La crisis económica actual es de tal magnitud, que las cifras de dólares inyectados rebasan la capacidad mental de mortales como yo, por eso para entender lo que significan los 700 mil millones de dólares que el gobierno entregó a las corporaciones gringas para salvarlas, saqué la cuenta que equivaldría darle a cada costarricense: hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas, a todos por igual ¢87.000.000. (Sí, 87 millones de colones a los 4 y medio millones de ticos) ¡Casi nada!
El dinero para salvar a los corruptos que provocaron la crisis saldrá del bolsillo de la gente común y corriente. Nueva modalidad: ¡distribución de la riqueza pero al revés! Así lo explica entre otros el artículo “Las desvergüenzas del capitalismo” de José Vidal Beneyto publicado en El País, reproducido en www.tribunademocratica.com/2008/11/lasdesverguenzasdel_capitalismo.html
Entonces escuchamos que si Keynes o Galbraith tenían razón, si es necesario un nuevo Bretton Woods, si Adam Smith, Phelps o Paulson, si liberalización y patriarcado, mercado o regulación, patrón oro o libre comercio, Greenspan o el New Deal de Roosevelt para dar salida a la crisis, y entonces de nuevo los mortales como yo nos quedamos viendo para el ciprés.
Aunque suene muy ingenuo, creo que el modelo más sencillo que a ningún gobernante se le ha ocurrido aplicar es el de la economía maternal, es decir, la que utilizan las simples y sencillas mamás. Antes de que me aplasten por ser tan tonta voy a describir a qué me refiero, después si quieren, se pueden burlar los que “sí entienden”.
La economía maternal es emular el comportamiento de una madre con un presupuesto limitado, con poca comida para llevar a la mesa, que siempre hace milagros para que todos los hijos e hijas coman por igual sin que la acusen de comunista o extremista por actuar así. Muchas mamás en la pobreza más absoluta son capaces de compartir con quien tiene menos que ella.
Si el marido queda sin empleo o es jefa de hogar, no gasta en lujos ni paseos, se ajusta a un presupuesto más reducido y busca la forma de hacer plata de manera creativa. No “invierte” un céntimo en lotería o lujos, más bien vive con frugalidad.
Si tiene casa propia, no la vende para consumo sino que la cuida amorosamente para dar seguridad a sus hijos. Muchas madres logran ganar dinero cuidando güilitas del barrio y cobran, mientras atienden sus propios hijos. Las talentosas para la cocina o costura hacen encargos y así se redondean una platita adicional.
Si tienen un pequeño patio, aprovechan para sembrar su huerta o convierten tarros vacíos en macetas. Aprovechan las semillas del chile dulce, tomate, culantro, consigue hijos del orégano, tomillo, apio y así siempre tiene olores para la comida e intercambia con sus vecinas. Los desperdicios de la cocina se convierten en compost, el agua se cuida y por ningún motivo se ensucia ni se mezcla agua limpia con agua sucia. Un palito de limón, cas o guayaba sirve para hacer frescos o conservas.
La luz o el gas no la desperdician, el calor residual se aprovecha para cocinar, un par de cajas de cartón pintadas en su interior de negro son una cocina solar en lugares donde abunda el sol.
El transporte público es la mejor opción para trasladarse de un lugar a otro, el taxi cuando van varias personas y el autobús si va sola o tiene tiempo, el niño más pequeño en se lleva en brazos y así economiza un pase sin dañar a nadie o lesionar la economía formal.
Los servicios de salud de la CCSS se aprecian, miles contribuyen para sostenerlo en lugar de ir al médico privado que resulta carísimo. Igualmente la escuela pública es donde la mayoría envía a sus retoños y le da gran importancia a que aprovechen las oportunidades, aunque sean pequeñas para surgir. La seguridad es importante para velar por la tranquilidad, no para reprimir a nadie.
Tanto el teléfono público como las tarjetas le permiten comunicarse si no puede pagar teléfono en la casa. El celular es un lujo, pero muchas madres lo tienen por necesidad o para trabajar. Su aporte a la sociedad no aumenta el PIB ni la PEA, por ello son invisibles, pero su aporte es invaluable. Muchas personas actúan así sin tener hijos, porque no es un asunto e género o procreación, sino de actitud pertenecer a este honroso círculo.
Nuestros despampanantes gobernantes en lugar de usar esa lógica sencilla, hacen crecer la desigualdad, no fomentan la solidaridad, gastan en lujosas recepciones y viajes innecesarios aún cuando el país entero esté en la ruina, inundado o en llamas. No tienen creatividad para generar ingresos o empleos de calidad y desperdician lo que no les cuesta.
Entregan el patrimonio nacional y venden la Patria al mejor postor, ceden a presiones de las transnacionales como el patentamiento de las semillas y la biodiversidad, se doblegan ante principios básicos de seguridad y soberanía alimentaria, acogen como buena la minería que envenena el agua, cortan árboles que nos podrían salvar. No fomentan el reciclaje y las formas novedosas de generación de energía. No invierten lo que se necesita en moderno transporte público, ni en educación o salud.
Van a universidades públicas pagadas por todos los contribuyentes y luego se ufanan al decir que “la universidad no pasó por ellos”. Acharita, ¡tantos podrían haber aprovechado esa oportunidad!
En lugar de brindar seguridad al pueblo, con doble moral apoyan la fabricación e importación de armas, nos espían a través de la DIS y reprimen a la gente en lugar de protegerla, saquean al ICE como co-generadores y ahora con la supuesta apertura y fortalecimiento esperan como lagartos tragarse ese rentable bocado.
¿Cómo podríamos meterles en la mente algo tan sencillo como sería el concepto solidario y amoroso de una economía maternal si lo que les interesa es sólo la parte material y los anima el egoísmo?
Yo sigo convencida que lo simple, lo pequeño, lo austero es lo más bello y me encanta vivir de esa manera. Ojalá algún día sean las madres, quienes tomen las riendas de la “Matria” (en lugar de la Patria), pero en su dimensión de “mujeres de verdad” que no necesitan imitar a los hombres para parecer muy machas. Ese cambio sí sería bueno y todos seríamos más felices, acurrucados, como sabemos se siente al estar en el amplio regazo de las madres donde todos cabemos, donde la riqueza resulta superflua e innecesaria, porque ahí la seguridad y el bienestar son un don y un hecho.
Flora Fernández | 29 de Noviembre 2008


5 Comentarios
Hace apenas unos años se hablaba del fenómnneno masculino elitista del gobieron (Men in groups), pero ahora hay en la élite una buena representación de mujeres. Lo que pasa es que imitan la conducta de los hombres y se comportan como ellos; de hecho, cuesta mucho ver la diferencia. Pero sí tiene mucho sentido sospechar que su gestión incontaminada sería diferente: ese podría bien ser el objetivo del “género”, sobre todo cuando ya no es necesaria la espada, pero la imitación no; la imitación es peor. Está aquí también envolcrado el copncepto de la sobriedad y la sencillez que desaparecen con el poder; un fenómento que es necesario combatir, y que tal vez se elimine si privara el criterio maternal.
Muy bien; lo de la economía maternal, no hay duda que parte de esa practica sencilla es lo que sostiene a nuestra sociedad.También he venido sosteniendo desde hace mucho tiempo que las mujeres son mejores administradoras precisamente por lo que usted señala. Ahora tratandose de nuestro país donde la economía la manejan cuatro vacas sagradas y tratan el asunto como si fuera un gran casino cualquier feligres puede ser economista e incluso mejor que cualquiera de ellos. Y aún más simple si en este país quienes reciben el (PIB)entregaran tan solo la décima parte de esas utilidades, no haría falta tantos bancos, ni burocracia, ni siquiera los seudoecon
Muy bien; lo de la economía maternal, no hay duda que parte de esa practica sencilla es lo que sostiene a nuestra sociedad.También he venido sosteniendo desde hace mucho tiempo que las mujeres son mejores administradoras precisamente por lo que usted señala. Ahora tratandose de nuestro país donde la economía la manejan cuatro vacas sagradas y tratan el asunto como si fuera un gran casino cualquier feligres puede ser economista e incluso mejor que cualquiera de ellos. Y aún más simple si en este país quienes reciben el (PIB)entregaran tan solo la décima parte de esas utilidades, no haría falta tantos bancos, ni burocracia, ni siquiera los seudoeconomistas.
Lic. Roy Rodríguez A.
¿Cuánto es 87 mil millones u 87 millones para cada uno de nosotros?
Si no es 87 mil millones yo ni hago fila para recogerlos.
Curiosamente, gran cantidad de economistas se vuelven ahora hacia Lord Keynes pero olvidando que también son suyas las siguientes palabras: “Por lo menos por otros cien años debemos aparentar, con nosostros y con con los demás, que lo bello es sucio y lo sucio es bello (fair is foul and foul is fair), porque lo sucio es útil y lo bello no lo es. La avaricia, la usura y la previsión (seguridad económica) deben ser nuestros dioses por un poco más de tiempo todavía.” Tal parece que seguimos dentro del siglo previsto por Keynes. Nadie sin embargo, entre los economistas, se vuelve al gran profeta de su profesión: Fritz Schumacher (“Small is Beautiful”), quien anunció al mundo (1970-1975) que la economía neo-clásica (con Keynes incluido) estaba muerta y era inhumana, que una mayor producción de bienes no haría más feliz a la gente, que las tecnologías de gran escala eran deshumanizantes y moralmente equivocadas, y que “el ser humano es pequeño y por lo tanto, lo pequeño es bello.” Schumacher, con su premisa lógica de la imposibilidad del crecimiento infinito en un medio finito y su teoría/recomendación de las “tecnologías intermedias”, no hizo otra cosa que dar un espaldarazo desde la ciencia económica a la “economía maternal” que Flora Fernández con acierto y conocimiento esboza. A ella le dedico un sabio proverbio bretón de antigua data: “La mujer es más profunda que el más hondo de los océanos.”