Pifias: su doble fondo

El conflicto por la invasión del ejército sandinista al territorio nacional adquiere caracteres de ópera bufa, en sus pifias y dobles fondos, humedal incluido, más la locura mediática, en ambos países, principalmente la televisión: el espectáculo debe continuar, repitiendo escenas y declaraciones hasta la náusea, buscando puntos de conflicto verbal, y visual, para captar incautos.

Pareciera en caso de Costa Rica tiene una tónica diferente, a la de las pretéritas turbas, azuzadas por el Frente Sandinista, estudiantes y militantes bullangueros, coreando, convertidos ya en masas, casi mínimas, las consignas de los políticos trasmutados en empresarios usurpadores, reviviendo los momentos horrendos de los años noventa.

En Costa Rica la campaña de la bandera, como símbolo, ha sido también el fallo más grande de quienes buscaron detonar sentimientos casi patrióticos, rozando la patriotería. Solo por un asunto meridiano: todos sabemos que la zona de la llamada Isla Calero es nuestra, como lo son los otros sitios limítrofes, tan codiciados por algunos. La bandera nacional, al menos en nuestro país, es cima de gloria y la llevamos todos definida en el cerebro, y nos sirve para múltiples ocasiones, aún cuando los cantantes extranjeros se arropen con ella, para lograr despertar sentimientos que ya la voz no lo permite, en esos conciertos, hasta cuatro por mes, que pasan a engrosar las deudas de las famosas tarjetas de crédito, al borde del colapso.

Los costarricenses que piensan saber que este tipo de conflictos se arreglan en foros internacionales, por medio de la diplomacia, o por el respeto que merece nuestro país en el conjunto de las naciones y por más bizarras que suelen ser las declaraciones de nuestros embajadores, todo se habría detenido si se le hubiera hecho caso a la carta del señor Viceministro de Relaciones Exteriores Lic. Carlos Roverssi, cuando se anticipó a todo, enviando una misiva que fue luego diluida en los ingenuos contactos con la oligarquía sandinista, casi dándoles permiso para dragar el río San Juan, sin tomar en cuenta cualquier posible daño para nuestro país.

Múltiples causas se han planteado en secreto, o a voces, en el origen de los problemas que se extienden. Algunos tan dispares que parecen hilarantes y otros, tan serios, que toman el sentido de albures de un juego sobre humedales. Está claro que, para que haya desarrollo en la zona, se debe trabajar en conjunto, como se planteó desde los lejanos días de 1824, cuando se definieron algunos aspectos de los límites, todo en medio de los conflictos entre León, Granada y Rivas, en cuanto a su desarrollo institucional, político, comercial y hasta de pertenencia geográfica. Los Archivos Nacionales, y su revista, desde los años 30 lograron rescatar documentos que complementaron los trabajos del Marqués de Peralta, don León y don Ricardo Fernández, don Pedro Pérez Zeledón y otros ilustres costarricenses sobre el tema, que parece seguir siendo idéntico a esta altura de nuestra historia.

Pifias o rumores, en Nicaragua y Costa Rica. El que nuestro Ministerio de Trabajo, de manera lógica y natural, buscara incorporar a trabajadores nacionales para que se dedicaran a laborar en lo que hacen los nicaragüenses. Nada de malo en el asunto. Costa Rica es, en nuestra gran área Metropolitana, la ciudad más grande de Nicaragua: unos 800 mil ciudadanos de ese país conviven con nosotros y hemos absorbido a esa migración económica sin problemas horrorosos, como quisieran algunos, y mes a mes, día a día, ellos mandan remesas a su país, ganado ese dinero con el sudor de su cuerpo, pagados muchas veces de manera irregular, por parte nuestra, sin que siquiera se sonrojen los patrones.

Pifias perversas, mares de fondo, ingenuamente planeados por algunos empresarios de Nicaragua. Sobre la interpretación de las palabras “objetos de comercio”, aplicados ahora al turismo, por parte nuestra, y debe decirse que no son empresarios costarricenses los que han cometido los errores: han sido compañías extranjeras que buscan hacer turismo en la zona, como lo hacen desde hace mucho tiempo.

Y un tema álgido: el narcotráfico en la zona, de la parte costarricense y la nicaragüense, aunque muchas veces se intente taparlo con un dedo. Vía de tránsito para pangas y embarcaciones, eduardoños, que distribuyen la droga en ambos países, con pequeños enclaves en ambos lados. Haciendas con largo historial en la política de ocultarlo todo, por los réditos económicos que produce el narco en la zona. Competencia entre los minicarteles, por ejemplo, a “los tarzanes” se les atribuyen casi 40 ajustes de cuentas, movimientos diurnos y nocturnos fluyendo hacia los dos países, en una tierra de nadie, policiacamente hablando, que puede ser fuente de conflictos internacionales.

Todos sabemos que Nicaragua tiene el dominio y sumo imperio sobre el río San Juan y que existe una ley en ese país, de 1917, que prohíbe que extranjeros o compañías anónimas puedan comprar tierra, propiedad de Nicaragua, con menos de 5 kilómetros de distancia de la frontera, comprendiendo que la industria turística, del lado costarricense, es una especie de filón de oro para el desarrollo de la región, lo que molesta sumamente a ciertos funcionarios nicaragüenses, debido a que, muchas veces, algunas empresas nacionales, generalmente propiedad de extranjeros, elaboran mapas, no oficiales, en donde se tiene al río San Juan como parte completa de nuestro país.

Los problemas limítrofes entre ambas naciones, ya lo planteamos en un movido documental para la televisión europea, vienen desde 1527, cuando se crearon los territorios de Veragua, Castilla del Oro y Nicaragua, luego las disputas hegemónicas de los conquistadores y colonizadores, generalmente familias, que crearon líneas divisorias, a veces imaginarias, otras no tanto.

No deben ser tan odiosos, los problemas y las pifias, mutuas, cuando no se han cerrado fronteras, no han existido cacerías de hermanos, ni los camiones respondían a nuestra paranoia. Dejemos, entonces, que los Murillo-Ortega, que no son el pueblo de Nicaragua, se enfrenten a la opinión pública internacional y que su desgracia, y sus enemigos, los tienen en su propio territorio, según lo afirmó el Oráculo de Cocibolca, en su último presagio. Del cual no los salvan, siquiera, la presencia del excardenal, casi momificado, con que el cual acostumbran decorar sus apariciones y balbuceos, públicos y privados.

El resto es el futuro. Lo dicen los mapas, los laudos y la historia.

(*La Prensa Libre*)


1 comentario

  1. José Rafael Flores Alvarado

    Excelente relato Alfonso.-