Sobre “La Vía Costarricense”

Por Luis Guillermo Solís Rivera, precandidato presidencial PAC

 

La “vía costarricense” es la denominación más afortunada que se ha logrado para caracterizar un conjunto de procesos sociales, económicos y políticos que han tenido lugar en nuestro país desde la época de la independencia y que se han reflejado en una institucionalidad particular que nos ha diferenciado de otros países de América Latina.  Estos procesos e instituciones constituyen por lo tanto un patrimonio común de nuestro pueblo del que nadie debe apropiarse con fines político-electorales.

 

Resultaría equivocado pensar en la “vía costarricense”, al menos en  su definición más contemporánea que es la analizada por pensadores políticos como Rodolfo Cerdas o comunicadores como Armando Vargas Araya como un concepto “técnico”, desprovisto de principios y valores propios del amplio “centro progresista” que ha marcado la pauta a la política nacional.  En efecto, la “vía costarricense” ha sido una visión  de desarrollo socialmente inclusivo, en el cual se rescata y defiende el bien común como eje articulador de la comunidad democrática; se admite al Estado como agente activo de la gestión económica y responsable de tutelar la justa distribución de la riqueza; se reconoce la importancia de la conservación y uso responsable de los recursos naturales para beneficio de la gente; y se promueve la participación ciudadana por medio de la provisión de servicios públicos -universales y solidarios- en materia de salud, educación, vivienda, agua potable y telecomunicaciones. Es decir, de un modelo de organización política que, en su fase más  reciente, está estrechamente ligado a la idea del Estado de Bienestar y sus instituciones más emblemáticas. Instituciones las cuales se encuentran hoy en peligro, han sido efectivamente socavadas y debilitadas o bien han desaparecido como resultado de las políticas de privatización, apertura y desregulación prevalecientes a lo largo de las últimas dos décadas, incluyendo algunas impulsadas por el gobierno de don José María  entre 1994 y 1998.

 

Pero en tercer lugar y más importante que todo lo anterior, la “vía costarricense” desde Juan Mora Fernández a esta parte, ha sido resultado, principalmente, de la capacidad nacional para trascender el pragmatismo, el cortoplacismo, la corrupción y esa otra característica que compartimos con muchos otros países latinoamericanos que es la construcción de sociedades desiguales y fragmentadas, violentas, políticamente inestables y sometidas a la hegemonía de una única potencia regional o mundial. Por eso es queLa “vía costarricense” no puede ni debe verse como una mera convocatoria sectorial para replantearse una “agenda de desarrollo” que no altera los desequilibrios que hoy excluyen del desarrollo a miles de hogares de nuestro país.

 

Mi mayor crítica al “Plan País” por lo tanto no radica en su eventual contenido (que en estos momentos ni siquiera se conoce pues tan sólo se han esbozado sus perfiles más generales), sino en su esencia.  Más que una propuesta que se afinca en y potencia la “vía costarricense”, es un intento de colocar bajo esa “denominación de origen” un conjunto desordenado de demandas individuales que serán procesadas por una maquinaria tecnocrática bien aceitada pero políticamente inepta y autista al clamor de los nuevos tiempos sociales en el país.

 

Frente a ello, estoy convencido que el camino que debemos recorrer como país debe ser hacia horizontes de mayor justicia, prosperidad y felicidad. Ese camino solo lo podremos construir sobre la base de un vigoroso y efectivo diálogo social como el que no h existido en más de dos décadas. Un diálogo social sincero, que ayude a restablecer los vínculos de confianza de una comunidad nacional cuarteada por la corrupción, el desaliento ciudadano y las estrategias clientelares.

 

Un diálogo social verdadero, que nos permita restituir la visión de país y reestablecer las prioridades nacionales en función de las necesidades de la mayoría de la población.

 

Un diálogo orientado a obtener resultados: que mejore la gestión de los servicios públicos y establezca una rendición de cuenta efectiva sobre el manejo de los recursos del Estado y que permita –literalmente- salvar  a nuestras instituciones más queridas y en particular a la Caja Costarricense del Seguro Social.

 

Un diálogo que fortalezca a la economía social, a la micro, pequeña y medianas empresas, colocando el acento en las estrategias de fomento productivo capaces de revigorizar al mercado interno, y sea capaz de generar empleo decente para todas y todos pero especialmente para las mujeres y la juventud.

 

Un diálogo social que impulse una democratización de la sociedad de la información y el conocimiento y promueva un desarrollo respetuoso con la naturaleza, basado en crecientes inversiones en, innovación y desarrollo sostenible.

 

No debemos dejarnos embaucar ni debemos dejar que se apropien de lo que es nuestro. La vía costarricense no es el nombre de un blog, ni un sello político de un precandidato. Es el camino que ha seguido nuestro pueblo a lo largo de su historia y que le ha permitido un desarrollo con sentido propio, basado en la confianza en sus potencialidades y capacidades. Es un camino que hemos perdido en las últimas décadas y que tenemos que recuperar sin demora.


3 Comentarios

  1. Carlos Luis Villalobos Muñoz

    Estoy totalmente de alcuerdo con el acertado artículo de don Luis Guillermo. Como partidario del PAC tengo que suscribir en todos sus términos las apreciaciones que él plantea ya que con respeto pero con firmeza, plantea la tradición centrista del pueblo costarricense y desenmascara la artimaña que hay detrás de la propuesta de don José María. No pueden los costarricenses aceptar semejante maniobra, ya que la misma sólo tiene fines electorales y pretende darle una dádiva al pueblo a cambio de que éste caiga en las trampas que tradicionalmente el Partido Liberación Nacional le ha tendido al electorado.

  2. Carlos A. Abarca Vásquez

    Estimado Luis Guillermo.
    Estimado Luis Guillermo.
    Comparto su planteamiento sobre la singularidad de la historia política de Costa Rica. Al señalar los años 80 como punto de ruptura con los mejores legados de nuestros fundamentos institucionales, invitas a discernir otros momentos de inflexión que trastornaron logros sustantivos de la sociedad nacional. Rodrigo Facio consideró que los liberales habían cometido un gran error al no haber fundado partidos políticos. Uno podría pensar en los socialdemócratas de los años 40-50 que tuvieron el control de la Junta de Gobierno y cometieron el gran yerro histórico que avalaron los asambleístas de la Constituyente, de proscribir al Partido Vanguardia Popular; con la consecuente ilegalización de la CTCR y el debilitamiento de organizaciones ciudadanas que florecieron desde las luchas contra la dictadura de los Tinoco.

    Otro error fue enrumbar la educación, el funcionamiento de los ministerios y de las nuevas instituciones públicas con menosprecio por el genio organizativo de la inteligencia nacional y de los liberales ilustrados, porque las nuevas pautas se delinearon en las Agencias Políticas Internacionales. En fin, se cultivó con pasión el enfrentamiento ideológico, más que las discrepancias de pensamiento estimulantes de otras posibilidades de futuro.

    Aprecio su invitación al diálogo porque es genuina, reflexiva y distante de toda pose electorera. Yo incluiría dialogar también sobre algunos hechos y procesos nada demócraticos del pasado y el presente político. Porque es difícil que la venta de imágenes de candidatos logre revertir la idea de “la mala hora” de nuestra actualidad política. Es poco probable que los contrincantes de sus aspiraciones ofrezcan a sus seguidores algún ideal de sociedad y de Estado que permita a los ciudadanos revivir creencias, organizaciones y esperanzas, otrora forjadoras de “la vía costarricense”. Saludos

  3. Casilda Sancho Barrantes

    Estoy de acuerdo y avalo este artículo de Luis Guillermo. Con qué autoridad moral José María Figueres se cree el salvador del país con una porpuesta que lo que pretende es que las y los costarricenses le sirvamos en plato las soluciones a tanta corrupción y despilfarro que han hecho y hacen los de su propio parido?
    Cuando no se camina hacia adelante, se retrocede, pero la esperanza es lo que no podemos perder, hay que seguir intentando para hacer posible, una Costa Rica que recupere el camino de la justicia, la democracia real y la
    confianza.

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