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De la mano con Martí en Costa Rica

Alfonso Chase | 19 de Noviembre 2008

La huella imborrable: las dos visitas de José Martí a Costa Rica (1893-1894) Armando Vargas Araya Euned 2008

Por fin Armando Vargas Araya (1946), publica este libro sobre las dos visitas de José Martí a Costa Rica, bajo el sello de Euned, y con la copiosa información que dimana del hecho y las interpretaciones del autor sobre la importancia del prócer en la memoria colectiva, de la generación primera que supo de él, y los que durante años conservan el legado de Martí, como parte de su propia vida, trasmitiéndolo a sus discípulos al través de tiempo. Como es costumbre en Vargas Araya, su prosa activa y el valor diáfano de sus palabras, e investigaciones, nos presentan un universo en donde la presencia de Martí se amplía gracias al valor del conocimiento en detalles, la relación que éste establece con Costa Rica y la creación, en la prosa del cubano, de un país percibido con notable inteligencia, sensibilidad y amor, que es lo que Martí tuvo para con nosotros y fuera reciprocado por nuestros abuelos, según cuentan las crónicas orales de la época, que luego se transformaron en escritos de testimonio, reales o soñados, que dan a este libro ese halo de magia, como si Martí estuviera de nuevo entre nosotros.

Como en otros libros de Vargas Araya el texto central nos hace recorrer la historia y las notas de página nos adentran en detalles, imprescindibles a la hora de entenderlo como un todo, con el método de hacer de la historia un recorrido contextual de gran valor informativo, en ese interés del autor de crear y recuperar la memoria histórica de la nación costarricense y mostrar los tejes y manejes de la política internacional, que incluye al Istmo, a Cuba y, particularmente, a Costa Rica.

El Martí de Vargas Araya es como él realmente fue. Un pensador visionario, un abogado estudioso de los asuntos internacionales, un político muy especial pero, sobre todo, un analista del papel de los Estados Unidos, y el gran capital, en el avance de las grandes empresas comerciales, lo que el autor subraya siempre: el progreso invasor. De allí que esta obra tiene un hondo contenido político de la lucha liberadora de los cubanos, la posterior Guerra del 98, los problemas internos y la presencia del pensamiento martiano en el análisis de los asuntos más inmediatos de la historia de su época. No es solo la historia de la visita de un ser excepcional, recibido con los brazos abiertos, de sus discursos o cartas posteriores, sino la influencia carismática, y hasta espiritual, de un hombre que supo ver más allá del alma nacional de su tiempo, en la Costa Rica ya república, como él lo dice, sino en el futuro de lo que se ha llamado la singularidad de nuestro país.

La huella imborrable de Martí (García Monge), es lo que recoge el autor de las visitas, más la imagen profunda de este país en la mente luminosa del viajero. Pareciera que es tal el interés de Vargas Araya en lo que narra que podemos seguir a Martí, casi paso a paso, por la República Esmeralda y la Industriosísima Colmena, lo que junto a él ocurre, sus reuniones con sus compatriotas, el sentido de admiración de los costarricenses y el calor que dimanan éstos ante este personaje inconmensurable. Otro aporte valioso es el detenimiento en algunas ideas de Martí sobre nuestro país, antes de llegar a sus costas, por medio de la información, el conocimiento de algún costarricense, o la idea, que ya circulaba, de cómo era en la realidad, y la fantasía, el país que ya él adivinaba.

Es tan completo este libro, tan prolijo, que no falta detalle alguno: testimonios de los actos, artículos periodísticos, cartas, descripciones propias del autor, para darnos un vívido sentido de las visitas y la importancia de ellas en la formación de la memoria histórica de su tiempo.

Los detalles de la gesta de los patriotas cubanos en Costa Rica están muy bien documentados, todo lo cual se complementa con el epílogo y las referencias bibliográficas. Una obra que logra darle forma a las dos visitas de José Martí (1893-1894), sus opiniones sobre el país, tan hermosas como certeras, y el valor del análisis de Vargas Araya que complementa sus otros trabajos sobre diferentes temas, en los cuales la identidad nacional, y el valor de la historia, marcan hitos en nuestras ediciones.

(“La Ronda de los Libros”, en la revista Abanico, de La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 19 de Noviembre 2008

3 Comentarios

* #15217 el 20 de Noviembre 2008 a las 11:57 PM Luis Diego Castro Gutierrez dijo:

Segun me contaron, en una de las visitas de Marti, se realizo una velada en su honor en el Teatro Variedades, a mi tia abuela la soprano Angelina Castro Mendez, quien habia estudiado canto en Italia, le pidieron que cantara. Toda mi familia fue por supuesto, su hermano Jenaro Castro Mendez,era Administrador del Teatro Nacional, otros hermanos como los abogados Angel Anselmo y Gerardo tambien fueron a escuchar a Angelina, recuerdo los comentarios de mi abuela la Prof. Adela Castro Mendez, abuelita nos confio que le llamo la atencion Marti por su palidez. Pero dice que el realmente causo conmocion fue Antonio Maceo por su estatura y corpulencia. Muchos cubanos llegaron a radicar en Costa Rica, en esa epoca, Eladio Prado,Tomas Soley,Jaime Guel, Enrique Odio y otros,ahora estos nombres son muy costarricenses.

* #15240 el 21 de Noviembre 2008 a las 08:56 AM José Rafael Flores Alvarado dijo:

Muy interesante el relato de don Armando Vargas sobre las visitas a nuestro país del prócer cubano José Martí, donde indican las crónicas de la época hizo una excelente presentación en el Colegio de Abogados de nuestro país que fue ampliamente aplaudida y los nexos que tuvo con su coterráneo Antonio Maceo, preparando la invasión en pro de la independencia de la perla del caribe. Excelente el comentario al respecto del escritor don Alfonso Chase.-

* #15277 el 22 de Noviembre 2008 a las 06:07 AM Olga Isabel Castro Gutiérrez dijo:

Al igual que mi hermano Luis Diego, recuerdo como mi abuelita la Prof. Adela Castro Méndez nos relataba que el poeta cubano José Martí visitó su casa en la cual realizaban hermosas veladas en donde cada cual de los invitados o de la familia, participaba según sus habilidades; así por ejemplo Angelina cantaba, Adela tocaba la guitarra, el piano o declamaba y nos decía sobre José Martí que le impresionaban enormemente sus ojos… su mirada tan profunda e inteligente, sus cejas muy pobladas y su escepcional oratoria.

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