¿Esclavos de las circunstancias?

Una nación es una comunidad producto de la cooperación en busca del interés común. También lo será de su historia, sus tradiciones, los diversos grupos humanos que la componen, las instituciones que construye, y que son consecuencia de la actividad pasada y presente de ese grupo. Vivir en comunidad, es una de las necesidades de los seres humanos para satisfacer las insuficiencias que no se podrían solventar viviendo solos.

Las diversas ventajas que gozamos quienes hoy vivimos en Costa Rica, son los frutos del trabajo de nuestros abuelos. Asimismo lo son las desgracias que sufrimos como consecuencia de muchos errores.

El progreso y bienestar que se inicia a partir del momento en el que se establecen las instituciones democráticas, forman parte también, de la historia del pueblo costarricense; resultado de una escogencia meditada, donde el ser humano fue visto no sólo en su aspecto material, sino de manera multidimensional, es decir, en su vida individual y social, con sus temores, pasiones, su capacidad de sacrificio y de solidaridad, sus deseos de poder, anhelo de justicia, sus aspiraciones culturales y convicciones ideológicas.

El futuro de los costarricenses dependerá de las escogencias y decisiones que tomemos en este crucial momento. Los ciudadanos debemos con seriedad examinar si existe una alternativa más generosa, solidaria y justa, que la que heredamos.

Los costarricenses deseamos una evolución al progreso. Una que tome en cuenta nuestro carácter nacional y nuestra historia; no sólo las circunstancias inmediatas que parecen persuadir a algunos políticos a realizar cambios bruscos, que para nuestra sociedad son extraños y riñen con la vida apacible y solidaria que hemos tenido.

Anhelamos que se den los cambios debidos para detener la corrupción, las profundas distancias sociales, la inseguridad, la miseria y la injusticia. Pero adaptando las soluciones a nuestras equivocaciones concretas. Actuando con la convicción de que esos problemas no están predestinados a repetirse de generación en generación, como algunos creen. Solo así, podremos evitar la reproducción automática de los privilegios de pocos y las desventuras de muchos.

Sí, nuestro país desea y necesita urgente un gran debate sobre el rumbo de la nación. Pero yo me pregunto: ¿será eso posible?… Porque parece que hay momentos en que no podemos ser dueños de la libertad de decidir nuestro destino social, sino más bien esclavos de las circunstancias que nos aprisionan y de unos pocos compatriotas que acaparan las decisiones. Por momentos, los costarricenses sentimos desaliento y abandonamos la lucha. Pero eso es caer en la indiferencia, dejando a los gobernados a merced de sus gobernantes.

Nuestra sociedad debe organizarse a partir de una sola premisa: la del ser humano para el ser humano. Así vendrá la unificación progresiva que facilita el ejercicio de la equidad y la justicia; así viviremos en una sociedad, NO uniformada o explotada sino solidaria y unificada en busca del bienestar general.


1 comentario

  1. José Calvo Fajardo

    Magnífico artículo, porque reconoce que sí tenemos defectos, que nuestras virtudes son admirables, que la corrección de los defectos es una actividad de toda la sociedad y que no estamos de acuerdo con el análisis ni con las soluciones que proponen quienes “acaparan las soluciones”. Como ha dicho doña Marlyn en su artículo anterior citando a Montesquieu, “No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y con el color de la justicia”. Pero yo siento que la posición de doña Marlyn es ahora compartida por todos los que se oponen al TLC porque lo ven como una imposición equivocada.