En el anterior Gobierno varios sugerimos una reforma política y, para ello, una constituyente. Es una decisión grave y concreta; no atemporal, ni abstracta. Su éxito depende del cuándo, de quiénes y del cómo. No solo importa su desenlace, sino no olvidar que este dependerá de la oportunidad y las condiciones en que se realice. Ni política ni jurídicamente es posible predeterminar el marco de su gestión, pues ella se convierte, lo quiera o no el Gobierno, en el eje del poder político.
Los muertos no dictan la vida a los vivos. Los constituyentes tendrán todo el poder para decidir qué abarcarán sus discusiones. Creer que se les puede imponer de previo que no se ocupen de las garantías individuales o sociales, etc., es iluso. Además, cada tema tendrá a su alrededor fuertes intereses creados.
Alguien creería que el artículo que le da al Estado la función de organizar la producción y promover la más justa distribución de la riqueza, ¿no se abordaría? ¿Que no se discutiría el derecho a la privacidad frente a la avalancha de la informática? ¿Que no se tocaría la libertad de información y de comunicación, en que unos quieren una legislación libérrima y otros un control estatal efectivo sobre la prensa y la información? ¿No se replantearían el significado de la función social de la propiedad y de la empresa? ¿Y la privacidad de las operaciones financieras, frente al lavado de dinero y el terrorismo, no saltaría en la discusión? Y así al infinito.
Hoy, la situación interna y externa es crítica. El Gobierno está sin aire, entrechocando consigo mismo y sin iniciativa. Su salvación no provendrá de un ministerio de la imagen, pues sin ideas, alelado y sin moverse si no lo empujan, una mejor apariencia no rellenará el vacío de su oquedad política. La cúpula del PLN muestra fuertes luchas internas, inclinaciones distintas y contradicciones entre sus bases de apoyo. El PUSC sigue suicidándose cada cierto tiempo: primero, con los expresidentes; luego, peleando con Fishman; después, con el TLC y su mancuerna con el Gobierno; y ahora, con su boicot por un puesto en la Sutel. El PAC y el ML siguen con dificultad en búsqueda de su identidad y consolidación, mientras nuevos actores se perfilan en el horizonte. En suma, una dispersión desalentadora.
Encima tenemos una grave crisis mundial. Se requería un conductor, pero se eligió a alguien que delegó en su hermano la gestión y fue incapaz de tejer un acuerdo con la oposición.
Amenazados en lo externo, y fragmentados y sin rumbo en lo interno, convocar a una constituyente, o emprender reformas constitucionales de fondo, es mucho más que una ocurrencia: es una amenaza.
(La Nación)
Rodolfo Cerdas Cruz | 4 de Enero 2009


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