Cuando Carlos Hank González, el “Profesor”, pronunció hace unos cuantos años su célebre frase: “un político pobre es un pobre político”, expresó, sin saberlo, la filosofía política de la clase gobernante mexicana. La diferencia con el resto de políticos que se habían hecho ricos con el tráfico de influencias y el clientelismo, era que él lo decía en voz alta, sin el falso pudor de los otros que no se atrevían. Este fue uno de los momentos en que el profesor se comportaba de una manera honesta, en un tema que demandaba no poco arresto y valor, aunque fuera una desfachatez. Sus palabras sintetizaban además, la profesión de fe de un sector de la clase política latinoamericana, que siempre tuvo algo muy claro en la cabeza: hacer del erario público una “guaca” personal, un botín para saquearlo a sus anchas y como Alí Babá, repartirlo entre 40 ladrones que desde luego eran más. La historia personal de este hombre, con más de alemán que de mexicano, con más de diplomático que de profesor de secundaria, se originó años atrás cuando apenas entraba a la política de su país siendo un hombre pobre, se entiende que sin recursos económicos ni dinero. Con astucia cierta y la oportunidad que le daba el PRI - esa máquina de poder para enriquecer a unos cuantos y eliminar a otros bajo la retórica revolucionaria - amasó una fortuna personal y familiar que, en poco tiempo, lo hizo uno de los hombres mas ricos de México y de América Latina. Con su estilo personal y el orgullo enfermo de los mafiosos “soprano” hizo de la política una forma eficaz para pasar de pobre a rico en plazo récord y exhibir como su dentadura impecable, los signos del poder y del privilegio. Carlos Hank representó una perversa filosofía del éxito, remisa a la legalidad, próxima al soborno y a todos los artilugios que lo pusieran lejos de la justicia y cerca de la impunidad.
Su filosofía política cuenta con numerosos adeptos y reconocidos hijos de familia costarricense, que han seguido a pie juntillas sus consejos. La filosofía del dinero y del lucro definen todavía hoy, las reglas del mundo de la política y del poder, entendido como el espacio inacabable para el enriquecimiento y la fortuna personal. Ser pobre en política - para sus seguidores costarricenses - es una penosa pérdida de tiempo que se paga con la invisibilidad y el desprecio, y Hank, como maestro, siempre fue proverbial en ese tema.
Carlos Hank González, el “profesor”, es hoy una triste celebridad, muerto hace algunos años, pero su filosofía sigue viva en las aspiraciones de una camarilla transpartidaria, sin remilgos para pasar de un bando a otro, si hay plata para lo que hoy eufemísticamente llaman asesoramiento político. Por supuesto que esta es una discusión ética. La política que está para favorecer al bien común se quedó en el camino para favorecer el bien particular. La gran crisis de la política costarricense es, en el fondo, una enorme crisis moral, de la que no se discute pese a que se habla de corrupción todo el tiempo; todavía peor, cuando los que deben erradicarla, son los adoradores del becerro de oro.
Paúl E. Benavides Vilchez | 12 de Julio 2008


1 Comentarios
Me recuerda la historia que me conto uno de mis tios, Ing. Hugo Castro Steinvorth, acerca de un muchacho que a los 20 anos de edad era tan pobre que nadaba en el rio Torres desnudo porque no tener dinero para una pantaloneta de bano. Primero trabajo con mi tio abuelo Lic. Claudio Castro Saborio, mas adelante se metio a politico y llego a ser presidente de Costa Rica. Al morir dejo muchos millones de colones, sinembargo para evadir impuestos, al abrirse la mortual tenia todas sus propiedades devaluadas al 1,000%!!!!! El enriquecimiento por influencias, no es nuevo!!!