Pocos gobiernos han contado con tantos deseos de éxito como el actual. Pese a ganar por solo un 1,8%, la mayoría tuvo la esperanza de que enderezaría la nave del Estado, por entonces a la deriva. Pero el águila no atendió el llamado de los caracoles. En vez de captar la lección de humildad que le imponía ese 1,8%, acreció su inmodestia y fomentó su aislamiento político; orgulloso, cerró oídos a la crítica; incapaz de autocrítica, imposibilitó las rectificaciones oportunas; confundido por los obstáculos, trocó su liderazgo legítimo por un decisionismo autoritario e inútil; y no obstante tener un Consejo de Gobierno de lujo, se rodeó de una minicúpula que reforzó sus defectos y falencias y lo hizo despilfarrar su capital político.
Desde su inicio el esquema de gobierno fue claro: en el mando los hermanos y, con ellos y para ellos, incondicionales que los aplauden y los inmunizan contra la crítica. Los vicepresidentes, mantenidos de lejos para que no hicieran sombra, sobre todo al comienzo cuando el hermano se creía delfín. Más lejos aún, los ministros, enclaustrados en sus áreas y debiendo pasar los aros del hermano para poder llegar al Presidente. Así se evidencia del recuento de los inmolados: Casas, Berrocal y Zumbado. La Presidencia resultó casita de jabonero, donde el que no cae, resbala.
¿Y la política? Según los informes de la Contraloría, nada de planes concretos de seguridad social, de lucha contra la pobreza, de vivienda e infraestructura, de energía y producción alimentaria. En casi todo, improvisación y sorpresa. Los presupuestos, o no se ejecutan o lo hacen a ritmo de tortuga. Hay dinero y sobran los pobres: pero los recursos no se emplean.
Sin embargo, hoy el esfuerzo nacional es lograr que el Gobierno informe, que no oculte, que se acaben los secretos, misterios y cambalaches; que se rindan cuentas y se responda, aunque se enojen los funcionarios, contagiados de arrogancia. Mientras tanto, un 40% de las familias solo come, y mal, dos veces al día. La desconfianza ciudadana crece, lo mismo que la pérdida de credibilidad del Gobierno, las sospechas sobre los dineros del BCIE, las negociaciones y manejos ocultos, los bonos y los cuentos chinos, etc. No se discute sobre planes de gobierno, sino sobre cuál ministro será acusado y por qué este sí y aquel no, si hicieron lo mismo y uno manda más que el otro. En tanto, con imprudencia sin igual, don Óscar precipita la campaña electoral y señala sucesora.
En una crisis múltiple tan aguda, el debate resultó ubicado en el nivel más bajo, gracias a un Gobierno semiparalizado por sus propios errores, imprudencias y secretismos sospechosos; y que parece creer que se gobierna con discursos y se administra con cadenas televisivas dominicales.
(La Nación)
Rodolfo Cerdas Cruz | 6 de Septiembre 2008


1 Comentarios
Don Rodolfo:
Tiene usted razón en todo lo que dice. Deseo agregar mi punto de vista sobre la imprudencia de don Oscar de precipitar la campaña electoral y señalar sucesora… como si su voluntad fuera regia!
¿Qué decisión se conoce de doña Laura que la califique para ser jefa de Costa Rica en situación tan crítica? ¿Cuál decisión en la administración Figueres Olsen? ¿Cuál decisión en la campaña de don Rolando Araya, que ella dirigió en la segunda vuelta? ¿Cuál iniciativa de ley en los cuatro años de diputada? ¿Cuál decisión en la Vicepresidencia? Duele decirlo pero su sometimiento a los Arias no la califica de ninguna manera para dirigir al país.
¿No pidió el voto para un cargo de cuatro años? Y ahora que la cosa se pone difícil en la economía, en los alimentos, en el petróleo, con la prensa, con la Contraloría y los tribunales penales, con Chávez el amigo de don Oscar, ¿por qué va a dejar tirada su responsabilidad? ¿Qué es eso, pedir un mando de cuatro años en la Vicepresidencia para abandonar la responsabilidad y, tras cuernos palos, pedir otro mando de cuatro años en la Presidencia? ¿Habrase visto?
Si don Oscar, con toda su juventud y su fuerza de entonces, no pudo traspasar a doña Margarita Penón, su esposa, su caudal electoral cuando quería ungirla sucesora, ¿podrá hacerlo ahora con doña Laura, cuando ya él no es joven y cada mes pierde más y más popularidad? ¿Pero qué se creen los ocupantes del Zapote? “Al mejor mono, se le cae…
Yo sueño con que una mujer llegue a ser Presidenta de Costa Rica. ¿Pero por qué doña Laura? ¿Qué ha hecho? ¿En qué ha contribuido al desarrollo del país? ¿Cuántos años lleva pegada al presupuesto y con qué resultados? Además de la voluntad de don Oscar de querer imponerla, ¿qué tiene ella para aspirar a la candidatura de su partido?
Otra cosa, ya para terminar. Muchos vicepresidentes han querido subir a la Presidencia. Pero quien es bueno para segundo, ¿será bueno para primero? ¿Recuerda cuál fue el último Vicepresidente que fue elegido Presidente? Don Juan Rafael Mora hace 159 años. ¿Qué gracia tiene tirarse al vacío sin paracaídas?
Ya ve don Rodolfo que, después de ir a misa, yo leo sus comentarios dominicales y me hacen pensar.