Nunca antes ha estado tan claro lo que sucede en nuestro país, en esos espacios reales de la historia como acción y propuesta hacia el futuro. Nada de imaginarios construidos desde los escritorios o en los informes de labores o en los extraños documentos que emanan sigilosamente para construir, nunca realidades, sino espacios sin forma sobre los cuales se asientan los logros cifrados en la estadísticas, algunas de ellas evanescentes por irreales. Nunca la patria ecológica fue tan clara como ahora.
Con el ojo avizor del ciudadano preocupado, todavía son minorías, por denunciar la destrucción del medio ambiente, la violencia institucionalizada, la preeminencia de la igualdad para el imputado y nunca para la víctima, el discurso retórico sobre la instrucción pública, en su médula esencial de vida cotidiana, en las escuelas y colegios o las melifluas defensas de los aumentos en pensiones, ayudas a estudiantes, repartos de diarios, como si el país fuera una gran pulpería para recopilar votos clientelistas para la próxima campaña, todo girando en la gran mascarada, amenizada con cimarrona, zancos y chillidos, para así divertir al populacho. Todo el país convertido ahora en metálogo (Gregory Bateson), en donde la estructura de la conversación llegue a lo profundo y se pueda percibir una división, no vista antes, en dos modelos de existencia de país: uno en agotamiento, y otro apenas en gestación hacia el futuro, donde el espacio vital: agua, aire, tierra, ser humano, sean el centro de toda la existencia y en donde las palabras, antes gastadas, parecieran renovarse con la lluvia fluyendo, con el viento borrando todo vestigio de inmovilidad. Y la lucha entre lo objetivo y subjetivo da origen a un término nuevo, para poder percibir lo que ocurre en la dimensión real de que está ocurriendo y no sólo limitado al efecto de las palabras congeladas por el miedo.
Nunca antes hemos sido tan valientes para decir lo que pensamos, expresado todo con la fuerza de una naturaleza que está enfadada y en donde el espacio vital del afuera sea parte, también de la conmoción interna que se vive, por primer vez también expresada como un acto colectivo, tal vez todavía minoritario, en esa ecología social, íntima y colectiva, que es apenas un indicio de que algo se está formando en la conciencia, en redes solidarias que se hablan entre ellas, en casi todos los lugares del país, para intercambiar ideas, acciones, textos, en simples conversaciones.
Evidentemente esta extraña conmoción escapa a reuniones o conciábulos. Se da en espacios abiertos, bajo un árbol o en las bancas de los parques, en diálogos que se convierten en metálogos, superando las dominaciones jerárquicas, abriendo rutas hacia la auténtica libertad, donde la obediencia el mandato queda anulada por el nuevo sentido que ofrece la vida, cuando ésta se comparte con las múltiples otras ecologías mentales, que dan forma a lo que habrá de ocurrir.
Lo importante de todo este proceso radica en la capacidad de participar, e intervenir, en los asuntos ciudadanos, públicos y privados, descubriendo y dando exposición a todas las formas de corrupción, tráfico de influencias, peculado, colusión y al hecho de que exija una mayor participación de los entes encargados en dilucidar todo este tipo de conductas, las cuales inhiben a los pobladores de tener información, y conocimiento, muy claros sobre lo que se hace, u ocurre, y que perjudica el desarrollo integral de la sociedad, dentro de las normas de la convivencia y la armonía.
Nunca antes en la historia nacional encontramos un grupo gobernante más cuestionado que el actual, cuya razón de ser puede ubicarse en su propio desconcierto al sentirse cuestionado, tratando de darle forma y ya está hecho, a un sistema de gobierno abarque todos los poderes al servicio del poder, pero cuya reacción adversa de los ciudadanos los obliga a detener aquellos asuntos, tan evidentes en sus aspectos negativos para el cuerpo social que, el aparente consenso logrado como máxima aspiración de controlarlo todo, se desvanece lentamente.
Agotados todos los recursos de los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) sólo queda pasar de la dictablanda, control de todos los órganos del Estado, por medio de artimañas legales y marrullerías, a la dictadura policíaca bajo el pretexto de combatir al crimen organizado, el narcotráfico y al terrorismo o a las supuestas maras que ya solo esperan cruzar nuestras fronteras, sin que medie antes un estudio serio sobre la situación real de los problemas generados por la violencia y si la política del garrote, las gaseadas o los balazos, no contra los delincuentes, estos tienen su propio ejército pandillero, sino contra los grupos populares organizados para combatir el expolio de la nación, lo que conduciría, todos lo sabemos, a la creación de una espiral de violencia de consecuencias que no se pueden predecir.
Las circunstancias excepcionales no las crean esos sectores, sino aquellos que las propician para seguir manteniendo sus ilusiones de hacerse con el poder de forma ilimitada, en el espacio y el tiempo, de los cuales todos somos responsables. La supuesta inteligencia y precisión de nuestros cuerpos policiales está determinada por la misión que les exijan cumplir quienes nos gobiernan. Hasta la fecha, nunca en la historia antigua y reciente de nuestro país los hemos visto defendiendo a las clases populares, sectores de vecinos, ciudadanos que protestan contra los desmanes de los más poderosos, sabiendo, y nadie es ya tonto de capirote, que estos aparatos tiene la misión represiva de mantener “el orden”, en detrimento de las mayorías activas, miedosas o amedrentadas.
Siendo el principio de un cambio que se avecina, paradoja incluida, quizás lo anterior signifique, en circunstancias excepciones y de uso de jerarquías malsanas, el fin de un tiempo cuyos orígenes reales habría que buscarlos a partir del Pacto de la Vergüenza (1995), que ha dado origen a la República Ecológica, donde todo debe hacerse, ahora a pecho descubierto.
(La Prensa Libre)
Alfonso Chase | 1 de Diciembre 2008


2 Comentarios
Así es don Alfonso, en las palabras pueden percibirse las señales de un renacimiento. Como si algo apretado, como un nudo, buscara aligerarse y extenderse en el diálogo y el intercambio.
Talvez lo hacemos para reinventar vínculos quebrantados por una prolongada indiferencia hipnotizada por el consumo y el sueño de una buena pensión.
No lo tengo muy claro, pero me atrevería a decir que asistimos a uno de esos momentos privilegiados en los que es posible ser testigos de la formación del genio social, quiero decir, de ese tejido que va regenerándose mediante la participación de todos, con un latido que hace sospechar de la presencia de vida, mas allá de la arquitectura del marketing político o la legalidad hueca que oculta negocios fabricados y distribuidos en la sombra de lealtades al contado.
Talvez sea más sencillo morir que vivir, y en eso los carroñeros llevan ventaja. Pero creo, tengo la esperanza, de que cuando un pueblo decide vivir decide crear. Y crear es una pasión mayor que la de obedecer y copiar. Nuestras clases dirigentes han perdido capacidad creativa e independencia. Por esta razón sus palabras son cadáveres que dan la sensación de sufrir de cierta locura de ausencia. Han perdido el contacto con sus pueblos y se han recluido en el tintineo de las monedas que caen desde sus cajas registradoras. ¡Y en estas condiciones quieren redactar una nueva Constitución! ¿Para un pueblo de zombis?
Apreciado Alfonso: Como siempre muy acertado en sus opiniones. Me parece también percibir un cambio en la conciencia de la ciudadanía respecto a los problemas de nuestra comunidad y como expresarlos. Feliz Navidad y Año Nuevo
Mario.