Disminuir tamaño de letraAumentar tamaño de letraImprimir paginaEnviar esta pagina por e-mailAmpliar el ancho de la paginafluid-width

El pensamiento antiimperialista de Octavio Jiménez

Paúl E. Benavides Vilchez | 24 de Agosto 2008

Para muchos de nosotros el nombre de Octavio Jiménez siempre sonó bastante ajeno y lejano. Citado fugazmente en alguna conferencia sobre el pensamiento costarricense, como excusa para referirse a otros escritores de la década de 1930 y 1940, prevalecía el desconocimiento de quién había sido realmente y la ignorancia absoluta acerca de su obra y sus escritos. Para mi generación - si es que tal cosa existe - nacida a finales de los 60, de Octavio Jiménez no se tenía noticia alguna y resultaba a prueba de toda evidencia un extraño. Su exclusión casi total de las obras sobre Historia de las ideas o Historia de la literatura costarricense, lo colocaron en la zona oscura a donde son llevados los escritores que no concuerdan con los poderes literarios o académicos, así como el capricho, el desafecto, la envidia o el simple desconocimiento, de quienes se arrogan el derecho como parte de una antigua tradición, de establecer quienes deben ser leídos por las generaciones futuras y quienes no.

Toda este ninguneo a Octavio Jiménez, reducido a breves reseñas atenidas a sus datos biográficos o menciones escuetas de pies de página, llega dichosamente a su fin con la publicación de una obra clave: El pensamiento antiimperialista de Octavio Jiménez. Antología de Estampas publicadas en el Repertorio Americano (1929-1938), con estudios críticos de los historiadores Rodrigo Quesada Monge y Mario Oliva Medina y publicada por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED), dentro de la Colección Historia Cultural de Costa Rica. En dos tomos, los autores permiten saber quién fue Octavio Jiménez, abogado en permanente ebullición, lector de toda clase de revistas extranjeras especialmente en inglés, escritor informado de una prosa ágil e irónica, que no le temblaba el pulso para denunciar a los funcionarios públicos que él llamó con acidez descastados, pitiyanquis, politicastros “que aquí o en Nicaragua servían primero a los intereses de las empresas norteamericanas, que a los intereses de sus pueblos”.

La reflexión que el Dr. Quesada realiza a partir de los textos del Tomo I de las Estampas, animan al lector lego en historia como es mi caso, a plantearse una serie de interrogantes para comprender la obra de Octavio Jiménez como escritor político: ¿En qué consistió su antiimperalismo? ¿Fue más un esfuerzo por conocer cómo funcionaba el imperialismo norteamericano en Centroamérica y no un empeño en proponer vías para detener su expansión? ¿Cuáles fueron los puntos de contacto y desencuentro entre su visión antiimperialista y la visión que tenían los partidos comunistas? ¿Octavio Jiménez fue un teórico del antiimperialismo al estilo Mariátegui o Haya de la Torre o un intelectual cívico interesado en crear opinión pública y ciudadanos críticos a través de su ensayística? ¿Fue finalmente, un pensador rígido y dogmático o un hombre ligado al ejercicio libre y flexible del pensamiento? Interrogantes que se dilucidan conforme se avanza en la lectura de sus textos incluidos en la Antología.

Se puede decir que la mayor parte de los ensayos y reflexiones críticas escritas para el Repertorio Americano, durante el período que va de 1929-1938, las dedicó a desmontar - mediante el análisis jurídico y una escritura inteligente - y comprender la forma en que operaba el imperialismo norteamericano en Centroamérica y el Caribe. A lo interno de los países pudo ver las relaciones que se tejían entre las empresas transnacionales (la poco célebre United Fruit Co.) con figuras públicas dentro de las naciones centroamericanas, para operar como sus prebostes y defender lo intereses norteamericanos mediante la concesión de tierras, la anulación o la promulgación de leyes a la medida de las empresas transnacionales. En sus Estampas, Octavio Jiménez traza en líneas fundamentales la colusión que por aquellos años se gestaba entre los intereses económicos de las empresas transnacionales y el entramado de poder oligárquico nacional, cuya total fisonomía se nos muestra en Costa Rica hoy con absoluta rapacidad y desfachatez.

Por sensibilidad filosófica y comunidad de ideales, Octavio Jiménez formó parte de la hermandad de Ariel y toda su ensayística esta permeada de una moral antiimperialista de estirpe martiana, basada en la defensa de la identidad latinoamericana, de la nacionalidad y la soberanía nacional, que se distingue de las reflexión típica del marxista o comunista teórico, urgido en recortar las formas de la realidad para pegarlas en el álbum de sus devaneos inquisitivos.

En el ensayo introductorio mencionado, resulta muy interesante la admiración de Octavio Jiménez por el “trascendentalismo norteamericano” que tuvo en el filósofo Ralph Waldo Emerson (1803- 1862) y el poeta Henry David Thoreau (1817-1862) dos de sus más notables representantes. Esta inclinación por el trascendentalismo filosófico era compartida con su amigo Omar Dengo, afinidad que los lleva en viaje de peregrinación por los Estados Unidos para visitar a la casa de uno de los hijos de Emerson. Quizás el respeto por la filosofía norteamericana, permite a Octavio Jiménez establecer una diferencia entre los Estados Unidos que actuaba como imperio económico- militar y el otro Estados Unidos, un pueblo capaz de producir una filosofía que pugnaba por un respeto casi sagrado al individuo, el amor a la naturaleza y le defensa acérrima de la libertad. El segundo ensayo introductorio del Tomo II de la obra a cargo del historiador Mario Oliva, sugiere al lector la interrogante de si Octavio Jiménez rebasó la línea de la mera comprensión del imperialismo norteamericano o si complementariamente a esta labor hermenéutica, propone en sus textos algunas alternativas para enfrentarlo.

Con el poeta simbolista francés Stéphane Mallarmé, se puede decir que esta obra restituye el prestigio a las palabras de la tribu, de nuestra tribu, integrada por Vicente Sáenz, José María Zeledón, Jorge Volio, Omar Dengo, Roberto Brenes Mesén, Joaquín García Monge y Carmen Lyra, cofradía de la que Octavio Jiménez estuvo durante mucho tiempo ausente.

Paúl E. Benavides Vilchez | 24 de Agosto 2008

1 Comentarios

* #16904 el 7 de Enero 2009 a las 02:14 AM Juan Carlos Bossio Rotondo dijo:

Usted plantea una disyuntiva que no explicita ni desarrolla al referirse al pensamiento de Jiménez en relación a Haya de la Torre y Mariátegui. Por otro lado, Haya de la Torre dejó de ser antiimperialista con bastante rapidez embelezado por Roosevelt. En Mariátegui no existe oposición entre la creación de un partido socialista heterodoxo y la creación de opinión pública y ciudadanos críticos a través de su ensayística. Tampoco fue un marxista o comunista teórico, urgido en recortar las formas de la realidad para pegarlas en el álbum de sus devaneos inquisitivos. Por eso fue condenado por la Comintern.

Publique su Comentario




Recordar mis datos?


Reglas para publicar comentarios: Antes de publicarse, cada comentario será revisado por el moderador. Su dirección de e-mail no aparecerá.