Una causa contra el crimen organizado

Perseguir el crimen organizado es oponerse al poder en su más descarnada y descompuesta versión. La corrupción y el lavado de capitales son la lógica redundancia de aquel, siendo el sicariato, el secuestro, la extorsión, falsificación, robo violento, tráfico y, en general, las más bruscas violencias que contempla el código penal -con símiles desde luego-, las manifestaciones concretas de lo que algunos entendidos han dado en llamar: macrocrimen.

La criminalidad gruesa, que no es toda, sino solo aquella que condiciona la existencia del Estado de Derecho, no ha sido motivo de interés de la clase política costarricense sino hasta ahora que los efectos violentos tocan, incluso, a los gobernantes, sus familias y negocios.

Hasta hace poco los que estaban bien se consideraban a salvo y el lavado de activos no les perjudicaba según su credo, muy por el contrario, les beneficiaba no tan indirectamente, inflando nuestra economía al punto de ser catalogada por organismos internacionales como un paraíso para legitimar los réditos de las actividades ilícitas más condenadas, en cuenta el tráfico de armas, estupefacientes, personas, falsificaciones, mercancías robadas y hasta terrorismo y corrupción.

Crimen y poder público. Hoy el cuento atrae a más protagonistas, algunos electoreros como la candidata oligarca Chinchilla, que saben bien hacer su pose, se congracian con la causa célebre del actual fiscal general de la República, Dall´Anese, quien tiene el mérito de haber propuesto el tema en serio, e insistir con la energía típica de quien sabe lo que implica el crimen organizado para un país que no sabe responder preventivamente y se ve obligado después, por varias décadas, a sufrir la violencia civil en las calles, donde sin distingos alcanza al pobre y al rico, quedándose en el camino muchos inocentes que nada tienen que ver en la lucha por la administración paralela del poder público, que es, a fin de cuentas, de lo que se trata todo el asunto de la criminalidad sistemática. Colombia, México, Guatemala, Brasil, Salvador, Rusia y China, así como buena parte de las naciones africanas, sirven de ejemplo para escarmentar en cabeza ajena y contradecir así el dicho popular antes de que se convierta en sentencia.

Independientemente de las falencias del proyecto de ley sobre crimen organizado, al que me referiré puntillosamente en otra ocasión, debe quedar claro que es un buen intento y que, considerando que lo perfecto es enemigo de lo posible, aquí debe hacerse algo, porque durante décadas no se ha hecho nada en la materia. Sin embargo, asusta un poco que por la carga de la prensa, se estime erróneamente que con un cambio de nomenclatura, cambiará la realidad criminal. Una ley no hace verano, y esto es aún más cierto si no se le dan los recursos materiales de acompañamiento a las dependencias encargadas de ejecutarla (presupuesto, personal capacitado con alto nivel de especialización y muy bien pagado, laboratorios, autos, tecnologías y un amplio etcétera).

Diagnóstico y combate. Hoy, ni siquiera se ha diagnosticado el asunto en serio para determinar el grado de amenaza, que si bien sabemos real y suponemos grande, tal si fuera un cáncer que nos carcome por debajo de la piel, no hemos considerado seriamente como Estado lo que probablemente no se hará hasta que la misma ciudadanía, convertida en electorado, priorice, y condene por fin a quienes han alimentado con su desidia e insensatez ese cáncer que amenaza con convertirse en terminal.

El crimen organizado lo toca todo, y lo pudre, aunque al principio siempre parezca, más bien, que baña de oro las cosas.

En esta materia los tiempos sí cuentan, los recursos también, el crimen organizado no está sentado esperando a que lo alcancemos, más bien tiene años de estar corriendo en jet, lancha rápida, autos caros, edificios nuevos y lo último en tecnología de comunicación, con la asesoría de bufetes, contadurías, constructoras, bancos y todo un vasallaje que le sirve bien y le cobra caro.

Hasta que el crimen organizado no se convierta en la causa célebre como sucedió con el narcotráfico en los noventas, no habrá fotografías completas del problema y, por tanto, tampoco disparos certeros.

Hoy, el Estado me parece un niño que dispara con resorteras contra un tanque blindado que si no lo ha aplastado es porque necesita del mismo Estado para legitimarse, nada más.

En el camino estamos quedando todos nosotros, los ciudadanos que solo la vemos pasar, pero que sentimos el cáncer en las entrañas de nuestros bienes y querencias.

(*Página Abierta*)


2 Comentarios

  1. ANA GABRIELA VELAZQUEZ MORENO

    ESTA BIEN FOMENTADO INVESTIGEN MAS Y LES PONDRE UN 10½

  2. oto dia hablenme en castellano por que por su culpa tengo 00 en civica pongan cosas contundentes osa algo facil de entender

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