El arte de escuchar

Ottón Solís no es un pac-ista más. Otro dirigente como tantos. Uno más entre muchos. No. Ottón Solís es el fundador; el líder visionario que hace una década convocó a la transparencia y la ética en la función pública como la columna vertebral de la nueva política costarricense; el constructor de una opción política que fue capaz de quebrar para siempre la hegemonía del bipartidismo en nuestro país y el guía de miles de costarricenses que, durante tres campañas consecutivas, le dimos la responsabilidad de llevar la carga –que él estuvo dispuesto a asumir con determinación y energía– de conducir al mayor partido de la oposición frente a las fuerzas más tradicionales del poder en Costa Rica. Por eso sus opiniones no pueden tomarse a la ligera, como si fueran igual a cualesquiera otras. Cuando Ottón Solís habla no hay que oírlo, sino escucharlo. Ottón es un referente; un político experimentado que dice lo que siente y es consecuente con su visión de larga data, sobre asuntos centrales a la vida del país.

Después de la última campaña presidencial, Ottón Solís le dijo al PAC y a Costa Rica que no aspiraría a la Primera Magistratura por una cuarta ocasión consecutiva. Nos dijo que entendía la necesidad de refrescar los liderazgos del partido que él fundó y que tantos otros, modestamente, hemos ayudado a construir. Con madurez y responsabilidad, supo interpretar en ese momento las lecciones aprendidas en tantas jornadas a favor de Costa Rica y comprendió que el tiempo para pasar la antorcha había llegado. Lo dijo bien, lo dijo claro, y no lo ha dejado de decir desde entonces porque la palabra empeñada se respeta: la próxima batalla no la dará él. La dará la persona que, junto a las fuerzas más lúcidas de la colectividad nacional que se han ido conjuntando en diversos ámbitos de la vida política (desde el Directorio Legislativo hasta el más recóndito de los concejos municipales del país), logre construir el liderazgo necesario para alcanzar el poder en el 2014. En el PAC, estamos trabajando fuerte para cumplir esa tarea; para responder a ése complicado desafío.

Nadie que yo conozca en el PAC, quiere abandonar ni debilitar los principios éticos y morales de los cuales el Partido ha hecho una bandera. Por el contrario, ante la degradación de la acción política, frente al clientelismo, la arbitrariedad, la falta de escrúpulos y el desenfado con que algunos funcionarios públicos hacen fiesta con los recursos de todas y todos los costarricenses, el PAC tiene una obligación histórica de reafirmarse como un movimiento ciudadano que exige el más riguroso manejo del poder y de los asuntos de la República. Y para que ello sea creíble, para que nadie dude de nuestro compromiso con esos valores, hay que dar el ejemplo. Nosotros antes que nadie; nosotros primero que todos. En las cosas pequeñas y en las cosas grandes. Porque la tentación no tiene fronteras ni la corrupción sólo unas pocas marcas partidarias.

Pero además de preservar ese “fuego sagrado” de la honradez en la política, el PAC tiene ante sí muchos otros compromisos adoptados de cara al pueblo costarricense que Ottón mismo refrendó. Y para hacerlo eficazmente debemos convertirnos en un movimiento de participación ciudadana capaz de transformar la realidad y mover el carro del progreso nacional en nuevos términos.

El tiempo actual llama a construir convergencias políticas amplias y fecundas, a dialogar y establecer agendas de trabajo con múltiples partidos y fuerzas sociales organizadas, unas más afines que otras, unas más cercanas a nuestros principios y visiones que otras, pero todas inspiradas en recuperar los equilibrios políticos perdidos frente a la hegemonía de sectores que miran primero el interés propio que el bien común.

El tiempo actual llama a proyectar nuestra propuesta legislativa y eventualmente nuestra oferta electoral, utilizando decente y escrupulosamente todos los recursos públicos que sabiamente el Estado ha dispuesto con el propósito de ayudar a la consolidación de su vida democrática. El tiempo actual llama a superar las visiones excluyentes y desconfiadas que ven en el que llega, siempre a un advenedizo o a un oportunista más que una oportunidad de enriquecer al partido con nuevas ideas y talentos insospechados.

El nuevo tiempo es para proponer, para sumar, para hacer. No para dividir, o contemplar. El nuevo tiempo es para sonreír, para ampliar nuestros aleros generosos, para alimentar con optimismo y fe a un pueblo ejemplar y dedicado al que han empobrecido, al que han vilipendiado. No es tiempo para ofender, para ser intolerantes ni para hablar con amargura, porque la palabra eleva pero también destruye. Si queremos gobernar en el 2014, el PAC está obligado a ser más humilde y a convertir su capital moral en una herramienta que, afilada en el mollejón de la realidad, abra brecha en la dura cantera de la Historia nacional.

Dentro de pocos meses, cuando en el seno del Congreso Ciudadano del PAC se discutan las decenas de ponencias que serán la arena, cal y canto con que se construirán nuestros bastiones de cara a la elección del 2014, no deberíamos preguntarnos si la mirada la hemos puesto en el futuro o en el pasado; si hemos sido más pragmáticos o más dogmáticos; si logramos mantenernos “puros” o estamos “contaminados”. Esa sería una pérdida irreparable de tiempo y nos conduciría a un debate infértil. La verdadera pregunta debería ser cuánto de lo que ahí se resuelva le permitirá al pueblo de Costa Rica vivir mejor, ser más feliz, y recuperar la fe en las instituciones de la democracia. Porque finalmente los partidos políticos pluralistas, que como el PAC aspiran a gobernar con excelencia, deberían servir para eso: para promover la búsqueda de más oportunidades para que la gente pueda ejercitar sus talentos con dignidad y con equidad en un contexto de prosperidad y bienestar.

Dicen que gobernar es escoger. Yo digo que gobernar también es discernir y es transigir. La política es el arte de lo real, pero también tiene que ser el arte de mirar más allá de la realidad, potenciando con intuición lo que no se mira a simple vista. Por eso, cuando le doy un abrazo de bienvenida a Ottón también le digo que el PAC que él fundó sigue vital y bien, que crece y que está en buenas manos. Sigue mirando con ilusión a las estrellas más altas, pero con los pies firmemente anclados (quizá como nunca antes en su historia), en la tierra amable de Costa Rica.


1 comentario

  1. Robespierre Sanchez

    Pero qué espera D. Luis Guillermo, que Ottón se vaya del PAC tranquilamente, sin oponer resistencia, sólo porque a algunos se les ocurre que debe haber una trancisión política? Cuando Don Pepe se fue del PLN no lo hizo porque estaba convencido, lo hizo porque lo “fueron”, a Daniel Oduber también lo “fueron”. La transición política es un acto pacífico sólo en apariencia, por debajo se dan las pugnas, los choques y las controversias entre los que se quedan y los que se van…esto es tan difícil de comprender o es que se quiere tapar el sol con un dedo?? Ottón está obsecionado con el poder como lo está Oscar Arias, Hugo Chávez y Fidel Castro…A ninguno de estos caballeros se les invita a dejar el poder…me copia.

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