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Enfoque

Jorge Vargas Cullel | 3 de Junio 2010

Nos agobia la politiquita: la malograda trama del aumento salarial de los diputados; la de los nombramientos fallidos o en entredicho; la pequeña historia de los policías que, pese a órdenes superiores, se apretaban un gallo pinto en el cuartel, en vez de patrullar las calles. Son pequeñas cosas, ninguna realmente sustancial, que, sin embargo, suman para definir un clima político raro: el de una semisalida en falso del nuevo gobierno. Habrá más de uno en Zapote buscando un botón para revertir el tiempo, volver al 8 de mayo para así comenzar de manera diferente.

No ha sido un inicio auspicioso. En el mundo ideal, un nuevo gobierno define sus objetivos y aprovecha la luna de miel para impulsar vigorosamente sus prioridades. En el mundo real de Tiquicia, la politiquita embarrialó la cancha y ’ ¡chupulún!, el Gobierno se pegó resbalón y sentonazo, sin haber dicho ni mu sobre nada importante. Quizá lo único positivo de esa serie de eventos baladíes fue dejar claro la complejidad política del país: el fraccionamiento del partido gobernante por la rebelión (todavía sorda) de los barones del PLN, empeñados en flexionar sus músculos frente a una Presidenta que no es la líder más fuerte de su partido, y las tensiones internas en su principal aliado, el Movimiento Libertario. O sea, una potencial mejenga.

Sé, por supuesto, que siempre está el margen de lo imprevisible; esos meteoritos que aparecen de repente y complican la vida. Por ejemplo, un derrame petrolero, catástrofe ambiental en el golfo de México, y un asalto de tropas israelíes a barcos que se dirigían a la franja de Gaza, un desastre político, amenazan con descarrilar el gobierno de Obama en Estados Unidos. Ninguno de estos eventos fue provocado por él y, sin embargo, hoy le carcomen el piso. No es el caso en Costa Rica; aquí no hubo meteoritos. El Gobierno se metió solito en problemas y salió golpeado.

La politiquita acabó en dos tacacazos con la luna de miel. Sin embargo, la cosa tampoco es dramática. No es que la nueva administración perdiera las muelas, tuvo un mal primer round, punto. Ahora le toca tomar con fuerza la iniciativa, sino empezará a sufrir y queda mucho rato como para andar en eso. Requiere bajar pronto sus cartas en asuntos claves, como la reforma fiscal, la gestión ambiental o la seguridad ciudadana, colocar esos asuntos como los disparadores de su acción política.

A su favor tiene el viento de cola de la recuperación económica. Eso sí, debe enfrentar con destreza un dilema adicional: en varios temas estratégicos, la alianza con el Libertario no le sirve de mucho. Necesitará buscar otros socios. Delicada maniobra esa la de compartir cama entre tanta gente.

(La Nación)

Jorge Vargas Cullel | 3 de Junio 2010

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