Malas noticias para los neoliberales y sus desregulaciones. Lo de afuera y los de aquí. Por doquier, se acumulan las fallas de un sistema que imaginaban iba a durar para siempre. Algo así como el Tercer Reich nazi de los mil años. Ahora sus predicadores hacen mutis, por lo menos los vernáculos.
Son desalentadoras también para los “ingenuos” que creyeron en los grandes beneficios del TLC: miles de nuevos empleos, motocicletas BMW y Mercedes Benz como carros de familia y otras zarandajas. Sea aprestan, en Costa Rica, dar el paso final; y les llega una pésima información: Honduras, que ya lo tiene en vigencia, recibiendo todos sus beneficios, va a perder en la industria textilera, mejor sería decir, la maquiladora, durante el presente año, 12.000 puestos de trabajo. La razón: la recesión estadunidense. De Costa Rica habían emigrado varias maquiladoras con el pretexto de no haberse aprobado el Tratado de Libre Comercio. Mentiras sobre mentiras, remedo de la canción navideña española.
Pero las malas noticas vienen también de la situación económica de los Estados Unidos. Allí, donde el neoconservadurismo reaganiano plantó sus profundas raíces, actualizaciones -algo así como las que llegan a las computadoras- son cada vez más destructivas.
El plan de rescate de 700 mil millones de dólares aprobado con urgencia en ese declinar de la administración Bush, es motivo de fuerte disputa entre Wall Street y las empresas automotrices. La General Motor era el emblema del sistema económico de los Estados Unidos, decían políticos y empresarios usamericanos. “Los que era bueno para la General Motor era bueno para los Estados Unidos.” ¡Qué lejana parece ahora esa época!
Mr. Rick Wagoner, en compañía de los otros “competidores de libre mercado y la mano invisible” Mr. Alan Mullaly (Ford) y Mr. Robert Nardeli (Chrysler), corren a solicitar urgente ayuda del Estado para paliar sus grandes necesidades. Son gritos lastimeros para evitar la bancarrota. Necesitan la bicoca de 25 mil millones de dólares, para cubrir hasta las más imperiosas necesidades de las empresas; sus empleados firman cartas y mensajes para los diputados o representantes. Parecen aquellos funcionarios latinoamericanos que corrían presurosos a solicitar al Fondo Monetario Internacional o al Banco Mundial, recursos de continencia, PAES y otras cosas del mismo jaez, para “equilibrar” las finanzas nacionales; solo recibían nuevas e inmerecidas censuras, y si se los otorgan era con mas desbocadas obligaciones. Ahora el secretario del Tesoro usamericano, Mr. Henry Paulson, les niega esos recursos, posiblemente pensando en favorecer de manera exclusiva a sus “pares” de Wall Street, donde ha sido figura preponderante.
Por cierto y para mayor dolor de los seguidores de la desregulación sin limitaciones, el mismo secretario Paulson, escribe en el New York Times: “Estamos atravesando la crisis financiera e imposible de predecir que cualquier otra de nuestras vidas”. Así lo confiesa, uno de los puntales de ese sistema creador de pobreza en pueblos del tercer mundo, avecindado en Wall Street, y que ahora toca con toda su fortaleza las puertas de la economía estadunidense. Algo así como el huracán Katrina pero elevado al cubo.
Para no quedarse atrás, Mr. Alan Greenspan, el gurú de la Reserva Federal (Banco Central), por muchos años, en quien los economistas de estos países, veían la imagen en su propio espejo disminuido, confesó que la profundidad de la crisis lo dejó en un “estado de pasmada incredulidad”, y que cometió un “error”. Esto me recuerda al gordote de Herman Göering, el de la Luftwaffe -que tantas bombas lanzó sobre media Europa- final de la Segunda Guerra Mundial, cuando declaró que el conflicto que dejó millones muertos y heridos, ciudades arrasadas, era como un partido de futbol, donde unos ganaban y otros perdían. El juicio de Nüremberg lo sacó de tan deportivo acontecimiento: tuvo que enfrentar, junto con otros jerarcas nazis, una cuádruple responsabilidad, por crímenes contra paz, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, y conspiración. ¿Quién, quiénes y cómo van a pagar por ese “error”, los responsables de esta Crisis mundial, más fuerte que la de 1929? ¿Cuántos nuevos pobres van en sumarse al desequilibrio social ahora creciendo? Como su consecuencia, más de millón doscientos mil trabajadores pierden su empleo en Estados Unidos, gran parte de ellos jóvenes, negros y latinoamericanos; otros tantos lo harán en los próximos meses. Como una muestra, el CITIGROUP, con sucursal en nuestro país, anunció ayer el despido de 52 mil empleados agregándose a los que ya había cesado. Las remesas para estos países, principalmente México, Guatemala, El Salvador, Honduras serán menores. Unos sueños perdidos en la recesión sin una salida pronta.
Algunos, de acá y de allá, deberían pagar por lo menos con una sanción pública, por esa feroz política de codicia y falta de una solidaridad humana. Porque la destrucción de la vida humana - serán muchos los que mueran en los próximos años por ello -y del medio ambiente, con su explotación inmisericorde de los recursos de la naturaleza, son la herencia que nos dejan los autores de tan lamentables “equivocaciones”.
Ya colocados en ese escenario, lo que hemos presenciado en estos meses, advierte que la Crisis no se soluciona con solo masivas inyecciones de capital; se requiere un enfoque más profundo, con una arquitectura nueva que involucre no solo a las grandes economías, sino darle participación efectiva a los pueblos marginados, para que la riqueza llegue a sus sociedades en un reparto justo, y avanzar decididamente en la lucha con la pobreza que agobia a millones de seres humanos. Bretton Woods fue la culminación de un enfoque puesto sobre la mesa, en favor de los intereses de los Estados Unidos y de Gran Bretaña, al final de la segunda guerra mundial; hoy otros pueblos dejaron de ser convidados de piedra, y exigen su presencia para que impere la justicia social por encima de la codicia de unos cuantos.
Rogelio Ramos Valverde | 20 de Noviembre 2008


1 Comentarios
Greenspan por lo menos tiene la honradez de admitir que se equivocó, lo que es mucho mas noble que la recalcitrancia que vemos aquì, ah ah. De juicio nada don Rogelio, para llegar a eso todavía nos falta mucho sufrimiento. Tal vez la manera de salvar a Detroit sea acabar con la exportación de las manufacturas a la China, en vez de pedir a los obreros que se reduzcan el sueldo. Eso significaría una admisión de fracaso mayor que el salvataje.