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Hora del ir al baño

Flora Fernández | 20 de Julio 2008

Cuando una ha pasado buena parte de la vida atendiendo un negocio familiar, en el centro de San José en una de las zonas más concurridas del país, la rutina se rompe a cada rato con todo tipo de hechos, desde los estridentes pitazos de los carros que con el cambio de luz no dejan pasar un nanosegundo o creen que de esa forma la presa de carros se va a desintegrar, sin consideración alguna de los peatones y el resto de la gente que no tienen culpa de la impaciencia de esos mal llamados conductores, hasta las cosas que pasan con las personas que van y vienen por la capital.

De mi negocio tendría material para relatar todas las semanas anécdotas o comentarios de lo que acontece, muchas de ellas muy interesantes, graciosas, insólitas, triviales y algunas que realmente conmueven. Espero algún día tener el tiempo y la memoria para relatarlas.

La que sucedió esta semana no lo puedo dejarla pasar como una más del montón. Resulta que llegó una muchachita joven, humilde y muy ansiosa con un reloj muy barato a cambiarle la pila. Rápidamente le cambié la pila y de cortesía le pulí el plástico que venía con varios rayones. Mientras le hacía la factura me comentó que le hacía mucha falta el reloj en su trabajo.

Eso no sonó nuevo ni extraordinario por lo que simplemente agregué, “…sí para llegar a tiempo al trabajo es importante”. Ella me dijo “¡No, yo siempre llego a tiempo!. Trabajo de noche y no dilato mucho en llegar” ahí le pesqué cierto acento nicaragüense y la mire con cara de pregunta: ‘¿entonces?’. Ella me dijo: “es para no perder la hora de ir al baño, si se me pasa, no me dejan…”. Ella trabaja en una maquila, fue la simple y clara explicación.

Es increíble la clase de vejámenes que padecen especialmente las trabajadoras más humildes de las fábricas y maquilas al inicio del tercer milenio. La revolución industrial y la esclavitud son episodios oscuros que teóricamente pasaron hace ya muchos años, aún así prevalecen estas costumbres brutales. Sólo póngase usted un instante en los zapatos de esa muchacha y piense: ¿Cómo se sentiría si alguien le asignara la hora de ir al baño durante su jornada laboral? La próxima vez que alguien le mencione la palabra flexibilización laboral, averigüe un poquito más que significa.

Flora Fernández | 20 de Julio 2008

3 Comentarios

* #9412 el 20 de Julio 2008 a las 01:43 PM Raúl Marín dijo:

El irrespeto a los derechos laborales se amplía al amplio dominio de nuestra legislación. El caso comentado, muy propio de ciertas compañías administradas por orientales, es un ejemplo más de violaciones a los derechos humanos. ¿Y el Ministerio de Trabajo y la Defensoría de los Habitantes, qué hacen al respecto? Ciertamente, la “flexibilización laboral” es un pretexto para atropellar los derechos sociales, y , desgraciadamente en nuestro medio hay muchos cómplices que aplauden tal proceder.

* #9433 el 20 de Julio 2008 a las 09:03 PM Juan Alberto Rojas dijo:

El irrespeto a nuestros derechos es ya una constante en este gobierno y es hora de que ya nos levantemos parano dejarnos màs de la Adinistración de O Arias

* #9466 el 21 de Julio 2008 a las 02:21 PM franklin Alpizar dijo:

El ministerio de Trabajo es el gran ausente en estas situaciones, los funcionarios publicos cada dia se hacen màs sordos a las quejas del pueblo acostumbrados a que el tico solo amenaza y no toma acciones concretas para cambiar las cosas es una lástima que no se sabe el nombre de la empresa para que todos sepan del trato a sus trabajadores!

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