Enfoque

Hace 10 años, el 3 de febrero de 2002, Abel Pacheco ganó las elecciones presidenciales. Como no logró el 40%, ahí mismo quedó convocada una segunda ronda electoral entre él y Rolando Araya, el candidato liberacionista que en los últimos días logró rebasar a Ottón Solís, del entonces novel PAC. “¡Segunda ronda!” tituló La Nación. Diez años y más de dos gobiernos atrás, ya era evidente el resquebrajamiento del bipartidismo: el partido ganador (PUSC) estaba dividido; el PLN en crisis interna; el PAC y el Libertario, caras nuevas, captaban apoyos, pero no lograban desplazar a los viejos partidos; y un abstencionismo electoral del 30% que ya no cedió nunca más.

 

 

Tres mil seiscientos días después, aquí estamos, en una situación paradójica: el país cambió en estos años –¡y cómo!– , pero políticamente quedamos congelados. Lo que era sigue siendo, pero más desgastado y endeble. El PUSC colapsó (quizá la única novedad), el PLN simplemente aguzó destrezas como maquinaria electoral, pero siguió en su particular limbo ideológico; el PAC y el Libertario envejecieron prematuramente; sin haber concretado la promesa de renovar la política, son hoy parte del viejo orden. Cuando se escriba la historia de inicios del siglo XX, el historiador dirá: En esos años ni lo viejo colapsó ni lo nuevo irrumpió: asediada por escándalos, la política costarricense simplemente languideció.

 

 

¿Por qué la historia política costarricense entró en una meseta estéril que parece extenderse en el horizonte? Creo que hay toda una generación de líderes potenciales que ha renunciado a la participación política. Hoy tienen entre 40 y 60 años y han preferido dedicarse a otras cosas: son científicos, empresarios, líderes ambientales, intelectuales y profesionales destacados. Individualistas y bien preparados, le huyeron a la política como el gato evita el agua. Como en política los vacíos se llenan, todo un contingente de poca monta se adueñó de muchos puestos en los partidos políticos y en la conducción del aparato público. La mayoría de ellos no tendría el menor chance si los otros se hubiesen decidido, pero lo que a unos les faltó en visión y voluntad, a otros le sobró en agallas.

 

 

El problema es que a la hora de los proyectos colectivos y de satisfacer necesidades sociales, no hay sustituto para la política. Muchos dicen que en Costa Rica la política le ha fallado a la sociedad. No deja esto de ser cierto, pero creo que el problema principal es otro: en estos últimos diez años, la sociedad le falló a la política; la abandonamos a su suerte y quedó pasto de los intereses especiales. Hoy es indispensable recuperar la política para la gente. ¿Perderemos también la próxima década?

 

(La Nación)


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