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¿Y eso con qué se come?

Luis Paulino Vargas Solís | 22 de Agosto 2008

Reinventar la política en Costa Rica. Mucha gente -y este servidor con particular insistencia- andamos detrás de eso. Pero ¿qué significa tal cosa? Trataré de precisar algunas ideas. Lo hago en dos partes. Primero, desde lo propositivo y utópico, entendiendo por utopía un concepto que mueve, inspira y moviliza, no una idea abstracta y destructiva acerca de una incierta sociedad perfecta. Segundo, en relación con lo que tenemos en la sociedad costarricense actual.

1) A lo que aspiramos

a) Participación: esta es la base esencial de esta nueva política y es cosa sin duda compleja y exigente. Supone gente que lee, se informa, se educa, discute, analiza. Gente con sentido crítico, con independencia de criterio, con capacidad para decidir; que exige sus derechos y cumple con sus responsabilidades. No se parece en nada a la política tradicional, asentada en liderazgos verticales, en rígidas estructuras de mando, en aparatos publicitarios caros e idiotizantes y en corrompidas prácticas clientelares.

b) Organización: esta es la base en que la participación se asienta y desde la cual se hace efectiva. Pero como se trata de una participación inteligente e informada, las organizaciones por medio de las cuales se canaliza son autónomas: tan solo responden a la voluntad de quienes la conforman sin sujeciones partidarias ni de otro tipo. Pero, además, y puesto que de por medio hay gente que sabe discernir y decidir, necesariamente esas organizaciones han de ser muy democráticas a lo interno; asentadas en el diálogo, el debate y el aporte libre y creativo de cada quien. Diferente de la política tradicional, donde la organización es tan solo un apéndice, sometida a la manipulación y capricho de los poderosos.

c) Lo político: esa organización, así como la participación que ésta canaliza, se ocupa de asuntos de interés colectivo. Entramos así al campo de lo político, entendido como aquel donde se dirimen los asuntos que competen a la colectividad. De por medio pueden estar cuestiones de interés local, sectorial, gremial, regional, nacional, internacional. Todos esos son niveles de lo político. Se caracterizan por el hecho de que ahí se discuten y resuelven asuntos de interés público y común.

d) La solidaridad: entendemos que lo particular nunca es ajeno a lo general. O, dicho de otra forma, que la parte siempre está integrada dentro de un todo. Por lo tanto, los intereses colectivos al nivel de un pueblito, de un sindicato, de un problema ambiental específico, siempre son una pieza dentro de un conjunto más amplio. Ello también es característico de esta nueva forma de pensar la política: no vemos los problemas particulares como realidades aisladas sino que captamos las relaciones más amplias que los hacen parte de un todo más complejo. Esto da base objetiva y fuerza motora a la solidaridad. Comprendemos entonces que los problemas del agua en Sardinal o Barva o Siquirres son asuntos nuestros, aún si uno no vive en ninguno de esos lugares. Lo mismo ocurre en relación con la marina en Puerto Viejo, las semillas de nuestros agricultores, el atropello a los trabajadores en la Caja o la corrupción de los magistrados. El mismo principio debería aplicarse en relación con minorías discriminadas, incluso aquellas que lo son por razones de orientación sexual. Una frase proveniente de la antigüedad latina podría resumirlo: “nada de lo humano me es ajeno”. En cambio, la política tradicional manipula la visión de las cosas de forma que tan solo se vean fragmentos sin conexión. Ello tiene un efecto alienante que rompe los lazos de solidaridad y acompañamiento.

e) La cooperación e integración: la gente se organiza por propia voluntad y desde sus organizaciones actúa con independencia, sentido crítico y afán propositivo. En el proceso se desarrollan lazos de solidaridad conforme se entiende que los problemas no se dan en forma aislada; que los asuntos de cada quien son luchas compartidas. Ello mueve hacia la acción en el nivel colectivo más general y comprensivo. Las organizaciones entonces se integran en redes, se coordinan, colaboran, intercambian información, se apoyan. Eventualmente establecen acuerdos más amplios. Se avanza así hacia la unificación de esfuerzos y la definición de orientaciones compartidas. Finalmente entendemos que transformar mi comunidad o mi sitio de trabajo o ciertas formas de producir o ciertas relaciones injustas, es una pieza dentro de un proceso más amplio: el de transformar nuestro país. Ese punto de maduración lleva entonces a trabajar por la integración. Integramos así las distintas situaciones particulares: la de Sardinal o Puerto Viejo; la de los pueblos indígenas y las mujeres campesinas; la de los servicios de salud y la educación. Cada caso conserva validez e identidad, pero se incorpora a una lucha más amplia y desarrolla lazos de entendimiento y trabajo conjunto. Eso se hace factible justamente porque existe solidaridad y una aspiración compartida: la del derecho a una vida digna para todas y todos, sin distingo de ningún tipo. Es la fuerza de lo plural y lo diverso que se potencia por medio del diálogo respetuoso y la integración solidaria de esfuerzos.

d) Un proyecto unificador: finalmente alcanzamos la capacidad para elaborar y acordar un proyecto compartido de país, en el cual -como decían los zapatistas- todos y todas quepan. Nada podría ser más revolucionario, ya que implica la búsqueda de la justicia a partir de la pluralidad y sobre la base de un ejercicio cotidiano y vivencial de la democracia.

2) Lo que tenemos

Las anteriormente formuladas son ideas que resumen aspiraciones y utopías. Y, sin embargo, debo enfatizar que esto sintetiza algo que en parte es realidad y en parte necesidad en la Costa Rica de hoy.

Es en parte realidad, porque esta forma de pensar la participación y organización ciudadana, el ejercicio de la democracia, la movilización, la lucha y la propuesta, no es terreno desconocido. Lo hicimos con motivo de la lucha contra el TLC. Y hoy sigue vivo en el esfuerzo y el trabajo de mucha gente y de muchas organizaciones. Estamos buscando nuevas fuerzas motivadoras como también intentamos reconstruir tejidos de cooperación y entendimiento. Es terreno para sembrar y, con la necesaria sabiduría y constancia, podría llegar a ser sumamente fértil.

Y también es necesidad. Incluso necesidad urgente. Porque en virtud de la gravedad de la situación y de los alarmantes síntomas de descomposición que vivimos, estamos urgidos de un cambio que debe ser emprendido de inmediato.

Este cambio no será posible si no es impulsado desde una amplia alianza social. Es a lo que me refiero más arriba en los puntos e) y d). En esta alianza el movimiento ciudadano organizado deberá tener un papel decisivo y protagónico. Los partidos políticos progresistas también podrían ser parte, pero ello les exige cambios sustantivos. Incluso les exige replantearse a profundidad su concepción de la política. Y a sus dirigencias les exige posponer ambiciones y vanidades.

¿Están los partidos y sus dirigentes preparados para ello? Pareciera que no, aunque quizá haya excepciones. El principal partido de oposición al neoliberalismo -el PAC- no parece estarlo. No al menos su oficialidad dirigente. En cambio, entre sus sectores más progresistas y patriotas sí han surgido otras visiones. En todo caso, nada hay más sintomático de los problemas existentes, que la cuasi oficial proclama del PAC según la cual la única unidad posible es dentro del PAC y bajo su bandera, sin más diálogo ni entendimiento.

La unidad se construye respetando la diversidad. Consecuentemente exige diálogo, generosidad y desprendimiento. En cambio el PAC propone ignorar esa diversidad y ahorrarse el esfuerzo de diálogo, a fin de que todos los demás nos convirtamos en piezas al servicio de las ambiciones de sus líderes. Demasiado arrogante e irrespetuoso.

¿Quiere el PAC contribuir a la unidad? Ábrase entonces al diálogo, muestre un mínimo de humildad, posponga ambiciones personales y partidarias y respete la identidad de los demás, tanto organizaciones ciudadanas como partidos. Lo mismo vale para esos otros partidos o proyectos de partido.

Lo demás sigue siendo política tradicional, por mucho que le cuelguen esos ropajes -cada vez más raídos- con que intentan recubrirla.

Luis Paulino Vargas Solís | 22 de Agosto 2008

3 Comentarios

* #11039 el 23 de Agosto 2008 a las 11:38 AM Jorge Crespo Berdecio dijo:

Creo que en el fondo subsiste la sospecha de que la ¨política tradicional¨ no es un patrimonio exclusivo de las derechas. Y que la única diferencia es que las derechas cuentan con mayores recursos y oferta para un clientelismo efectivo. Aunque esto último pueda ponerse en duda ante los resultados de las últimas elecciones. Y aquí si cabria las posibilidad de una esperanza. Esperanza que pienso habría que evaluar al margen de los espejismos de un horizonte utópico, para ubicarla en el terreno de una antropología organizada por las pasiones del mercado y los vicios y abusos acumulados en muchos años de Estado de Bienestar, y que terminaron funcionando, tal vez, como el colesterol que achica las arterias y el corazón de un pueblo conservador que podría apostar a pájaro en mano… O a lo ¨mejor malo conocido…¨

Creo que hay que asumir que más allá de las ideas insiste algo que se resiste a un cambio. Que los seres humanos no son únicamente un reservorio de ideas y propósitos, sino, también, de pasiones ancladas en prácticas que se repiten como una solución al hecho cotidiano de estar vivos, sorprendidos, presionados y confundidos. Prácticas que son técnicas para estar vivos, estrategias para dar una respuesta a nuestras obligaciones, estilos que inscriben nuestros cuerpos en una rutina y una demanda compartida de poder, amor y trabajo.

Cambiar la cultura política de un pueblo no es una tarea fácil, y creo que el PAC, como partido, se ha quedado corto y tímido ante estas expectativas.

En el Comité de mi comunidad se están proponiendo talleres para hacer juguetes, para aprender cultivos orgánicos, para reciclaje, para formación política, para coordinación de trabajo con la municipalidad y para muchas otras cosas que poco a poco, y con mucho esfuerzo y perseverancia, van reparando los vínculos carcomidos por el individualismo porta´mi, la competencia porta´mi y las elecciones porta´mi.

Aunque suene tremendamente cursi, estoy convencido que muchos comités están cumpliendo la amorosa labor de restaurar la confianza, el cariño y el respeto sobre las bases de la participación y el intercambio fraternal. Y sobre la perseverancia que forma el carácter para enfrentar la frustración a punta de pequeños pero significativos éxitos en la amistad y el trabajo.

Creo que una alianza democrática deberá compartir el espíritu y disposición de muchos de estos comités. Y tendrá que construir su inicio mediante la empatía y no por la simple habilidad de la palabra. Porque si hay algo que está en crisis en esos momentos es la densidad y peso de las palabras. ¿Hay alguien que crea en la palabra de Paulino Mora o Antonio Sobrado? Independientemente de sus credenciales y lugar que ocupan en nuestra institucionalidad, es un hecho que cuando el poder político empieza a jugar con e las palabras corre el riesgo de dejar como herencia un nudo de rencor y sospecha. La poesía nunca estará al servicio del poder. Aunque nuestro presidente insista en lo contrario y aparezca leyendo como padre primigenio El Gran Libro. O las divinas palabras.

La resistencia al poder no puede correr el riesgo de asimilar el mismo estilo. Solo habría que reconocer e imitar su determinación.

* #11050 el 23 de Agosto 2008 a las 06:26 PM Leda Mendez Arias dijo:

Tengo información positiva y creo que veraz, sobre movimientos internos del PAC para inducirle o conducirle hacia la integración de una alianza o coalicion o unidad del movimiento patriotico. Ojalá prevalezca la cordura y el amor a la Patria dentro de es movimiento politico. Hay ahi mucha gente valiosisima que debe incorporarse al movimiento patriotico nacional. Leda Méndez

* #11123 el 26 de Agosto 2008 a las 09:18 AM Gonzalo A. Páez Montalbán dijo:

Se puede discrepar, hasta radicalmente, de la acción (o inacción) de altos dirigentes del PAC, pero no es políticamente (o electoralmente) inteligente bombardear al partido porque se desea un movimiento nuevo, más grande o mejor definido frente a los “partidos tradicionales”. Éstos (que no son tales sino el sólido conjunto del capital, la gran prensa y la infiltración institucional) están, una vez más, ganando la partida (la última señal es el grupo que deja el PLN, no para sumarse a un nuevo movimiento sino para correr solo, a mi juicio sin la menor posibilidad de buen éxito). En todo caso, cabría, si es del caso, pelearle el PAC a esos dirigentes que no han dado la talla —otros sí la han dado—, pero no es sano desconocer su gran importancia dentro del panorama político actual. La estrategia zapoteña es clarísima “divide …y nos quedamos”.

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