Washington, D.C., 30 de noviembre de 2008.
Señora Carmen Jiménez Presente
Estimada doña Carmen:
Reciba mi saludo atento. Le agradezco mucho su respuesta a mi artículo publicado hace algunos días en El Financiero.
Aprecio, en particular, su invitación a que me disculpe públicamente. Le aseguro, eso sí, que resulta innecesaria. La remito a mi carta de renuncia, a todas las declaraciones que di en los difíciles días que precedieron a mi salida del gobierno y a las pocas entrevistas que he dado desde entonces. No tengo problemas, sin embargo, en pedir disculpas de nuevo por el error político que cometí. Lo hago ante usted ahora y lo haré tantas veces como sea necesario ante cualquier persona.
Debo decirle que lo hago sinceramente y con todo gusto, porque en verdad -y por curioso que pueda parecer- me siento muy afortunado de haber pasado por este duro trance, que me ha enseñado una lección de humildad, que probablemente necesitaba muchísimo. No sólo eso. También me ha enseñado, más que cualquier biblioteca, sobre mi propia falibilidad y sobre la necesidad de someter cotidianamente mis convicciones y acciones a la crítica más robusta, como único método para crecer como persona.
Será por eso que se me dificulta cada vez más comprender a quienes ven la brizna de hierba -léase la intolerancia, la maledicencia, el fanatismo- en el ojo ajeno y son totalmente incapaces de ver la viga en el propio. Le confieso que me cuesta mucho entender cómo puede dar cátedra de tolerancia política y sostener que los fanáticos están del otro lado de la barrera, quien insiste en que el Presidente de la República no es su presidente, que Costa Rica es una democracia de mentirillas y que nos gobierna una dictadura.
Sólo señalaré lo que debería ser obvio. En una democracia de mentirillas o una dictadura no estaríamos teniendo este intercambio epistolar. Aún más, en una dictadura la oposición no habría tenido ninguna posibilidad de exigir con éxito la renuncia de un vicepresidente de la República. Por amargo que haya sido el trago para mí, celebro que lo haya podido hacer. Tengo familiares que han sido presos políticos en Cuba, otros que vivieron la pesadilla del nazismo en Alemania y grandes amigos que fueron acosados por las dictaduras fascistas del Cono Sur. Algo sé de dictaduras aunque, precisamente por haber tenido la suerte de nacer en Costa Rica, no las haya experimentado en carne propia. Sé lo suficiente, por cierto, para distinguir entre Oscar Arias y el General Videla. Quien no es capaz de hacerlo no sólo no tiene idea de lo que dice sino que cierra el camino a cualquier discusión política racional.
Me temo que aquí todos estamos -unos menos, otros más, yo mucho- para ofrecer disculpas por la enorme falla colectiva de racionalidad que significó el episodio del TLC. La marginal importancia de éste para nuestro desarrollo nunca debió dar pie a una confrontación tan larga y tan áspera. Y esa simple lección, esencial para el futuro de Costa Rica, no la podremos aprovechar mientras todos no hagamos un ejercicio serio de introspección. Ciertamente no la aprovecharemos mientras algunos participantes de la discusión insistan en autoabsolverse de toda responsabilidad y en convertir sus acciones y palabras en el reflejo inmaculado de toda la verdad, toda la moderación, toda la virtud y todo el patriotismo. Así no hay manera.
Ya es hora, doña Carmen, de crecer más allá del destructivo episodio del TLC. Es tiempo de verse en el espejo, revisar prejuicios, sacar las enseñanzas pertinentes de las propias actuaciones y mirar hacia delante. Y de recordar, como lo advirtió Lincoln en medio de una guerra fraticida, que aquí todos -incluido el Presidente Arias- le rezamos a un mismo Dios.
Yo ya hice este ejercicio y estoy seguro de que usted, que no lo ha hecho, tarde o temprano también lo hará.
Respetuosamente,
Kevin Casas Z.
RESPUESTA PÚBLICA
San José, 27 de Noviembre de 2008.
Señor Lic. Kevin Casas Politólogo y Exvicepresidente de la República Presente
Creo que su artículo en El Financiero es claro, con puntos a su favor y bien escrito. Puedo reconocer kilos de verdad a quien piensa diferente a mí…
¡Lástima que externe estos puntos de vista tan tarde! ¿Para qué lamentarse ahora de que el debate antes del referéndum no fue de calidad, sino que fue una discusión deformada? Por supuesto que fue deformada y de pésima calidad, con la razón de un único lado y lamentablemente usted fue parte “-y nada menor-” de ese bando. Es más, su presidente (no el mío) Oscar Arias, se negó sistemáticamente a debatir, estando obligado a hacerlo por ser el líder máximo, promotor y además parte interesadísima en el negocio del TLC (azúcar, salud, telecomunicaciones, biocombustibles, minería y más recientemente el negocio de las armas).
Dice usted también, que no espera que sus “…razones convenzan a quienes, con ojos desorbitados, las venas saltadas y resentimiento social a flor de piel, son incapaces de reconocer una onza de verdad a quien piensa diferente. No es a ellos a quien me dirijo. Quisiera, más bien, que me leyeran quienes sí están dispuestos a tener una discusión matizada sobre la apertura comercial y sus efectos.”
Yo le sugiero que reflexione y a conciencia recuerde (o se ayude con grabaciones) quiénes eran los que tenían los ojos desorbitados y las venas saltadas en cada anuncio televisivo y en cada “debate de mala calidad y discusión deformada”. Esos eran los prepotentes negociadores de este adefesio y los acólitos de “su majestad” y, nadie más. Las personas del otro lado de la barrera estábamos impotentes, atados de pies y manos sin los recursos y acceso a la prensa y, con un Tribunal Electoral parcializado a favor de ustedes.
Le aclaro que quienes adversamos el Cafta no tenemos “resentimiento social a flor de piel”. Simplemente sentimos animadversión hacia este régimen dictatorial, de engaños, mentiras, despilfarros e imposiciones, que siempre tiene la razón encontrando un chivo expiatorio y, que no merecemos. ¡Democracia de mentirillas!
Yo le deseo que aunque tarde, pueda usted tener públicamente una “discusión matizada sobre la apertura comercial y sus efectos” que sea de altura y no como los “debates de mala calidad y deformados” que se dieron durante el proceso del referéndum.
Estoy segura de que en este momento, con las ideas que expone en su artículo, podrá hacerlo con elegancia y buenos argumentos, pero le recuerdo antes que nada, que sobre todos los Caftas y referéndums, usted tiene una deuda inmensa con la Historia, con Costa Rica y con los costarricenses. Antes de seguir sacando la cara en sus artículos de opinión, debería, con altura, valentía y honor, brindarle a este pueblo una disculpa de frente y sin evasivas, por el Memorándum del Miedo que redactó conjuntamente con el diputado Fernando Sánchez Campos y que tanto daño le hizo a todo este proceso, principalmente al país y, a usted mismo.
La semilla de la cizaña que usted sembró junto a Sánchez germinó y se extendió tanto, que sigue hasta hoy dividiendo a la familia costarricense.
Si Fernando Sánchez, en su afán de seguir aferrado a una curul y vivir protegido por la sombra de su familia, actúa con cobardía, al menos usted (que pareciera pertenecer a una casta más noble), actúe con hidalguía y elegancia. Ya es muy tarde para lamentaciones, más nunca lo es para reconocer y rectificar errores y, mucho menos para saber ofrecer disculpas.
Carmen Jiménez
A PESAR DE LOS PESARES
Por Kevin Casas
Hace un tiempo publiqué un artículo en la revista Yale Global, que por expresar puntos de vista críticos sobre el libre comercio generó aquí reacciones curiosas, incluso en estas páginas. Como algunas de ellas revelan serios equívocos no está de más escribir otra cuartilla.
En mi artículo señalo claramente que el libre comercio es un objetivo deseable para los países en vías de desarrollo. La evidencia sustenta ampliamente los efectos beneficiosos de la apertura comercial y aún mejor los terribles efectos del proteccionismo, como lo demostró la experiencia de la Gran Depresión.
Otra cosa es cómo se conduce la discusión de la liberalización comercial en la práctica. Sobre esto sí siento desilusión -la misma que tienen desde la OMC hasta Oxfam- de ver cómo lo que podría ser un proceso beneficioso para todo el mundo, termina por distorsionarse en los hechos.
Al decir que hay hipocresía en el discurso de los países desarrollados, que la asociación de la apertura comercial con la venta de empresas estatales es desafortunada, que el debate democrático sobre el libre comercio ha sido escaso en todas partes y que el libre comercio tiene efectos negativos sobre la desigualdad, estoy diciendo cosas obvias, que yo, al menos, sé desde hace tiempo.
Pero hay que tener cuidado con saltar a la conclusión de que, por todo ello, era mejor rechazar el Cafta. Quien así argumenta sufre una enorme pereza mental.
Veamos cada argumento del artículo:
a) La duplicidad de los países desarrollados ha impedido el éxito de la Ronda de Doha, donde los países en vías de desarrollo pueden defender sus intereses con mayor probabilidad de éxito. Yo deploro esa duplicidad, pero no estoy dispuesto a renunciar a la posibilidad de continuar el proceso de apertura comercial -esencial para Costa Rica- por medio de acuerdos bilaterales o regionales, por más que sean menos deseables. El costo que impone la hipocresía de algunos países sigue siendo menor que el de dar la espalda a la globalización.
b) Entiendo por qué en el debate público la privatización ha terminado en el mismo saco que la apertura comercial pero igual lo lamento, pues se trata de procesos distintos. Uruguay y Costa Rica han abierto sus economías al comercio, pero no han privatizado. Brasil ha privatizado casi todo, pero sigue siendo una economía relativamente cerrada. Muchos procesos de privatización en América Latina fueron un desastre pero eso me dice poco sobre los méritos de la apertura comercial. En todo caso, el Cafta no ha privatizado al ICE o al INS y es dudoso que ese vaya a ser el resultado final. No pasó con la apertura de las telecomunicaciones en Uruguay o los países nórdicos y de nosotros depende que no pase aquí.
c) La afirmación de que el libre comercio no ha ido acompañado de un debate democrático no se aplica a Costa Rica y al Cafta, como yo lo advierto en el artículo. Para algunos, un debate de casi cinco años y un referéndum no son prueba de apertura democrática, pero sospecho que quienes así opinan no tienen un problema con el procedimiento sino con su resultado.
d) Si el Cafta va a complicar los problemas distributivos en Costa Rica, eso no es razón suficiente para oponerse a él, sino para impulsar la clave para una transformación progresista en Costa Rica: una reforma tributaria digna de ese nombre. Los países nórdicos están entre los más equitativos del mundo y entre las economías más abiertas.
e) El tema de la propiedad intelectual y el desarrollo va más allá de lo negociado por Costa Rica en el Cafta. Las regulaciones globales de protección a la propiedad intelectual son casi tan preocupantes. He ahí un problema que Costa Rica no puede resolver sola. Tratar de resolverlo en el marco del Cafta es inútil. Eso requiere una coalición más amplia de países en los foros multilaterales.
Ninguno de estos argumentos conduce a rechazar el Cafta. Ello por una razón elemental. Nunca he afirmado que el Cafta es una muestra óptima de lo que debe ser un tratado de libre comercio. Se trata de un acuerdo con deficiencias, pero cuyo balance general para el país es defendible,no porque sea la clave de nuestro desarrollo, sino porque la opción de quedarse fuera de él era y sigue siendo mucho peor.
Siempre tuve claro que estábamos escogiendo entre opciones muy imperfectas, como tantas veces sucede en la política. Pero volvería a votar a favor del Cafta por motivos pragmáticos, sin grandes ilusiones y con conciencia de las limitaciones de lo que estoy escogiendo. Hay Aquí, pues, dos proposiciones no excluyentes: 1) El libre comercio es un objetivo deseable, pero es imprescindible mejorar y democratizar la forma en que se traduce en la práctica. 2) El Cafta es una muestra bastante imperfecta de acuerdo comercial, pero adoptarlo con sus defectos es mejor que la opción de rechazarlo. Ambas proposiciones son debatibles, pero aceptar la primera no obliga a rechazar la segunda.
No espero que estas razones convenzan a quienes, con los ojos desorbitados, las venas saltadas y el resentimiento social a flor de piel, son incapaces de reconocer una onza de verdad a quien piensa diferente. No es a ellos a quien me dirijo. Quisiera, más bien, que me leyeran quienes sí están dispuestos a tener una discusión matizada sobre la apertura comercial y sus efectos.
Aunque tuvimos un debate nacional antes del referéndum todos sabemos que no fue un debate de calidad, sino una discusión deformada por las medias verdades y las descalificaciones mutuas. Yo fui parte -y parte nada menor- de esa falla colectiva. Ahora lo lamento. Por la salud de nuestra discusión pública quisisera ver a muchos otros -en ambos lados de la barrera- hacer aunque solo fuera un atisbo de este reconocimiento.
(El Financiero, 24-30 de noviembre de 2008)
El Editor | 30 de Noviembre 2008


11 Comentarios
Muy buena la carta de Doña Carmen. Y qué bueno para hablar paja y hacerla sonar bonito este Don Kevin. Bueno, es su trabajo. Suponemos que no ignora que justamente su tirano presidente ya no podría ser un Videla. En esta guerra de cuarta generación, que le dicen, el Nobel es un clarísimo ejemplo de dictador de nuevo cuño, amparado en los medios de comunicación y las instituciones corruptas, un Tirano en Democracia, como se autodenominó tan bien. Y sobre su defensa del TLC, tan bonita, suponemos que tampoco desconocerá las declaraciones de Joseph Stiglitz, ex Economista Jefe del Banco mundial y Premio Nobel de Economía en Guadalajara, 2006(1).
“Cuando una nación está en crisis, el banco Mundial, el FMI y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos toman ventaja y le exprimen hasta la última gota de sangre. La corrupción que promueven destruye la democracia. No erradican la pobreza, la aumentan. Siempre hubo un ingrediente de hipocresía en la política comercial norteamericana y en su retórica. Los acuerdos de libre comercio no son tan libres, son totalmente dirigidos. Hay incluso una farsa permanente, que consiste en que el país redacta una carta de intenciones, en la que detalla lo que piensa hacer, pero en realidad le han dicho previamente lo que tiene que escribir. Se lo han dictado. De esta forma han condenado pueblos a la muerte. No les preocupa si la gente vive o muere. Avivan el fuego, hasta que finalmente la caldera explota.”
Y suponemos que tampoco desconocerá lo dicho por Danny Leipziger, Vicepresidente y Jefe de la Red de Reducción de la Pobreza del Banco Mundial, en el mismo Foro: “Ya se le acabó lo bonito al Tratado de Libre Comercio, hay que repensar la situación”.
Si no conocía estas y tantas otras opiniones y análisis de dominio público, esperemos que don Kevin se informe un poco más, y pueda darnos en algún momento razones más convincentes. Estas no se las cree ni él.
(1) Entrevista de la periodista filipina Carmela Cruz para la revista norteamericana Foreign Policy Focus. Foro Internacional de Economía, Guadalajara, México, Noviembre del 2006.
La soberbia es una forma del resentimiento que probablemente no desorbita lo ojos ni abulta las venas, pero su efecto es igualmente pernicioso y secreto: seca el corazón, dejando a las personas con el único instrumento de la fantasía, el archivo y eso que les da un pretendido poder.
La soberbia es una especie de resentimiento aristocrático emparentado con la frialdad y las distancias; lejanía que nada tiene que ver con la objetividad sino con la cosificación de cementerio. La soberbia se me hace la pasión de los amos.
Estas respuestas de Kevin Casas me parecen interesantes por la forma elegante en que responde desde el duro golpe recibido a su resentimiento de aprendiz de amo. Como si el Kevin intelectual deseara reivindicar su estatus frente al Kevin inmaduro ante la mirada del maestro.
Definitivamente el Kevin que piensa es mucho mas interesante que el Kevin que obedece. Ojala haya llegado a la conclusión, después de una experiencia tan poco feliz, que la nobleza y la inteligencia no tienen amos ni victimas, y que su responsabilidad como persona talentosa e inteligente es impedir que se le seque el corazón.
Hipocresía, es el nombre de este juego. Si don Kevin estuviera arrepentido, se hubiera ya separado de esa maquinaria desgobernante, que sólo maquina estrategias para seguir con la toma del poder. Hubiera ya desemascarado la farsa. Pero no, pide disculpas y sigue adherido al grupo sin ningún pudor. Con la misma estrategia de sus jefes, con la misma dureza y con la misma consigna de que el fin lo justifica todo, hasta parecer arrepentido. Ahora viene la otra etapa, la de mantenerse en el poder y, como saben que andan bajos de popularidad, ahora quieren lograr una Constituyente, la misma trampa del referendum, todo sea para lograr su propósito, que el opositor sea lo más aniquilado posible, neutralizado y debilitado.
El fondo de la argumentación de Casas se resume a esto: dado el contexto, el Cafta sería lo menos peor.
Está bien, menos peor, pero ¿con respecto a qué asuntos? Porque lo que muchos ponemos en la balanza hace que se incline en sentido contrario al suyo. Al parecer, entonces, no partimos de las mismas premisas ni de los mismos valores.
Lo que nunca me creeré es eso de que una cosa es buena en teoría y mala en la práctica, porque si algo es malo en ella es porque la teoría es muy deficiente y no toma en cuenta el peso de elementos reales. En la hipótesis de que con el correr de los años don Kevin cambiara de parecer y llegara a pensar que finalmente el Cafta era lo peor, espero que llegue a admitir que fue porque su teoría andaba errada y no se ampare en eso de que estaba bien pero salió mal en la práctica.
Leyendo el artículo del Financiero y las dos cartas llego a las siguientes coclusiones: 1.Que este señor Casas es cortado con la misma tijera de los del clan al cual pertenece. 2.Que es un un hombre de muchos altibajos en lo que expresa, porque por ejemplo si yo trato de ser una mejor persona que emitan los demás el juicio, no yo. 3.Que se le pasó la mano aleccionando a la señora Jiménez, con semejante “currículum” que lleva sobre su lomo. 4.Que no es un hombre valiente ni valioso, en primer lugar por haberse comportado como un delincuente común junto al diputado Sánchez cometiendo semejante ultraje contra el pueblo. Pero no soy yo quien deba juzgar esto sino la historia. 5.Que es ridículo que hable de que otros ven brizna de hierba en ojo ajeno y no ven la viga en el propio, si es el quien lleva clavadas en sus dos ojos tucas con todo y trailer. 6.Que es un cobarde porque salió corriendo como un pendejo cuando lo presionó la dictadura (en democracia previamente anunciada), asustado por el delito que cometió. Valiente fue Luis Fishman (con quien no comparto) que cuando Abel Pacheco lo hizo a un lado dijo: no me voy porque el pueblo me eligió democráticamente, y se quedó en oficina aparte los 4 años. 7.Que cree que escribiendo estos asuntos en Financiero lo lee una élite de gente como él y menosprecia a un pueblo que no es tonto. 8.Que doña Carmen Jiménez fue muy astuta al decirle que pertenece a una casta más noble porque, esto sirvió de anzuelo para que termine de desenmascararse. Att. José Luis Gómez
Estimada Sra Jiménez:
Acuso recibo de la comunicación enviada al Lic. Kevin Casas; oportunas sus observaciones. Estoy en la obligación de ampliar lo expresado tanto por usted, como en otros comentarios que han llegado por diversas vías refiriéndose a su escrito.
El señor Casas no da ninguna muestra de arrepentimiento sincero, soslaya el referirse al MEMORANDO DEL MIEDO redactado, recomendado por él y por el diputado Fernando Sánchez y puesto en práctica por este gobierno, que en asocio con los grupos más recalcitrantes y conservadores, enemigos eternos del Liberación Nacional Histórico, lo han secuestrado como bien dice Don Luis Alberto Monge, y no tuvieron empacho en impulsar un TLC que a todas luces entrega no sólo nuestras instituciones, sino que nos amarra al destino de otras naciones.
No puede haber olvido de semejante ofensa a Costa Rica, no puede haber descanso hasta que hayamos logrado, no sólo revertir lo que se nos arrebató en una campaña fraudulenta, sino hasta que nuestro pueblo pueda de nuevo transitar por un camino soberano.
El señor Casas irrespetó no sólo su investidura, sino que sigue burlándose de los costarricenses.
Un saludo afectuoso, Fernando Soley Soler
Kevin Casas lo único que pretende es reivindicar su nombre y lanzarse al ruedo de nuevo. El pueblo podrá perdonarlo pero la historia jamás.El es un traidor a la patria sin lugar a dudas y junto al otro angelito (Sánchez) serán recordados toda la vida como tales. Vergüenza debería darle contestar la carta de la señora Jiménez en esos términos tan prepotentes y superficiales.
Además, debe explicaciones de policía sobre los enredos de una mafia cubana que, según declaró Oscar Arias, tenía montada una lavandería de dinero. Es el caso del cubano que estaba en El Salvador y fue encarcelado en los Estados Unidos. El hermano tenía un helicóptero que le prestó en la campaña electoral para filmar un spot de televisión. ¿Se acuerdan?
Lo del Memorandum del Miedo fue la segunda torta pública del angelito. Como el primo de Arias que es diputado estaba cuestionado, le dieron la patada por salva sea la parte… Lo mismo que hicieron con el ministro de Vivienda cuando el hermano-ministro estaba cuestionado por lo del BCIE.
O sea, me entendés, que esto apenas comienza y Lord Kevin de Moravia no podrá salirse por la tangente… aunque haya estudiado en Oxford, como ayer otros estudiaron en Harvard. ¿Será que ahí no se enseña ética ni moral?
Don Kevin: Ningún fanático habló de dictadura. Quien proclamó “la tiranía en democracia” fue su presidente que por cierto tampoco es mío. Sí ese mismo que le clavó a usted el puñal y usted ahora defiende. Siga sometiendo a la crítica más robusta sus convicciones y acciones pero por favor no se auto alabe que es poco elegante. En su referencia a Oscar Arias y el general Videla, Videla fue un dictador nefasto en Argentina y Oscar Arias un dictador nefasto en Costa Rica, la única diferencia es que Arias es más hipócrita y siempre predica una cosa y hace otra. Y en cuanto a usted, debiera sentir vergüenza de lo que hizo. Usted junto a su socio se portaron como pillos y por si no lo recuerda, repase cada recomendación de su histórico memorando del terror.
Sr. Kevin Casas,
Usted es patético y tras de que debe cobra. ¡Qué vergüenza!
Ana Zúñiga
Kevin Casas es de la misma calaña y es igual de prepotente que los títeres que están en el poder, si fuera de una casta mas noble jamas hubiera pertenecido a semejante mafia.Ni mas ni menos sus pretensiones son volver a la luz publica como un hombre inmaculado y recto, pero ya sabemos los costarricenses como es, la mente retorcida y maquiavélica que tiene, como actua y como se acomoda a sus intereses aunque tenga que vapulear al pueblo.