La Costa Rica que anhelo

• Palabras en la presentación del primer informe de avance del Proyecto País La Vía Costarricense. Teatro Espressivo, Pinares de Curridabat, 26 de noviembre de 2012.

 

En 10 minutos largos, me propongo: (1) evocar el origen y el sentido de La Vía Costarricense, (2) abogar por la restauración de nuestro carácter individual o común, y (3) sugerir una insignia para la nueva Costa Rica en curso de ideación. Hablo como ciudadano libre, no adscrito a ideología, movimiento, partido o secta alguna –ni siquiera pertenezco a la Junta Directiva o al Consejo Consultivo del Proyecto País–.

 

 

Apasionado por mi patria, luego de laborar profesionalmente durante una década en el Reino Unido y en Estados Unidos, retorné en el 2001 poseído por el propósito de extractar los atributos del ser costarricense y de escudriñar el método ancestral de encarar nuestro destino colectivo. Así llegué a las siguientes reflexiones, en procura de las raíces del porvenir.

 

¿Qué es La Vía Costarricense?

 

Es una herramienta conceptual dinámica para desarrollar pensamiento político específico y útil; identificar, sumar y remozar elementos de nuestra personalidad común, única e insustituible; desatar las potencias productivas, despertar las fuerzas creativas, espolear las energías de la juventud, enrumbar el destino nacional más alto y más lejos. Es epítome autónomo y autóctono de fortalezas y de valores, de método y de contenido para aventajar el pasado, superar el estancamiento y construir el futuro.

 

Sus valores son, en primerísimo lugar, la luminosa trilogía de la libertad, la justicia y la paz. El desarrollo centrado en la persona, como elevación de un plano menos humano a una condición más humana. La producción eficiente y creciente, exógena y endógena, que genere empleo de calidad. La abundancia y la redistribución de la riqueza a través de la educación, la salud, la vivienda y la infraestructura.

 

Las virtudes que sostienen el carácter nacional son la laboriosidad, la moderación y la confianza de cada uno en sí mismo. Además, la compasión, la tolerancia y la utopía. La solidaridad que libere de la necesidad y del temor. La frugalidad que postergue lo superfluo y privilegie lo austero. Digo que es un humanismo cívico.

 

Es un método ecléctico, ajeno a soluciones extremas, que concilia doctrinas de diversos sistemas. Pragmático pues encuentra la verdad en la eficacia y el valor para la vida. Dialéctico por su capacidad de síntesis. Abierto porque lo examina todo y retiene lo bueno. Método que permite pensar con cabeza propia y construir consensos nacionales.

 

Su contenido es republicano y democrático, reformista y progresista. Equidistante del estatismo desmedido y del capitalismo a ultranza, propugna un régimen de economía mixta auténtico. Propone un desarrollo que no se realice a expensas de la mayoría, que los diantres del lucro no avasallen la ética de la democracia liberal.

 

La Vía Costarricense es hechura no de un caudillo, de un partido, de una ideología o de una etapa histórica sino quintaesencia de los ritmos, las formas y los tiempos de la costarriqueñidad. Cada civilización es un orden, es una cadencia, es una vivencia del tiempo, el oro de la experiencia que amontona la batalla de los siglos.

 

Lógicamente, me complace que el Proyecto País adoptara el título de La Vía Costarricense.

 

 

El diseño y la realización del Renacimiento Costarricense, requieren un material humano revitalizado. En amargos años recientes, emprendedores, políticos y tecnócratas, orlados con diplomas de las más prestigiosas universidades de América y Europa, han caído por debilidades del carácter. La cabeza llena de números y teorías, el corazón carente de esa brújula moral que orienta en la vida: la angurria crematística que ciega el imperativo ético. Si aspiramos a rehacer el país, debemos cambiar nosotros mismos.

 

Justo y necesario es trabajar en la formación del carácter de la niñez y la juventud. Desde mediados de la centuria anterior, la escuela ha sido más transmisora de conocimientos que forjadora de caracteres. Comprobado está que el carácter es el destino de la persona. Creo que los padres han de retomar esta obligación con urgencia. La tarea es demasiado importante para dejarla en manos ajenas.

 

El carácter de la persona esculpido con las virtudes, grabadas como hábito en el alma por el verbo y por el ejemplo de los mayores. Fe, esperanza y caridad arraigadas en las convicciones cristianas. Prudencia, justicia, fortaleza y templanza asentadas en la tradición filosófica. El cultivo constante del bien, la verdad y la belleza. Antes que el bien-estar, debemos vigorizar el bien-ser.

 

El carácter del ciudadano sustentado en las virtudes cívicas. Altruismo, cortesía y respeto, indispensables para la convivencia democrática. Patriotismo, honor y valor, imprescindibles para la concordia republicana. En nuestra sociedad, no hay derechos sin deberes. Los buenos ciudadanos hacen los buenos gobiernos, no a la inversa.

 

En Quizarrá de Pérez Zeledón moró por largos años un científico que estudió la vida de las aves y meditó con profundidad sobre el sentido de la existencia. Alexander Skutch nos legó una filosofía costarricense, auténtico tesoro por descubrir. Cuatro de sus obras merecen consideración en el afán de ahondar y enriquecer la identidad nacional: La búsqueda de lo divino, Los orígenes de la belleza natural, Fundamentos morales: una introducción a la ética, y El ascenso de la vida. Es una filosofía de la armonía con la madre naturaleza y con la fraternidad humana.

 

La estela del desarrollo en nuestro territorio –emplazado entre continentes y océanos–, semeja la trayectoria de una flecha lanzada al espacio, que prosigue hacia arriba y adelante. El hombre llegó aquí unos 10.000 años antes de la era actual. Vale decir, si los 12 milenios de presencia humana en nuestro suelo se comprimieran en un día, el europeo habría arribado en la última hora. Nuestros antepasados vivieron dichosos, en comunión con su ecosistema.

 

 

El costarricense universal que es el escultor Jorge Jiménez Deredia, me condujo a repensar la génesis de nuestra identidad, a partir de las esferas de piedra hechas con sus propias manos por los borucas. Poco sabemos sobre aquellas 300 000 almas que poblaban el Pacífico Sur, antes de que el genocidio de la conquista segase la vida de nuestros ancestros. Los primeros globos pétreos se registran en el altiplano central a inicios del siglo pasado, pero hace 70 años eclosionaron las más de 300 esferas, casi perfectas, en la planicie aluvial del Diquís; se encuentran, asimismo, desde el valle intermontano de Pejibaye y desde Jacó hacia el sureste. La arqueología mundial no conoce otro caso de concepto abstracto materializado cientos de veces en bolas de piedra. Su fabricación refleja un alto nivel de desarrollo tecnológico por la destreza en la talla, el manejo de volúmenes variados y el dominio técnico sobre los materiales.

 

Al otro lado del orbe terráqueo, el filósofo Peter Sloterdijk ha producido en Alemania una trilogía sobre esferología: una visión de la humanidad desde la esfera, símbolo de eternidad, divinidad y paz, de plenitud, equidad y perfección. Su pensamiento gira alrededor de la morfología de las relaciones de las personas con sus iguales y con su entorno: estamos o somos en burbujas, esferas, incubadoras, invernaderos, donde el hombre se construye, se protege y cambia. La vida humana se organiza con base en las relaciones, la identidad personal anclada en sus espacios íntimos, sus casas, sus ciudades y sus espacios metafísicos e imaginarios. Focalizarse en la esfera es abordar los espacios comunes en los que el hombre se mueve porque “la experiencia del espacio siempre es la experiencia primaria del existir. […] Vivir es crear esferas […], o como mínimo díadas”, por ejemplo, placenta-feto, madre-hijo, esposo-esposa, ciudadano-Estado. Desde la concepción, la persona siempre está creando construcciones científicas, ideológicas y religiosas a su alrededor, como una forma de “recrear su original caverna confortable y protectora”. En esto consiste nuestro estar-en-el-mundo: “Habitamos siempre un espacio íntimo, una intimidad compartida”. Dichas construcciones o burbujas no son únicamente diádicas, según Sloterdijk también son triádicas o multipolares. La filosofía de las esferas es la búsqueda del espacio que habitamos y que habita en nosotros, es describir los espacios íntimos en los que anidamos. […] La esfera ha de considerarse como una manifestación energética, para no decir de poder: con ella alcanza el pensar del ser su forma mayestática”.

 

Propongo a los directores, consultores y patrocinadores del Proyecto País que adopten la esfera de piedra boruca como emblema de la Costa Rica en devenir; que apoyen la gestión ante la UNESCO para declarar patrimonio común de la humanidad nuestras esferas de piedra; que promuevan el apoyo popular a la iniciativa parlamentaria para la declaratoria de las esferas indígenas precolombinas como símbolo patrio. Además, que se aproximen al trabajo intelectual de la maestra María Amoretti, quien reelabora una interpretación de la identidad costarricense y latinoamericana engendrada por las esferas de piedra; y, si no es mucho pedir, que inviten a Peter Sloterdijk a conocer la planicie del Diquís y a exponer en San José su filosofía de la esfera.

 

 

Al concluir, agradezco la atención de ustedes y esta invitación del Proyecto País. Cierro con una breve narración de don José Figueres. Cuando Tatica Dios creó el mundo, se sorprendió porque unos ángeles le llegaron a decir que un puñitico de gente quedó olvidada en la repartición de dominios, por lo cual decidió darles un pedacito de cielo por tierra. Ese es el país ideal que anhelo para nuestros hijos y nuestros nietos, el renacimiento de la Costa Rica que vendrá.

 

 

Referencias

 

Jenkins Dobles, Eduardo. Soneto a las virtudes. San José: Editorial Costa Rica, 1970.

 

Quintanilla, Ifigenia. Esferas precolombinas de Costa Rica / Pre-Columbian spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos Banco Central de Costa Rica, 2007.

 

Skutch, Alexander. El ascenso de la vida. San José: Editorial Costa Rica, 1991.

 

Skutch, Alexander. Fundamentos morales: una introducción a la ética. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004.

 

Skutch, Alexander. Origins of nature’s beauty. Austin: University of Texas Press, 1992.

 

Skutch, Alexander. The Quest of the Divine: an inquiry into the source and goal of morality and religión. Boston: Meador Pub. Co., 1956.

 

Sloterdijk, Peter. Esferas I. Burbujas: microsferología. Madrid: Siruela, 2003.

 

Sloterdijk, Peter. Esferas II. Globos: macrosferología. 2ª ed. Madrid: Siruela, 2011.

 

Sloterdijk, Peter. Esferas III. Espumas: esferología plural. Madrid: Siruela, 2006.

 

Vargas Araya, Armando. La Vía Costarricense: volver al futuro y reencontrar el camino de la prosperidad, la equidad y la dicha. San José: EUNED, 2005.

 

Vargas Araya, Armando. Perfiles de patriotismo en La Vía Costarricense. San José: EUNED, 2010.

 

Vargas Villalobos, Laura y Ma Carmen González Torres. “La revitalización de la Educación del Carácter en el ámbito psicoeducativo actual: aportaciones desde las ciencias de la Prevención y la Psicología Positiva”, Electronic Journal of Research in Educational Psychology, 7(3), 1379-4118, 2009 (nº 19), ISSN: 16062095.

 

 

 


1 comentario

  1. Carlos Alberto Solís Blanco

    GOBIERNO DE FACTO
    Corría el año 1994, (no preciso la fecha exacta) pero recién estaba asumiendo la Presidencia de la República don José María y él gentilmente invitó a la Casa Presidencial a la Dirigencia de Upanacional para conversar de temas agropecuarios. Aprovechando la oportunidad –y en carácter personal – me atreví a plantearle al señor Presidente que , dada la ingobernabilidad que ya se hacía sentir en el país y que era de esperar se incrementaría, tenía la convicción que él era la persona indicada para poner un alto en el camino y plantear las reformas requeridas por cuanto había ganado las elecciones con el respaldo mayoritario y contundente de ciudadanos, que era hijo del Caudillo y que por lo tanto su apellido tenía un peso específico y que, como ningún costarricense lo hacía tener una fuerza política incuestionable para promover y realizar los cambios necesarios y en forma extraordinaria seguro que contaría con un amplio apoyo de la ciudadanía. Mi propuesta fue que asumiera el gobierno “de facto” por 18 meses como hizo su padre después de la revolución del 48, clausurando la Asamblea Legislativa y procediendo a gobernar por decreto.
    La reacción de don José María fue de una sonrisa un tanto burlona (que no se me olvidará).
    Han pasado 18 años y hoy don José María nos plantea “Via Costarricenese” y su tesis de que “El sistema político no se va a reformar por sí solo, eso solo se puede hacer desde la sociedad civil organizada.”
    Ojalá que se pueda realizar esta transformación mediante este mecanismo, – cosa que pongo en duda – , pero en todo caso, ofrezco mi apoyo y humilde participación en este esfuerzo por esta VIA.
    “Para verdades, el tiempo”
    Carlos Alberto Solís Blanco
    Fundador de UPANACIONAL