Uno se forma una opinión de una cosa cuando le echa un vistazo. Pero si le echa dos vistazos se forma una opinión diferente, y entre más la estudia más cambia de opinión, Si me hubieran preguntado hace 29 años qué pensaba de los tratados de libre comercio, hubiera estado completamente de acuerdo con ellos, no obstante que hay una contradicción flagrante entre el libre comercio y el tratado, que no es otra cosa que comercio administrado; o peor aún, comercio condicionado; y condicionado por el más fuerte. Digamos, “si no te sometés a las condiciones que yo te pongo, no te compro”, lo cual es la más absoluta negación de la libertad del comercio. Todos estos extremos del libre comercio del paradigma global se nos han ido revelando conforme avanzábamos en el proceso de globalización, y uno más grave: que nos convertimos de una sociedad que buscaba crear su propio mercado, en una completamente volcada a la exportación; una factoría o un enclave. Y todavía otra cosa más grave: que la clase exportadora, que también gobierna, ve ese mercado como una posibilidad de gran enriquecimiento, y está por eso dispuesta a aceptar cualquier condición, aunque sea a costa de nuestra soberanía, del traspaso de la propiedad de la tierra a los inversionistas extranjeros, del latifundismo que eso implica, del éxodo campesino que eso implica, del crecimiento enorme de nuestros anillos de miseria que eso implica, del aumento de la criminalidad que eso implica, y del abandono consecuente de nuestra producción alimentaria; complicada por una de las condiciones imperiales: la libre importación de sus excedentes alimentarios subsidiados. Y por otro extremo todavía: el patentamiento de nuestros conocimientos tradicionales, nuestra biodiversidad, y nuestras semillas. Y por otro todavía: la monopolización de nuestro mercado para todos los inventos del imperio, sin ninguna reciprocidad. Pero la Cámara de Importadores de Agroquímicos le advierte a los diputados que si permiten la venta libre de genéricos, garantizada por la OMC, los europeos se van a enojar con nosotros y no nos van a comprar. Se pondrían mas furiosos que cuando ellos lograron que el elitista tratado de libre comercio les conservara la remunerativa restricción a la libertad de comercio de las distribuciones exclusivas, que tanto nos encarecen los insumos.
Pero tal vez el daño más grande que le ha hecho este libre mercado a nuestra sociedad es desmoralizarla, destapar la falsedad de nuestra democracia y nuestra libertad electoral, hacernos desconfiar de cualquier proposición, perder la fe en nuestras instituciones, hacernos ingobernables. ¡Ah que el Semanario Universidad siguiera haciendo el “Quién es Quién” que tanto necesitamos!, aunque solo lanas opilados aparezcan allí, y esa camarita de comercio extranjera que parece ser un paso tan obligado como el MOPT para todas las correrías, trátese del TLC, del referéndum, del “gestor interesado” del aeropuertillo hediondo, del adéndum sempiterno, de la CRUSA, del FUCE, de los bufetes de lujo donde bufan las catorce familias multimillonarias ticas, etc, etc, etc. Las revoluciones son perjudiciales para todos, pero las élites de poder las hacen inevitables, y yo siento que se nos viene una “global” que las élites se andan buscando desde hace rato.
Tomando en cuenta que la evolución del comercio global no ha goteado y ha aumentado nuestra pobreza, podemos decir que la salsa que es buena para el ganso no es necesariamente buena para la gansa. Y tomando en cuenta que ese mercado de exportación de nuestros ricos y los inversionistas extranjeros es terriblemente frágil, de repente que esa salsa tampoco es buena para el ganso. Porque un trato que es bueno solo para una parte de la sociedad, no es a la larga bueno para nadie. Y advirtiendo que el capitalismo insiste en ignorar el límite ambiental en su enfermiza desesperación por crecer y crecer.
No le parece a usted patético nuestro ministro de comercio exterior poniéndole una muesca a su pistolita por cada TLC que negocia, y buscando más. Y nuestro poder judicial, donde unos sapientísimos letrados no pueden verle a la imposición las inconstitucionalidades que puede ver cualquiera, y se ausentan con goce de sueldo para que vote Sosto. Y nuestro presidente, diciendo, en medio de la crisis económica mundial, que don Ottón no entiende que la revisión de su TLC (el que él nos impuso con argucias y fraudes) significa detener la inversión extranjera: la que se acabó con la crisis, y que seguro va a disminuir mucho más cuando los Estados Unidos abandonen la política de exportar sus manufacturas, lo que han hecho buscando la ventaja comparativa que les dan los malos salarios del tercer mundo; y una disminución que de repente es una cosa buena, porque nos puede devolver el país que perdimos corriendo en pos del oro. Y hablando del oro, que ahora viene del imperio celeste, ¿se habrá visto servilismo semejante a la recepción de Hu Yintao? Don Francisco Antonio presentó a don José Merino como un comunista comunista, lo que pudo haber ofendido a Hu, escogido por Teng, que no lo es; como don Francisco Antonio no es social demócrata; ni su patrón: allí estaban todos en su charco de chaquetas volcadas. Solo les faltó ponerse a cantar como el barbero già viene l´oro, viene l´argento, eccolo qua. Se lo hubieran cantado en chino, como Raúl.
Porque el patetismo se globalizó, vemos a Bernanke bajando los intereses hasta hacerlos negativos; aunque quizá ni pagando para que la gente pida prestado les pueda restablecer la confianza empresarial que les destruyó… el capitalismo, mientras Paulson, negando la ayuda a los hipotecados, dice que el salvataje fue para la economía y no para los banqueros; cualquiera le cree.
También son patéticos los fascistas de La Nación acusando “a los populistas del PAC” de no entender que nada le ha pasado al sistema capitalista ni al libre comercio, e interpretando “la sombra de Obama en el sainete de los G-20 como un endoso de las conclusiones de Bush”; totalmente diferentes de las de Fidel Castro y el Wall Street Journal que las vieron como un gesto vacío; un esfuerzo tardío y desesperado de conservar un status quo que ya se perdió, con y sin “la sombra de Obama” que La Nación en su desesperación vio… endosando la reunión del G-20 que hizo Bush tratando desesperadamente de mantener el statu quo perdido; como La Nación.
Hay entonces dos posiciones con respecto al TLC CAFTA DR que ya se veían cuando abogábamos por el NO en el referéndum, y sabíamos que se tendrían que dilucidar después de que ganáramos. La paradoja es que se vengan a dilucidar después de que nos hicieron perder. Una es rechazarlo de plano y cambiar toda la actitud nacional exportadora al mercado internacional mucha de la cual se puede perder, y que disminuirá de todos modos por la merma de las inversiones causada por la crisis económica global. Y la otra es obtener un TLC más justo, que era nuestra razón de rechazo en el referéndum. Solo que la primera posición se hace más razonable conforme le damos más vistazos al asunto, a la luz de la crisis global del capitalismo.
Claro que si los Demócratas americanos designaron a don Ottón para que les informe cuáles son las objeciones centroamericanas al TLC, eso es asunto de ellos, aunque le chime a don Francisco Antonio, y ofrece la posibilidad de renegociarlo. Y claro que los americanos lo van a tratar de endurecer en materia laboral y ambiental. Pero eso nos da a nosotros el chance de mejorarlo en materia de importación de excedentes subsidiados, en los abusos de la propiedad intelectual, en el capítulo de las armas del premio Nóbel de la Paz, y en la solución de diferencias.
Estos son los vistazos que le he dado al comercio libre desde que me hice la primera pregunta de si es bueno o es malo, y me han permitido descubrir muchas cosas perjudiciales que no pude ver en el primer vistazo. Todavía creo en las virtudes del libre comercio, lo que pasa es que ya no creo que sea posible porque lo impide el colonialismo, y ningún mercado puede ser bueno si nos somete a las condiciones arbitrarias del socio comercial más poderoso. Es cierto que perder ese mercado extranjero nos expone de inmediato al desempleo y el aumento de la pobreza, pero eso es por haber escogido el camino equivocado, y siempre hay un precio que pagar cuando uno iba por el mal camino y se tiene que devolver.
A los fanáticos dogmáticos del libre comercio administrado, empezando por don Oscar Arias, y siguiendo con los señores Ruiz, Echandi, Saborío y Ocampo, y las señoras González y Pacheco, yo les diría que estoy todavía a favor del libre comercio de verdad. Por eso en vez de poner a una legión de abogados comercialistas a espulgar el texto que viene de Washington o la Unión Europea, yo les diría ―No, vean señores, quitemos toda esa paja y entremos a calzón quitao. ―Si ustedes quieren libre comercio ustedes quitan todas sus barreras a la importación de nuestros productos, sin ningún subterfugio ni pretexto, y nosotros las quitamos todas a la importación de los suyos. —Le damos al ayote por la mitad, y que vuelen las semillas donde tengan que volar―. Lo demás es un puro mingueo. Lo demás NO es libre comercio, y proporciona empleo innecesario muy bien remunerado a todos sus administradores.
Yo se que hay gente que se persigna con mi proposición, porque las semillas del ayote si volarían por los aires. Pero no tienen ningún motivo para preocuparse porque ni los gringos ni los europeos la van a aceptar. ¿No ve que ellos tampoco creen en la mentira que se inventaron para sustituir su estilo anterior de colonialismo?
José Calvo | 20 de Noviembre 2008


4 Comentarios
Lo que es casi un relato sub-realista, es la noticia que aparece en la que en Costa Rica, fue, la promotora y la primera voz, de todo ese sistema que va de descalabro en descalabro y cuesta abajo,como en aquel tango homólogo, sin que se visualice la rama de un árbol, al que puedan asirse en su caída libre.En ella, nos dice,casi en éxtasis!, que el jefe negociador del tratado de libre comercio con china, será el Señor Ocampo, uno de los que nos ataron irremediablemente, al carro de esa economía que en el norte se está hundiendo por su propio peso muerto.¿Qué nos espera ?
Excelente comentario del José Calvo. Comparto en su totalidad su comentario. Cuanto más leo me entristece, ver como el Costarricense retrocedió en todo aspecto, a tal punto de llegar a la estupidez. Por eso, he querido agregar un estudio que hizo el economista Italiano Carlos M. Cipolla.
La estupidez humana -RESUMEN DEL LIBRO “ALLEGRO MA NON TROPPO”- Carlo M. Cipolla “Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son.” Carlo Cipolla
LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA
CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DE PERSONAS
Todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.
Los Incautos: Podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción (es decisivo que sea él quién la inicie), cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto.
Los Inteligentes: Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente. Una persona inteligente puede alguna vez comportarse como una incauta, como puede también alguna vez adoptar una actitud malvada. Pero, puesto que la persona en cuestión es fundamentalmente inteligente, la mayor parte de sus acciones tendrán la característica de la inteligencia. En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.
Los Malvados: Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia causándonos perjuicio a nosotros: nos encontramos frente a un malvado. Existen diversos tipos de malvados; el malvado perfecto es aquél que con sus acciones causa a otro pérdidas equivalentes a sus ganancias. Otro tipo de malvados son aquellos que obtienen para sí ganancias mayores que las pérdidas que ocasionan en los demás, esos son deshonestos y con un grado elevado de inteligencia, pero la mayoría de los malvados son individuos cuyas acciones les proporcionan beneficios inferiores a las pérdidas ocasionadas a los demás. Este individuo se situará muy cerca del límite de la estupidez pura.
Los Estúpidos: Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad no existe explicación -o mejor dicho- solo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida. La mayoría de las personas estúpidas son fundamentalmente y firmemente estúpidas, en otras palabras, insisten con perseverancia en causar daños o pérdidas a otras personas sin obtener ninguna ganancia para sí, sea esto positivo o negativo. Pero aún hay más. Existen personas que con sus inverosímiles acciones, no solo causan daños a otras personas, sino también a sí mismos. Estas personas pertenecen al género de los superestúpidos.
EL PODER DE LA ESTUPIDEZ
Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente. Algunos estúpidos causan normalmente perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras. La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales: del factor genético y del grado de poder o autoridad que ocupa en la sociedad. Nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida; en otras palabras en qué consiste el poder de la estupidez.
Esencialmente, los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.
Una persona inteligente puede entender la lógica del malvado. Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un “más” a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un “más” para sí, procurando también al mismo tiempo un “más” para los demás, deberá obtener su “más” causando un “menos” a su prójimo.
Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si es racional uno puede preverlo.
Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo, y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.
Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que generalmente el ataque nos coge por sorpresa incluso cuando se tiene conocimiento del ataque no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo carece de cualquier tipo de estructura racional.
El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Hay que tener en cuenta también otra circunstancia. La persona inteligente sabe que es inteligente. El malvado es consciente de que es malvado. El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario de todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora.
Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.
No hay que asombrarse de que las personas incautas, generalmente no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez.
Generalmente, se tiende incluso a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto significa que se está confundiendo la estupidez con la candidez.
SOCIEDAD Y ESTUPIDEZ
Sería un grave error creer que el número de estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.
Un pais en ascenso tiene también un porcentaje insólitamente alto de individuos inteligentes que procuran tener controlada a la fracción de los estúpidos, y que, al mismo tiempo, producen para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.
En un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos.
ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA el 30.06.08 De todo esto se deduce que la mayor empresa con la que se tiene que enfrentar la sociedad del futuro es la lucha contra la estupidez… Es la única forma de garantizarnos el progreso estable, sin sobresaltos, sin dudas, sin problemas, sin guerras y sin violencias. Como no nos deshagamos de los estúpidos de la sociedad estos acabarán con nuestro progreso. Es un problemas educacional y cultural, es preciso cambiar de forma inteligente todas las normas establecidas, todas las reglas y leyes estúpidas y diseñadas por estúpidos, que lo que hacen es perpetuar la estupidez para siempre. Cuando la estupidez se convierte en ley, entonces las colectividades suelen ser bastante más estúpidas que sus miembros individuales. Cuando el sentido común desaparece en manos de los burócratas y los funcionarios, no nos queda más que la huida si tenemos adonde ir, o la resignación de hacernos también estúpidos para poder sobrevivir. La Inteligencia social y el caudal de conocimientos y saber hacer existentes no provienen únicamente de decisiones de consenso del grupo, sino de la suma de ideas, pensamientos, decisiones de cada individuo dentro del grupo. La sabiduría colectiva surge como consenso de esos actos individuales que se añaden a la comunidad. Pero cuando existen multitud de aportaciones individuales a un colectivo se requiere unas normas de control para que haya un entendimiento, que harán que las aportaciones inviduales sean más eficaces, como una especie de disciplina para conjugar mejor las mejoras individuales. Pero lo que es paradójico con estas reglas, es que la mejor manera de que un grupo sea eficaz es que cada persona que aporte algo positivo lo haga individualmente. Lo esencial es que la forma en que piense y actúe sea del modo más independiente posible para mejorar la rentabilidad. La incultura individual genera estupidez colectiva.. Hay que ponerse a trabajar sin prisa, pero sin pausa, en el objetivo más importante de la humanidad que es eliminar la estupidez de la faz de la tierra. Animo y a ver si lo conseguimos.
Tiene toda la razón don José, estos tratados de libre no tienen nada: protegen monopolios de semillas, de medicinas. Insertan el aborto disimuladamente en el Tratado de Budapest y les dan a los empresarios gringos derechos abusivos que el empresariado tico no tiene y ha sido el caballo de batalla de las transnacionales.
Oh tontos, que sirvieron a intereses foráneos y a los trabajadores ticos que se los lleve trampa, cuando son los únicos que los han hecho ricos y poderosos.
Es cuestión de tiempo verlos jalándose el pelo.
Cualquier posibibilidad de mejorar que tengamos sobre una acción mal tomada, debe ser aprovechada. No es posible sostener en el tiempo que si mis vecinos están mal yo estaré bien.