El país de doña Edine

Después de leer el artículo que la diputada Edine von Herold me dedica, se me ilumina el entendimiento y veo con claridad que doña Edine y yo no vivimos en el mismo país.

Todos sabíamos que la desigualdad creciente en Costa Rica había creado dos mundos: el de los poderosos y el de los demás. Pero no me imaginaba que el país de los poderosos fuera tan distinto al nuestro. El país de doña Edine no tiene nuestros tremendos problemas ambientales ni sus ríos son cloacas. Tampoco se dará en ese país la minería a cielo abierto. Seguramente porque en el país de doña Edine hay una Sala Constitucional que toma decisiones ambientales guiándose por las opiniones de los científicos y las aspiraciones de salud de las comunidades. En mi país en cambio no es seguro que la Sala Constitucional escuche la razón cuando están de por medio otros intereses.

En el país de doña Edine hay referendos democráticos. En mi país, un alto personaje del poder ejecutivo y otro del poder legislativo describieron impunemente en un triste memorando las tácticas y estrategias antidemocráticas a implementar para ganar un referendo. En el país de doña Edine tal cosa nunca se escribió, jamás, ¡si el país de doña Edine es un ejemplo para el mundo! En mi país no sólo se escribieron y describieron esas medidas antidemocráticas sino que se aplicaron y funcionaron con la total complacencia del tribunal electoral.

En el país de doña Edine hay libertad de prensa. En el mío, no. Porque si doña Edine piensa que los que escribimos con una actitud crítica podemos decir lo que realmente hay que decir, es muy ingenua. En mi país, él o la que dice lo que realmente hay que decir acaba como Parmenio Medina: muerto.

Doña Edine dice que en su país el poder político está equilibrado. En mi país, en cambio, el poder político se parece mucho a lo que narra la novela *Yo soy la autoridad política superior*:

*Desde este puesto me he ido enterando de cómo funciona el mundo de compromisos de Salvador Áureo. En primera instancia, cartas de recomendación, becas y subsidios; en segundo término, la concesión de contratos millonarios con el estado y préstamos de la banca estatal -nunca de sus propias empresas financieras-, esto, si se tiene la dicha de ser un empresario amigo: después viene el ofrecimiento de puestos públicos. Como consecuencia, aparecen las deudas: enormes compromisos a favor de Salvador Áureo, imposibles de saldar. En eso estriba la autoridad de su enorme poder invisible: convertir en servidumbre a los que siempre dirán sí a cambio de sus favores.*

Doña Edine se burla de mis desvelos. A ella no la desvela el narcotráfico como *modus vivendi* ni el manoseo de las instituciones como *modus operandi*. Parece que doña Edine no sabe latín o los considera métodos y modos democráticos. Hace unos días leí en el periódico que un pequeño país centroamericano dice ser el más feliz del mundo porque es “ecológico”. Ese país no puede ser Costa Rica, donde las áreas de conservación están en ruinas y a punto de ser privatizadas para lucro de empresas y particulares y donde acusan a los ecologistas ante los tribunales por defender la naturaleza. ¿Habrá alguna relación entre ese país “ecológico” que no es Costa Rica y el país de doña Edine? Para terminar, quiero decir que mi país es el de Sardinal, el de Crucitas, el de Alcides Parajeles; el que describe la Defensora de los Habitantes:

*Comprendiendo el impacto que tendría nuestro informe, pedí luz a mi Dios, pedí sabiduría, y tomé una decisión. Asumo las consecuencias de ella, celebro la independencia que tuvimos como institución y como jerarca para tomarla. El castigo por esa decisión: el aislamiento de los medios de comunicación por un tiempo largo, la atomización de nuestra legitimidad y la credibilidad por parte de los sectores que se sintieron afectados, el ataque personal, la burla, la descalificación.*

Burla, descalificación, aislamiento de parte de los medios, atomización de la legitimidad. Muy, muy democrático.


2 Comentarios

  1. Jorge Crespo Berdecio

    No entiendo como Ana Cristina gasta su tiempo en responder criticamente a esta pediatra arrogante y dura. Solo había que experimentar el trato de Frau von Herold en el Seguro Social para preguntarse por los misteriosos méritos que la hicieron acreedora de una curul. Para mí, fue una sorpresa verla en la lista de diputados del Salvador Aúreo. Misterio que se fue disipando conforme avanzaba la actual administración de clientes, padrinazgos y amiguismos

  2. Celso Gómez R.

    ¿Cómo, existe una diputada llamada Edine?, Doña Anacristina debe haberse equivocado, pues esa diputada debe estar en algún congreso de algún país del planeta “Reebock”.

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