Elecciones 2010: un debate indispensable
Publicado por Luis Paulino Vargas Solis en feb 9, 2010 en Articulos | 3 comentariosLamento inmensamente no haberme equivocado cuando anticipé, en artÃculos escritos hace algunos dÃas, que la coalición electoral de tres partidos, realizada a última hora, no tenÃa futuro alguno. Hoy la Costa Rica polÃticamente consciente y crÃtica se duele con amargura del resultado de las elecciones. El triunfo aplastante de las derechas y del oscurantismo religioso; los tristes resultados obtenidos por el PAC; la manifiesta imposibilidad del Frente Amplio para posicionarse como una fuerza polÃtica de peso nacional. Y, sin embargo, nada de esto deberÃa sorprender. Es algo que estaba escrito en el devenir polÃtico del perÃodo posterior al referendo de octubre 2007. De nada sirve hoy llorar sobre la leche derramada. La realidad está ahà y tan solo queda una cosa: enfrentarla de la mejor forma posible.
Es obligatorio trascender las lamentaciones. Ojalá podamos también superar algunas trabas en nuestra forma de razonar que tiende a limitar gravemente nuestra capacidad para la crÃtica racional. Me refiero, entre otras, a la tendencia -tan usual en las izquierdas- al razonamiento principista y abstracto (que deviene agudamente descalificante por parte de algunos sectores), como también el refugiarse en tesis conspirativas que tienen un efecto tranquilizante -justo porque ofrecen una respuesta simple, geométrica y lineal- pero que son engañosas pues tan solo enmascaran las complejidades de la realidad entre manos. Esas son trampas metodológicas que, sugiero, debemos evitar. Lo acontecido este 7 de febrero deberÃa ser asumido como una lección y un aprendizaje a partir de lo cual volver a construir. Pero, a su vez, ello demanda un esfuerzo por analizar la realidad con auténtico sentido crÃtico, es decir, sin concesiones ni maquillajes, incluyendo una buena dosis de autocrÃtica. He ahÃ, a su vez, una postura epistemológica que deberÃamos observar con meticulosidad.
Propongo, para empezar, un recuento de hechos. Seguramente no será completo. Refleja, además, énfasis que me son propios, y que no necesariamente otras personas comparten. También hay de por medio un esfuerzo de interpretación que es debatible. Pero, a fin de cuentas, justo de eso se trata: hay que empezar por debatir y analizar lo acontecido y hacerlo sobre bases crÃticas y racionales. Si no somos capaces de tal cosa, tampoco lograremos aclarar estas tinieblas que hoy nos rodean y difÃcilmente podremos generar en el futuro respuestas mejores que las muy lamentables que hemos visto emerger durante el reciente proceso electoral.
**Parto de una premisa** que me parece muy básica, y que intento sustentar a lo largo de este artÃculo: la de que, más que un triunfo de las derechas, esta ha sido una derrota auto infligida del progresismo polÃtico nacional. En adelante, hablaré de progresismo considerando que es un término más amplio que podrÃa incluir a quienes prefieren autodenominarse de centro.
He aquà ese recuento que les propongo:
• En perspectiva, el desenlace en las elecciones de 2006 y en el referendo de 2007, daban para pensar en la existencia de una importante fuerza polÃtica de oposición al neoliberalismo, que, a lo más, solo en parte era de izquierda, la cual tendÃa a confluir alrededor de ciertas tesis progresistas básicas. La significación que esa fuerza alcanzó, se realza a la luz de las condiciones tan desventajosas bajo las cuales se enfrentaron ambos procesos -en especial el del referendo-, más aún al considerar las irregularidades que en ambos casos se dieron.
• El PAC y SolÃs atrajeron hacia sà el respaldo de esa fuerza socio-polÃtica progresista en las elecciones de 2006, pero no necesariamente porque se percibiese que ese partido representaba satisfactoriamente sus aspiraciones. En realidad, el PAC ha sido como al modo de un mÃnimo común denominador que, ante la amenaza neoliberal -y en especial la amenaza del arismo-, terminaba por ganarse adherencias que, de otra forma, habrÃan buscado un destino diferente. Creo que el comportamiento electoral observado ratifica tal cosa: el porcentaje de quienes se reconocen a sà mismos como seguidores o militantes del PAC resulta ser, consistentemente, tan solo una fracción de quienes finalmente votan por el PAC, siendo notable el hecho de que este partido crece justo en las últimas semanas y dÃa antes de las elecciones. Es en ese momento cuando, no teniendo otra salida atractiva a mano, el progresismo nacional se moviliza y activa a favor de la única opción que -aunque limitadamente- asume y representa algunas de sus aspiraciones y preocupaciones fundamentales.
• El proceso del referendo sobre el TLC tuvo caracterÃsticas muy distintas de las propias de un torneo electoral. Superó ampliamente los lÃmites de lo partidario y dio lugar a novÃsimas formas de organización y participación. Nunca como entonces el progresismo nacional debatió y disintió con respeto, dialogó en búsqueda de acuerdos y trabajó y cooperó construyendo alternativas organizacionales y nuevas formulaciones ideológicas. Es indudablemente cierto que el TLC introducÃa un factor coagulante -quizá irrepetible- que facilitaba establecer acuerdos. Pero también es verdad que en el proceso creció y se diversificó un tejido organizacional que, en principio, podrÃa haber sobrevivido -al menos en una parte significativa- más allá de la coyuntura TLC.
• La derrota en el referendo provocó desmoralización y retraimiento y, por lo tanto, ocasionó una desmovilización relativa. También alimentó algunos de los comportamientos autodestructivos que, bajo ciertas circunstancias, tienden a aflorar en el progresismo nacional, sobre todo en algunos de los segmentos situados más a la izquierda, en este caso en la forma de una andanada de ácidas recriminaciones. A fin de cuentas, falló el debate racional en procura de dilucidar las causas de lo acontecido, y arrestos para, entonces, enfrentar la realidad generando respuestas novedosas. Eso es lo que no deberÃamos dejar que se repita con motivo del lamentable resultado electoral que en este momento tenemos entre manos.
• La posibilidad de construir una amplia unidad socio-polÃtica de oposición al neoliberalismo aportaba el criterio fundamental desde el cual construir esas nuevas respuestas. Esa unidad debÃa tratar de aprovechar los tejidos organizacionales y las redes de cooperación construidas durante la lucha contra el TLC y, a la vez, debÃa aportar la fuerza impulsora que permitiera, no solamente mantener vivas tales potencias organizacionales, sino insuflarles nueva vida, nuevas motivaciones y energÃas.
• En los meses -y finalmente años- posteriores al referendo, esa posibilidad fue malograda de forma lamentable, conforme reiterábamos -aquà y allá- errores de la más variada naturaleza.
• En sentido cronológico, un primer error surgió de algunos sectores de las bases ciudadanas organizadas, que se mostraban reacios a reconocer cualquier liderazgo que proviniera de los partidos. No hablo de los grupos que sustentan un rechazo radical al mecanismo electoral y convocan a no votar, sino que me refiero a grupos que sà aceptan como válida la participación electoral, pero en los cuales tendió a prevalecer un criterio democratista a ultranza que perdÃa de vista lo que, a mi juicio, es una exigencia insoslayable de la realidad: que los grandes problemas colectivos en una sociedad compleja como la de la Costa Rica actual, no pueden ser resueltos desde asambleas u organizaciones ciudadanas autónomas, cuando, en realidad, ello requiere de una articulación sistémica que trascienda lo local o sectorial, siendo ella la razón -creo que muy básica- en virtud de la cual, los partidos siguen siendo un instrumento necesario (y solo eso, por cierto: un instrumento, ya que jamás deberÃan ser un fin en sà mismos). Lo anterior no niega que, en su nivel, la organización ciudadana autónoma constituya un instrumento muy poderoso de participación y construcción democrática.
• Este criterio democratista tuvo también otra manifestación, distinta pero relacionada con la mencionada en el párrafo anterior: la de negarse a razonar en una perspectiva que incluyera las elecciones 2010. Entonces, el incorporar esto último dio lugar a que algunos sectores descalificaban tales propuestas como electoralistas. En realidad, me parece, 2010 debió haber sido observado y trabajado como una meta importante dentro de un camino de más largo alcance, que deseablemente debÃa moverse más allá -incluso mucho más allá- de ese especÃfico proceso electoral.
• Un segundo error -pero de efectos, creo, muchÃsimo más importantes, realmente decisivos- vino de la negativa que desde un principio emitió el PAC en relación con cualquier posible diálogo conducente a la construcción de alguna unidad socio-polÃtica suficientemente amplia e inclusiva. En la etapa pos-referendo, y con miras al proceso electoral de 2010 (y, ojalá, más allá de este), se hacÃa inevitable que los partidos asumieran un liderazgo. DebÃan hacerlo, aún si, como he indicado, algunos sectores de la ciudadanÃa organizada se mostraban reacios a tal posibilidad. DebÃa ser un liderazgo muy democrático, respetuoso y dialógico, tal cual lo demandaban las extraordinarias experiencias de construcción organizativa y participación ciudadana gestadas durante la coyuntura de la lucha contra el TLC. Pero, insisto, no veo quién ni cómo podÃa sustituir ese liderazgo, si este no era asumido por los propios partidos. Pero, entonces, el papel del PAC devenÃa ahà crucial: por razones obvias, ningún otro partido podÃa asumir la responsabilidad de convocar y conducir los necesarios procesos de diálogo. Porque, insoslayablemente, la convocatoria debÃa construirse como una invitación al diálogo. En primera instancia, el PAC deberÃa haber convocado a ese diálogo a los demás partidos, incluso a los que no tenÃan representación parlamentaria, para, una vez construido un liderazgo polÃtico-partidario sólido y unificado, convocar a procesos más amplios de diálogo con la ciudadanÃa. La historia, sin embargo, es bien conocida: el PAC declinó asumir ese liderazgo.
• Esto último generó un enorme vacÃo y propició que creciera la confusión y, con el tiempo, la fragmentación. En ese contexto surgieron múltiples iniciativas, en su mayorÃa desde organizaciones civiles. AquÃ, sin embargo, emergió y se reiteró otro error: la prevalencia -al menos en algunos sectores- de una tesis maximalista según la cual la unidad o alianza debÃa construirse exclusivamente con base en convenciones abiertas donde, sin restricciones de ningún tipo, debÃan elegirse todas las candidaturas: desde regidores hasta la presidencia. Subrayo que, en general, esta propuesta reflejaba una noble inquietud democrática. Sin embargo, me parece que, a poco andar, fue mostrándose como una opción muy poco realista, y ello por una multitud de razones: desde el hecho de que no se estaban tomando en cuenta adecuadamente algunos intereses -en general perfectamente legÃtimos- de los partidos, hasta razones operativas y logÃsticas, atinentes a los plazos y recursos disponibles. EmergÃa aquà de nuevo una visión democratista que, no obstante sus buenas intenciones y honestidad, resultaba inapropiada frente a los problemas que la realidad planteaba. Esto complicó gravemente el establecimiento de acuerdos básicos, al menos entre aquellos sectores que, fuera del PAC, intentaban construir alguna alianza.
• AsÃ, con el pasar de los meses, y conforme se cerraban los canales de entendimiento entre los partidos, la gente que se habÃa conjuntado y organizado contra el TLC tendió a disgregarse según el partido de sus preferencias. El proceso se agudizó cuando el PAC se negó incluso a considerar la posibilidad de construir alianzas cantonales. Muchas otras personas polÃticamente activas, que no tenÃa una adscripción partidaria especÃfica, se sintieron defraudadas ante la incapacidad de los partidos para construir un liderazgo que convocara y aglutinara. Ello provocó mayor alejamiento y agudizó la dispersión. Este proceso de descomposición simplemente ratificaba -por negación- la importancia del liderazgo que debió haber sido ejercido por los partidos y, en especial, por el PAC. En ausencia de tal liderazgo, las fuerzas disgregantes se desataron libremente.
• Luego, y para terminar de profundizar este proceso de descomposición, el PAC tomó una decisión que, de alguna manera, vino a ser la cereza sobre el pastel: buscó afanosamente romper la alianza -la cual se habÃa profundizado considerablemente durante la coyuntura TLC- con los sectores de izquierda y centro izquierda. Procuró, entonces, posicionarse en una suerte de centro derecha. Quizá haya sido ese un intento por reconciliarse con sectores de la oligarquÃa, devenidos acérrimos enemigos del PAC. Quizá haya sido la respuesta generada a partir de un diagnóstico equivocado, según el cual para ganarse el electorado era preciso mostrarse “moderado” y lejano de las izquierdas. No se tomó en cuenta que esas izquierdas, en sus múltiples expresiones, dieron un aporte sustantivo al movimiento contra el TLC, sin el cual este difÃcilmente hubiese alcanzado la fuerza -y la convocatoria electoral- que llegó a lograr. El caso es que ello profundizó el extrañamiento y lejanÃa respecto de sectores del progresismo nacional, de los cuales el PAC necesita para una más eficaz movilización electoral.
• Otros partidos no lo hicieron mucho mejor que el PAC. El Frente Amplio fue capaz de ofrecer notables -incluso excelentes- candidatos y candidatas a las diputaciones, pero tendió a quedar atrapado en un voluntarismo simplista, que le hacÃa imaginar una realidad maleable y le infundÃa un cierto aire redentorista, en vez de asumir con criticidad las terribles limitaciones dentro de las cuales debÃa moverse. Haber entendido esto último quizá hubiera propiciado establecer oportunamente procesos más amplios de diálogo y entendimiento, que trascendieran las coaliciones cantonales que -justo es reconocer- fueron promovidas activamente por el FA.
• De tal forma, el progresismo nacional entra al proceso electoral habiendo dilapidado el acervo organizacional que le diera una fuerza impresionante en la lucha contra el TLC. Aquellos tejidos sociales y redes organizacionales estaban en jirones y lo poco que aún quedaba, terminó de ser desbaratado con el transcurrir de los primeros meses de la campaña electoral, en la cual el PAC jamás logró tener iniciativa. La coalición PAC-Alianza Patrótica-PIN, firmada en enero, como la lluvia de adhesiones de personalidades muy notables recibidas por el PAC en los últimos dÃas previos a las elecciones, simplemente venÃan a ratificar la enorme confusión que incubó y condujo al desastre. Se creyó que de esa forma, y como por ensalmo, podÃa sustituirse la base organizacional y la movilización ciudadana destruidas.
• Lo demás es una historia bastante trillada. Quizá la única sorpresa -muy relativa- la dio el impacto provocado por la agresivÃsima campaña libertaria. Lo demás no tenÃa un gramo de novedad: los millones dilapidados por los partidos oligárquicos; la estupidez como marca distintiva de su campaña; el boicot sistemático de los medios; la irresponsabilidad, ligereza y arrogancia del Tribunal de Elecciones; la maquinaria clientelar. Ni siquiera la operación de asfixia financiera que los bancos aplicaron resulta sorprendente ¿No son estos, acaso, los tiempos de la tiranÃa en democracia? ¿O es que alguien podrÃa ser tan iluso para pensar que el neoliberalismo se la querrÃa poner fácil a sus opositores?
• Quedan pendientes muchas preguntas, algunas de las cuales se relacionan directamente con el PAC. ¿Es el suyo un problema subsanable o nace estructuralmente de su misma base y concepción partidaria? ¿PodrÃa el PAC ser en el futuro el eje sobre el cual construir una amplia alianza social y polÃtica progresista, o ha de intentarse tal cosa -algo bien difÃcil- sin contar con este partido? Podemos especular sobre posibles respuestas. De momento, diré que me parece que lo que ocurra en los próximos meses dentro de ese partido, podrÃa ser decisivo para ir avizorando cuál podrÃa ser su papel en el futuro.
**La oligarquÃa neoliberal** soñaba con aplastar a sus opositores y, por esta vez, lo logró. Pero esto es menos un triunfo del neoliberalismo que una derrota de la oposición progresista. No fueron sus aciertos, sino principalmente nuestros errores. Entender tal cosa podrÃa marcar una diferencia sustantiva si en verdad aún abrigamos la esperanza de construir un futuro distinto.

Talvez este sea un buen momento para discutir algo que no se ha discutido dentro del progresismo costarricense( como llama Luis Paulino a la izquierda y centro izquierda costarricense)y es básicamente esto: qué significa ser de izquierda, progresista o socialista hoy en este paÃs; cuales son las tesis,ideas, definiciones, adscripciones, se debe o puede hablar de ideologÃa única, de programa único(mÃnimos o máximos como es tradición en la izquierda); cuál será la forma en que este progresismo podrá funcionar, como partido único, como frente amplio (pero no de un solo partido) como coalicion de partidos, como partido-movimiento? Más preguntas que certezas tal y como lo expone Luis Paulino se me vienen a la cabeza cuando pienso en eso. Porque ¿será lo mismo ser de izquierda si se es del Frente Amplio, de Alianza Patriótica, o de un sector del PAC cercano a esta orientación? A juzgar por la realidad de las cosas, un debate o discusión de este tipo nunca se dio ni en los meses posteriores al TLC ni en los meses anteriores al proceso electoral: cuestión de tiempo o de falta de voluntad de los dirigentes politicos del progresismo? Me parece que ausencia de ganas y de voluntad real de entrar en un proceso de este tipo. Lo harán ahora, les interesará? Cuales coincidencias habrá entre unos y otros sectores, qué los une y qué los separa? Podrá la izquierda que se autodefine como la izquierda legÃtima ubicada en el Frente Amplio y otros sectores, desmarcarse de la idea de ser los herederos de un patrimonio histórico politico que le pertenece a muchos costarricenses y por tanto permitir una mayor apertura y participación de otros sectores progresistas?; podrá el PAC – no digo una persona sino el partido – promover un debate polÃtico e ideológico con sectores de la sociedad definidos abiertamente como progresistas o socialistas y posibilitar su integración plena?; podrá consolidarse el partido Alianza Patriótica como una fuerza polÃtica luego de su precario desempeño en esta elección y transformarse en partido polÃtico en serio? La sola oposición al neoliberalismo no pareció ser la manera más seria de integrar grupos o sectores polÃticos progresistas, como lo han demostrado los acontecimientos. Palabras más palabras menos lo que se requiere es un debate sobre la identidad de la izquierda costarricense, en donde todos los que asà se adscriban puedan estar, sin impedimentos, sin listas prestablecidas, sin minorÃas que – como sucedió ciertamente en pocos casos en la coyuntura del TLC – no deseen imponer por la fuerza su visión de
las cosas. Termino con más interrogantes: podrá someterse este progresismo a una autocrÃtica que destierre prácticas sectáreas,podrá someterse a un debate de ideas amplio y pluralista, sin caer en exclusiones previas y en la intolerancia; podrá abrirse a todos los ciudadanos que deseen participar sin que esto active el miedo de los grupo dirigentes que se niegan a soltar el poder y procedan a decretar censuras, a promover cerrazones y a restringir el ingreso de miembros nuevos por miedo a perder el poder?
Mucha protesta, poca propuesta.
Cual es el proyecto de paÃs, consensuado por el “progresismo”?
Ojalá que ahora sà comience un proceso serio de autocrÃtica y reflexión. De lo contrario, el PLN puede llegar a hacerse como el PRI.
AMIGO Y COMPAÑERO TE ENTIENDO QUE LA DERECHA NO TRAE LUZ Y FELICIDAD A LAS MASAS POPULARES TODO LO CONTRARIO, DESDE URUGUAY LA LUCHA FUE DESDE 1971 HASTA LA PRIMERA VEZ QUE GANAMOS LA INTENDENCIA DE MONTEVIDEO Y LLEVAMOS A TABARE VAZQUEZ DESDE ALLà EL CAMINO FUE MUY LUCHADO Y LA UNIDAD DE LAS FUERZAS PROGRESISTAS NOS DIERON EL TRIUNFO EN EL 2004 Y RN EL 2010