, nadie se lo transfiere a otro por ósmosis, no se le pide al Niño para Navidad. Pero es preciso decir que el animal político corre lejos del dogmático, del inquisidor moral, del fanático incapaz de no tolerar la opinión que no coincide con la de suya. Esos finalmente terminan por complicar las cosas.

Unos dicen que el talento político es una virtud con la que se nace. Yo creo en eso. La crisis de la política tal y como la vivimos es el resultado del autoengaño y de una fuerte dosis de egolatría por parte de una generación persuadida de gobernar porque sí.

–*¿Quién te metió en la política?* –*Yo mismo… se lo prometí a mi mamá*. Crisis de una generación política que sustituye a la otra (¿cuándo se ha ido?). Tras bambalinas y con todo pago, han querido tener el poder sin sufrir su coste, sin debatir, sin exponerse en el plano físico de la política, quizás su faceta más hormonal, la que forja el coraje del político, sin arriesgar nada, sin hacerse un rasguño. Estamos sufriendo las consecuencias de eso.


2 Comentarios

  1. José Calvo

    Estar saturada de banalidades es la caraterística principal de la red social, aunque eso tal vez refleje su caracter participativo, porque banales somos, pero eso es sin duda un defecto grave que la puede inutilizar como esperanza. También es cierto que enfrenta a quienes tienen el poder con un reto nuevo. Hoy leí que en los EEUU hay un debate sobre la inconstitucionalidad de censurarla como hay hecho las autoridades en San Francisco y otros lugares, alegando que que lo hacen para impedir desórdenes sociales. Yo no creo que el porcentaje de acierto en la previsión de asuntos sociales o políticos llegue hoy al 30%

  2. Gustavo Rivera

    La generación perdida de políticos… generación creada y mantenida por una generación dormida. La gente tiene buenas intenciones, pero cree que las cosas no se resuelven porque los que llegan a los puestos públicos “no le ponen ganas” o porque solo andan tras sus propios negocios.

    Mientras tanto nos vamos tragando todas las modos, del espectáculo y de la política: Desde intrusos de la farándula hasta Defensorías de los Habitantes, Salas Constitucionales, marchas de las putas y cuantas novedades aparezcan que siempre serán buenas porque son nuevas….

    Y luego no somos capaces de relacionar el estado de cosas con una manera de ser y de pensar, que solo es coherente en no querer oir hablar de esfuerzo, ni de valores, menos si son tradicionales, y la solidaridad nos llegará hasta que nos asalten….

    Todo pueblo tiene el gobierno que se merece. No hay políticos malos o corruptos que se enseñorean sobre un rebaño de ovejas inocentes e inocuas.

    Nuestro Gobierno es el reflejo de nuestra sociedad y de nuestras opciones…. y bien lo dice Paul, por supuesto las redes sociales solo aceleran la comunicación, pero no cambian las personas.

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