La inédita e inaudita “jornada laboral acumulativa”

En el cielo jurisprudencial laboral patrio apareció un novedoso astro, apelado “jornada laboral acumulativa”, instituido y acuñado unánimemente por la Sala Segunda en múltiples recientes fallos dictados a propósito de liquidaciones de las llamadas “prestaciones legales” con motivo de la terminación de las relaciones laborales.

Tal primicia, lejos de ser el reflejo de una interpretación “pro operario”, es generadora de notables menoscabos para los trabajadores.

Veamos en qué consiste esa creación pretoriana que se ubica en las antípodas del derecho social.

**Las jornadas laborales según el ordenamiento vigente**. La Carta Magna en su art. 58 admite tres clases de jornadas ordinarias: la diurna, la nocturna y las excepcionales que el legislador, en atención a las singulares prestaciones de servicios pudiese estipular, tales como las mixtas y las que puedan pactarse en prefijadas labores no peligrosas o pesadas hasta en un máximo de 10 horas diarias, a condición de no superar las 48 semanales, según lo estipula el art 139 del Código de Trabajo. Por tal razón ese cuerpo normativo admite “el convenio que con sujeción a los límites legales realicen las partes” (art.133).

No dice el mandato superior, ni la ley que lo precedió, que el juzgador pueda crear jornadas a su albedrío. En esto aplica el consabido principio de “reserva de ley o de legalidad”. Dicho en otras palabras, las fuentes autorizadas para normar las jornadas laborales dentro del marco de la Constitución son exclusivamente la ley o el lícito acuerdo entre los interlocutores sociales, no la libérrima ponderación de los jueces.

**Una gestión legislativa**. La jornada acumulativa -que no está regulada en el país, aunque se practique mediando el indispensable y explícito pacto obrero-patronal-, pretendió tener carta de ciudadanía en nuestro ordenamiento mediante el proyecto de ley contemplado en el expediente legislativo Nº 15.161, de 2003, que proponía modificar el artículo 136 del Código de Trabajo; proyecto que fue rechazado legislativamente, tal como se puede consultar en el “Boletín de prensa de la Asamblea Legislativa” del martes 28 de febrero de 2006 (www.asamblea.go.cr/actual/boletin/2006/feb06/28feb06):

“La Comisión Permanente de Asuntos Sociales rechazó el proyecto de ley, expediente 15161, que permitía dos reformas excepcionales a la jornada laboral… La reforma además regulaba el tema de la jornada acumulativa semanal que se da en la práctica, pero cuya utilización no está normada…”

La novísima jornada laboral acumulativa engendrada por la Sala II. “Se entiende por jornada acumulativa semanal” -dicen ahora los altos jueces de lo social-, “cuando las horas de trabajo del día sábado (si el día de descanso corresponde al domingo), se distribuyen en los otros días de la semana, con el propósito de no trabajar el sábado, la cual sería legítima siempre y cuando se ajuste a las limitaciones impuestas por el artículo 136, párrafo segundo, del Código de Trabajo…, a condición de que el trabajo semanal no exceda de las cuarenta y ocho horas”. Considerando III, (Res: 2010-000237. El paréntesis es del original).

Con base en tales premisas “entendió” ese alto tribunal que, cuando el salario es semanal, para efectos del cálculo del resarcimiento por terminación de la relación laboral debe dividirse su monto aritméticamente entre 6 y no entre 5, pese a que se haya pactado, mediante ley profesional una jornada semanal de 5 días, y menor a las 48 horas. El monto del ahorro patronal indemnizatorio equivale, entonces, al de una jornada semanal común correspondiente al período base del cálculo.

**El resbalón forense**. El error judicial radica en la confusión del concepto de la jornada disminuida con la acumulativa. Esta última distribuye convencionalmente las 48 horas semanales en cinco días para no laborar el sábado, mientras que la disminuida es la que no rebasa las 48 horas semanales, aunque se le adicione unos minutos diarios a la jornada diaria por así haberse estipulado expresamente en una convención colectiva, conforme lo permiten los artículos constitucionales y legales precitados.

Además, en las decenas de antecedentes antes señalados -todos concernientes al Banco Crédito Agrícola de Cartago-, reglamentariamente dicha entidad estableció 2 días mínimos de descanso semanal para sus servidores, por lo que, inapelablemente, no es concebible ninguna peripatética acumulación.

Dispone el Código de Trabajo: “Son hábiles para el trabajo, todos los días del año, excepto los feriados y los días de descanso semanal existentes por disposición legal o convenio entre las partes”. Como se observa, la tal acumulación no se trata de la simple superación diaria constituida por exiguas migajas horarias -45 minutos diarios para el caso que nos ocupa-, sino de un número de horas suficientes y necesarias para tener por laborado el sexto día, a saber, la totalidad de las 48 horas semanales; pero, eso sí, pactadas necesaria y explícitamente como jornada acrecentada.

En resumen: el que convencionalmente se reduzca la jornada semanal, para luego sorpresivamente imputarla en sede judicial como acumulativa, lesiona ingratamente inmaculados principios del derecho laboral como el protector y su regla de la norma más favorable, aparte de las normas y principios legales antes indicados, que son sus consecuentes, éticas, justas y sabias manifestaciones.


1 comentario

  1. Carlos H. Meoño S.

    Muy acertada tu columna. A los agentes de seguros la Sala nos rechazó la relación laboral con el INS.

    Esto está politizado.

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