¿Por cuáles vías podría impactar la crisis económica mundial en Costa Rica? ¿Qué factores, internos a la economía costarricense, podrían complicar la situación? ¿Quiénes podrían ser las personas o sectores más golpeados? Creo que esas son preguntas básicas que es necesario tener en cuenta a la hora de pensar posibles medidas y acciones destinadas a enfrentar la crisis y aminorar sus efectos y consecuencias.
1) ¿Cómo impacta la crisis?
La balanza de pagos será la puerta de entrada principal: exportaciones, turismo, remesas, entradas de capital. Cada uno de estos renglones se debilitará. De hecho ya lo están haciendo, incluso de forma drástica. Ello afectará negativamente la producción y el empleo. En un segundo momento se transmitirá al resto de la economía mediante la disminución de las demandas por insumos o bienes intermedios por parte de empresas exportadoras y turísticas (mucho menos significativo en el caso de las empresas de zona franca), y como disminución del consumo de quienes estaban empleados en el turismo y la exportación y pierden su trabajo. Al declive de las actividades exportadoras y turísticas se agregará así el de la producción orientada al mercado nacional. Ello generará más desempleo.
Sin embargo, hay un posible tercer momento que, en caso de presentarse, tendría consecuencias muy severas. Se trata de la eventualidad de una situación de crisis aguda de la balanza de pagos que, a su vez, haga colapsar el tipo de cambio. Ello se daría si la disminución en las exportaciones, las remesas, el turismo y los flujos de capital se profundiza, sin que, a la par, haya una reducción concomitante en las importaciones. Una fuerte devaluación, de llegar a darse, tendría severas consecuencias inflacionarias y recesivas.
Pero hay también factores internos a la economía nacional, que podrían complicar las cosas. Ya no son, como en otros tiempos, las finanzas públicas. Si, en cambio, los excesos del endeudamiento privado. Y esto es algo que fácilmente se engarza con el deterioro que viene de afuera, ya que el aumento del desempleo y el frenazo de la producción traerán problemas para empresas, personas y familias endeudadas. Eventualmente esto se convertiría en una fuerza que profundizaría la recesión e impactaría, incluso, sobre las finanzas de los bancos.
Ese es, muy a grandes rasgos, el cuadro que la economía de Costa Rica ya está empezando a registrar en este momento. De seguro, las cosas se deteriorarán mucho más a lo largo del año venidero ¿Qué debería hacerse para prevenir un agravamiento del problema y, en especial, para aminorar sus efectos sobre las condiciones de vida del pueblo, en especial la gente más pobre y vulnerable?
Sugiero una respuesta en dos partes:
- primero, garantizar comida y empleo
- segundo, impedir el derrumbe de la economía
Formularé algunas ideas derivadas de estos dos criterios. Advierto que esta es una propuesta que, por razones de espacio, deja por fuera elementos que podrían ser importantes.
2) ¿Cómo se garantiza el empleo y la comida?
Pues, primero que nada, volviendo los ojos hacia aquellos sectores y actividades que, durante los últimos 25 años, han sido pospuestos y dañados por el neoliberalismo. Ello incluye, en primera instancia, a todo ese amplio sector de micro, pequeña y mediana empresa que, aunque maltratado y disminuido, aún sobrevive. En su gran mayoría no exportan. No es a su favor que actúan las plutocráticas y entreguistas cámaras empresariales, pero, en cambio, tienen un potencial de generación de empleos del cual carecen las transnacionales, no obstante los chineos sin límites que éstas han recibido de todos los gobiernos neoliberales.
Junto a las pequeñas y medianas empresas deben apoyarse también las formas cooperativas y asociativas de propiedad. Y tratar de hacer todo esto dentro de un esquema de políticas que intente equilibrar las urgencias del corto plazo con las necesidades más permanentes, derivadas de una visión de largo plazo. En lo inmediato, estas empresas deberían recibir estímulo y apoyo para que dinamicen el empleo. A mediano y largo plazo su desarrollo debería incorporar ciencia y tecnología; desarrollo de redes y encadenamientos; formas de organización que les permita un fortalecimiento conjunto de potencialidades productivas y de mejoramiento. Y todo esto dentro de una propuesta de conjunto donde el mercado nacional y el de exportación se equilibren y complementen.
Consideremos lo de la comida. Ello implica, nuevamente, sacar a la luz lo que el neoliberalismo quiso enterrar. En este caso la agricultura y la producción campesina. Éstas deben recuperar la centralidad que les corresponde, ya que de ello depende que, con un mínimo de seguridad, podamos disponer de una oferta suficiente, a precios apropiados, de productos alimenticios básicos. Esto exige una amplia y muy activa política agropecuaria.
3) Políticas
Todo lo anteriormente anotado requiere de un paquete apropiado de políticas, tan coherente y completo como sea posible. Junto al apoyo técnico, la capacitación, la transferencia de tecnología, el desarrollo de redes y el fortalecimiento de la organización de las empresas, se requeriría crédito. Pero éste no llegará a esas empresas si para ello nos atenemos al paquetazo de US$ 117 millones que el gobierno quiere entregar a los bancos públicos. En su forma actual, eso es, simplemente, más de lo mismo: búsqueda de ganancia por parte de los bancos y, a la par, crédito para consumo, para las grandes empresas y, en especial, para los devastadores proyectos inmobiliarios en las zonas costeras. Se reeditaría así, una vez más, el mecanismo de especulación y despilfarro característico de esta estrategia neoliberal.
El mecanismo del crédito debe ponerse a caminar de forma selectiva. Deben definirse y aplicarse, con meticulosidad, criterios muy claros: apoyo a la producción por parte de empresas nacionales -sobre todo micros, pequeñas, medianas y cooperativas- que generen empleo abundante, con el máximo respeto al medio ambiente, los derechos laborales y las leyes tributarias.
Todo esto podría complementarse con una política activa de inversión pública. Habría aquí un objetivo de reactivación de la economía, a la par de un esfuerzo encaminado a iniciar la recuperación de la infraestructura pública (puentes, carreteras, sistemas de alcantarillado, aeropuertos, puertos, etc.), prácticamente colapsada gracias a la dogmática neoliberal. Pero para llevar esto adelante no debería recurrirse a financiamiento proveniente de organismos como el BID y el FMI, con un largo historial de dañinos condicionamientos. Costa Rica debería explorar posibilidades de integración y aprovechamiento de alternativas que hoy día están en proceso de fortalecimiento -como Petrocaribe o el Banco del Sur- los cuales promueven la cooperación e integración de los países latinoamericanos y la promoción de modalidades de desarrollo autocentradas y soberanas.
El país debe estar preparado también para prevenir la posibilidad de un colapso mayor, que podría derivar de una crisis aguda en la balanza de pagos. El financiamiento externo -en las condiciones que propongo en el párrafo anterior- es, desde luego, una alternativa necesaria. Pero, de ser necesario, debemos estar en posición de imponer límites a los movimientos de capitales así como controles y restricciones a las importaciones. De otra forma, y de llegar a profundizarse el deterioro de la situación, el país podría enfrentar una devaluación que tendrían graves consecuencias.
Para el neoliberalismo criollo la posibilidad de restringir o controlar importaciones y flujos de capitales es anatema. Ello evidencia, con especial claridad, que su ideología es una religión dispuesta a sacrificar la vida de las personas de carne y hueso. Desde una visión alternativa debemos estar dispuestos a hacer lo que deba hacerse para garantizar el derecho elemental a una vida digna para toda nuestra gente.
También hay que tener presente la eventualidad de una agudización de los problemas asociados al excesivo endeudamiento privado gestado durante los años anteriores. Ello podría requerir procesos de reestructuración de las deudas, pero, sobre todo, y pensando en una perspectiva de mediano y largo plazo, esto debería dar lugar a una profunda reformulación de la organización y funcionamiento del sistema bancario y financiero. Son muchos años de irresponsabilidad, de especulación y despilfarro. Este sistema financiero es una poderosa maquinaria que propicia el enriquecimiento de unos cuantos y promueve un crecimiento -verdadero maldesarrollo- fracturado por grandes desequilibrios: en lo social, ambiental y económico.
4) Para concluir
Deberíamos tener la capacidad para sobrellevar la tormenta económica logrando disminuir al mínimo los daños que provoque sobre la vida de nuestro pueblo. Además, deberíamos aprovechar la crisis como una oportunidad para empujar hacia cambios que renueven y vigoricen a profundidad la democracia, recuperen la soberanía, le den un nuevo estatus a los criterios de justicia e igualdad y den primacía al medio ambiente.
Lo malo es que en el gobierno están los Arias. Y, entretanto, domina la división del lado de la oposición al neoliberalismo, lo mismo partidos que organizaciones ciudadanas. No hemos tenido la capacidad y generosidad suficientes para reconstituir la unidad que construimos durante nuestra lucha contra el TLC. En parte, me parece, por las vanidades, personalismos y afanes hegemonistas de algunos. En parte, también, por las tremendas rigideces ideológicas y alto grado de intransigencia de otros. Saco de todo ello una conclusión básica: como movimiento social alternativo aún nos queda mucho por madurar políticamente.
Y, sin embargo, ¡que urgente es recomponer la unidad! Sobre todo cuando se cierne sobre nuestra cabeza una crisis tan amenazante.
Luis Paulino Vargas Solís | 29 de Noviembre 2008


2 Comentarios
Todavía hay lectores de Tribuna que aman este gobierno y por supuesto son los mismos que juran que el TLC sera aquello que durante meses dijeron TRABAJO PARA LOS COSTARRICENSES. Yo espero esa promesa pues la hizo un “sabio”
Sobre la unidad yo tengo la confianza que otros “sabios” entiendan que si no la hacen tendrán sobre sus espaldas la ineludible y horrorosa responsabilidad de perder definitivamente el país. ¿Cuán grande será su EGO?
Lo peor es la inercia del gobierno que parece creer en que nada de lo que pasa en el mundo nos afecta a nosotros que somos una islita privilegiada. Lo siguiente mas malo es la incapacidad de reacción de la sociedad civil, ya sea por celos de protagonismo personal, o por la rigidez ideológica que don Luis Paulino apunta: la cosa es tan grave que todavía las organizacines agrarias no han podido aglutinar la propuesta de una política agraria al gobierno, que quizo mediar la iglesia. Y el gobierno, incapaz de abandonar su propia rigidez ideológica, ignora deliberadamente la causa principal de la escases de alimentos, y niega que la crisis alimentaria mundial nos afecte; como si Costa Rica no estuviera ya mismo importando mas de la mitad de lo que se come. Dicen que Dios ciega al que quiere perder. Por cierto que la mayor rigidez idológica ahora es la de poner todos los huevos en el canasto de la inversión extranjera y la exportación. ¿Cómo pueden esos mismos hombres fomentar el mercado local y fortalecer a las empresas que producen para él? Estamos atados de manos y piés.