Olvidos

Por Fernando Durán Ayanegui

 

Dos noticias desigualmente destacadas, que no guardan relación entre sí, podrían en su conjunto ser tomadas como prueba de que la memoria colectiva es tan efímera como el aroma nocturno de los nardos, o como el indicador de que ninguna fuerza civilizadora alcanzará a erradicar las más torcidas y viscerales tendencias humanas.

 

La primera, la condena al silencio del juez español Barltasar Garzón, no nos llegó, debemos confesarlo, como sorpresa, porque siempre tuvimos la sensación de que las llamadas transiciones -las primaveras- hacia la democracia vienen a ser un arriesgado patinaje sobre la superficie quebradiza de viejas instituciones, solamente congeladas y prestas a entrar en cualquier momento en un proceso de resurrección. En medio de este pesimismo, el juez Garzón nos parecía un fenómeno inexplicable pero alentador, una anomalía esperanzadora pero desprovista de carta de supervivencia dentro de una cultura lastrada por la fatalidad medievalizante, forzosamente eclesial y retrógrada. Y pensamos, en este punto, no solo en la España peninsular sino también, y sobre todo, en esa España cultural que es Hispanoamérica: puede que la “letra escarlata” que ha llevado a Garzón a una pira sin chamusquina pero igualmente letal haya sido el nombre de Augusto Pinochet que, en la otra orilla del Atlántico, la Iberia reaccionaria trastocó instintivamente en el de Francisco Franco.

 

La segunda, aparentemente más lejana, bastante ignorada por la prensa occidental y no por ello menos inquietante, cuenta de un pelotón de elite del ejército de Estados Unidos que se hizo fotografiar, orgullosamente dotado de toda la parafernalia bélica marca Rambo que tan cerca de la invulnerabilidad pone a los combatientes millonarios de nuestra época, debajo de una bandera de la primera potencia militar del mundo, lo cual no debe resultar insultante para ningún espíritu puesto que desde la antiguedad es válido hacer ostentación de la enseña bajo la cual se cambate por pasión o por la paga. Lo que sí resulta grave, lo que adquiere la connotación de ofensa de lesa humanidad, es el hecho de que, al de las barras y las estrellas, los gallardos soldados hubieran anexado, con casi idéntico despliegue, un estandarte de las SS, las tropas de asalto del nazismo, de tan siniestra memoria. Reporta la prensa que la alta oficialidad de las fuerzas armadas norteamericanas explicó que los “muchachos” desplegaron el logotipo de los gerentes del Holocausto por pura ignorancia, creyendo que se trataba de un símbolo de los Boy Scouts. ¿No es como para sentirse tan solo a dos pasos del abismo?

 

(La Nación)


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>