La cosa nostra y el ‘mobbing’
Publicado por Jose Calvo en feb 10, 2012 en Articulos | 0 comentariosLas sociedades tienen lacras ocultas que solo se pueden empezar a sanar haciéndolas públicas y notorias. Y ese es el caso con el mobbing, que ha empezado a comentarse en varias artículos de periódico, como el que publicó el semanario Universidad en Noviembre, o como “El Mobbing, una Mezquindad del Alma Humana”, que publicó en La Prensa Libre el doctor Rogelio Arce Barrantes, quien lo sufrió en carne propia cuando trabajó en la Caja, donde según nos cuenta, el mal es rampante. El doctor Arce expone otro problema relacionado con el mobbing: el hecho de que a las mismas víctimas les da pena denunciarlo. El artículo de Noviembre en el semanario Universidad mencionaba que combatirlo es un calvario para las víctimas, y que a menudo estas arruinan por eso su carrera. Pero no hay mas remedio que reconocer un pecado si uno quiere enmendarlo, porque mientras no se confiese se puede seguir practicando impunemente.
La característica más desagradable del mobbing es que se trata de un ataque en gavilla. Es una forma de crimen organizado, como el de la mafia. De hecho, leyendo La Cosa Nostra del inglés John Dikie (2004, Hodder and Stougthon) me doy cuenta de varios paralelismos.
El primero es que se niega la existencia del delito aunque todo el mundo lo conoce, como en Sicilia , y en Italia entera, se niega la existencia misma de la mafia mientras que todo el mundo la teme. El crimen organizado de la Cosa Nostra proporciona a los políticos la supuesta ventaja de poder eliminar a sus enemigos (como sus enemigos a ellos) y la de amañar elecciones. A los mafiosos les proporciona impunidad. .
El segundo paralelismo es que el crimen organizado se practica también en gavilla, y es muy diferente del acoso sexual que es el delito de un individuo, o del bullying, que es el ataque de un niño matón a sus compañeros, generalmente de escuela; y que tampoco reconoce nuestra sociedad aunque lo tienen que sufrir nuestros niños. . La señora Irigoyen, una autora francesa, dice en su libro sobre el mobbing que generalmente lo practican dos jefes juntos y sus empleados en contra de una persona que no quieren en su grupo. Esto es la gavilla. Y también dice ella que el problema de llevar el delincuente ante los tribunales es que estos demandan pruebas fehacientes, que no las hay en el mobbing, como tampoco en los crímenes de la mafia.
El nombre mobbing es como en algunas sociedades se llama al delito ( aquí no es delito y para perseguirlo hay que buscar algún otro lugar en el código del trabajo) Y ese nombre lo aplicó por primera vez Konrad Lorenz (Lionel Tiger, Men in Groups, Granada Publishing Limited, 1972) a la conducta de los animales sociales que hacen gavilla para atacar a un enemigo; el ataque es pues en grupo y es contra un individuo que parece amenazar al grupo por su mayor capacidad, como dice la señora Irigoyen.. Esto lo hace un delito diferente al acoso sexual que generalmente practica un hombre contra una mujer, o que el bullying, que practica un niño matón contra sus compañeros mas débiles. Pero el mobbing comparte la cobardía con los oros delitos de agresión; y la supera porque es siempre varios contra uno.
El tercero paralelismo con la mafia es entonces que los tribunales no admiten las pruebas porque no son evidentes como las de otros delitos. No hay un smoking gun, como dicen los gringos. En Italia no se aceptaban las pruebas porque según los jueces simbióticos no se podía confiar en el testimonio de un delincuente, hasta que el juez Falcone probó que el testimonio de los desertores de la mafia era verdadero: el público en general estaba demasiado atemorizado para declarar, y la única forma de poder procesar a un mafioso era con el testimonio de sus compañeros arrepentidos (los pentiti). De hecho, la negativa a aceptar el testimonio de los pentiti era parte de la simbiosis estrecha que había o que hay todavía en Italia entre la mafia y el estado. Giulio Andreotti que fuera primer ministro durante 7 periodos, era un mafioso al que no se pudo condenar, por prescripción o porque no, y al juez Falcone lo asesinó la mafia cuando el estado dio amplias señales de que lo había abandonado, poniendo a un tipo sin experiencia en el lugar que le tocaba, lo cual es otro paralelismo: se trata de un mecanismo de ascenso profesional como nos dice en su articulo el doctor Arce Barrantes.
Se excusa el mobbing generalmente confundiéndolo con alguna violación del principio de autoridad, o todavía peor, se piensa que abusar de sus subordinados es un derecho del jefe O se confunde la queja de mobbing con la incapacidad de aguantar la presión que se requiere en algunos trabajos. Pero hay siempre diferencias flagrantes para aquel que las quiera ver; como lo mencioné en el caso de mobbing que sufrió mi esposa, donde la jefe le hizo acusaciones de ineptitud que se pueden descartar con solo ver las bitácoras del lugar, que no se quisieron mostrar porque con patente mala intención se declararon documentos privados. De modo que pruebas si las hay, si se las busca, pero las instituciones tienen departamentos legales anti acoso que mas bien lo promueven, pues casi siempre toman mas bien la defensa del acusado..
Pareciera de lógica elemental que si existe un delito en el cual no se pueden presentar las pruebas tradicionales de procedimiento, habría que cambiar de procedimiento, como habría que cambiarlo cuando la tecnología permitiera cometer un delito sin dejar las huellas tradicionales que se presentan como pruebas. Igual que pareciera de lógica elemental que si el avance de la ciencia permite elaborar una prueba que no existía, como pasa con la detección de la mentira, el establecimiento jurídico tendría que aceptar la prueba nueva. Además de que se puede hacer un perfil del acosador como han hecho los sicólogos el de los highjackers o secuestradores de aviones; y mas fácil: a la exjefa de mi esposa la describen en el lugar de trabajo como “un bicho”. Y hay personas “coyotas” como parece haberlas muy comúnmente en Sicilia.
Pero no vayamos a las pruebas inadmisibles para un establecimiento excesivamente conservador que no se moderniza, hablemos de la mera existencia de una ley para castigar el mobbing, una ley que nosotros no tenemos Como el mobbing se empieza a denunciar aquí, y como todos los países del Primer Mundo reconocen el delito como algo muy grave y han escrito leyes para combatirlo, es de esperar que los países del Tercer Mundo los imiten y que nosotros tengamos pronto una ley contra este delito repugnante y costoso, por la selección de los peores, o digamos por la eliminación casi automática de los mejores, como lo documenta la señora Irigoyen.
Por la experiencia con el doctor Falcone y la cosa nostra, y por la que narra el doctor Arce en su artículo sobre mobbing en la Caja, pongamos entonces como cuarto punto de pralelismo el hecho de que el mobbing puede bien ser un estilo de escalamiento profesional aceptado, mediante el cual se elimina de la competencia a un colega que puede ser el mas capacitado para ascender; y así también ganan puntos con un jefe acosador que quiere agredir al acosado y agradece y recompensa la colaboración. Que todas estas ventajas sean a costa de la integridad y aun de la vida del acosado no parece preocuparles nada. Ni tampoco a la sociedad donde ese delito se practica con impunidad; como la nuestra. Puede ser que el mobbing proporcione un sistema consagrado de ascenso profesional; y que eliminando a los mas capaces seleccione a lo malos.. Me parece que esto es una medida real de la famosa sensibilidad social de que tanto nos ufanábamos y ahora hemos abandonado.
