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Enhorabuena, Madiba

Juan Manuel Villasuso | 22 de Julio 2008

Estuvo preso durante 27 años por luchar contra la segregación racial en Sudafrica. En la cárcel le asignaron el número 46664 para identificarlo. En 1990 recobró la libertad y poco tiempo después fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. En 1994 se convirtió en el primer presidente negro electo por sufragio universal en su país. Su nombre: Nelson Rolihlahla Mandela.

Mandela acaba de cumplir 90 años. Vive con su esposa en Qunu, un pueblo rural al sur de Johannesburgo en el que había pasado, según sus propias palabras, los años más felices de la niñez y donde aprendió “a derribar pájaros del cielo, a beber miel caliente, a comer raíces y frutas salvajes, y a apurar la leche de la misma ubre de la vaca”.

Miembro de la familia real de la tribu thembu, Madiba, como le llaman cariñosamente, fue formado para convertirse en dirigente de su clan. Pero se rebeló contra su destino. Estudió derecho y se involucró en política para combatir las prácticas racistas del apartheid que mancillaban a los negros. Era negro en un país dominado por blancos que practicaban la exclusión racial. Y no quiso conformarse.

“Durante toda mi vida me he dedicado a las luchas del pueblo africano. He peleado contra la dominación blanca, y he peleado contra la dominación negra. Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”, dijo Mandela en su alegato ante el Tribunal Supremo de Sudáfrica en 1964, cuando fue condenado a cadena perpetua.

Nelson Mandela es uno de los grandes líderes morales y políticos de nuestro tiempo, un ser humano que ha empeñado su vida en las batallas contra la opresión racial y las injusticias sociales.

El largo camino hacia la libertad es el libro en el que traza su autobiografía y en el que refleja sus pensamientos, sus sufrimientos y sus ilusiones. En esa obra se leen párrafos conmovedores.

“No nací con hambre de libertad, nací libre en todos los aspectos que me era dado conocer. Libre para correr por los campos cerca de la choza de mi madre, libre para nadar en el arroyo transparente que atravesaba mi aldea, libre para asar mazorcas de maíz bajo las estrellas y cabalgar sobre los anchos lomos de los bueyes que marchaban por las veredas con andar cansino”.

“Sólo cuando empecé a comprender que mi libertad infantil era una ilusión, cuando descubrí, siendo aún joven, que mi libertad ya me había sido arrebatada, fue cuando comencé a añorarla… Poco a poco fui comprendiendo que no solo no era libre, sino que tampoco lo eran mis hermanos y hermanas. Ví que no era solo mi libertad la que estaba en juego, sino la de todo aquel que se pareciera a mí. Fue entonces cuando me uní al Congreso Nacional Africano, cuando el ansia por mi propia libertad se transformó en otra más grandiosa, que buscaba la libertad para mi pueblo”.

El cantante Peter Gabriel, ha dicho que “si el mundo pudiese tener un solo padre, el hombre al que escogeríamos sería Nelson Mandela”; y el líder del Congreso Nacional Africano, Jacob Zuma, en su mensaje de cumpleaños, le agradece a Mandela haber tenido la oportunidad de trabajar con él y destaca que “la mejor cualidad de su liderazgo ha sido la de dirigir con el ejemplo”.

La coherencia de Nelson Mandela lo ha convertido en una leyenda. Nunca sucumbió al poder ni antepuso sus intereses personales a los principios. Cuando ocupó la presidencia impulsó la reconciliación e integró comunidades diversas en una nación multicultural. Al concluir su mandato no se presentó a la reelección y se retiró de la política. Sin embargo, ha continuado activo internacionalmente recordando a los países desarrollados los compromisos que asumieron en la Declaración del Milenio y abogando por los marginados, la justicia social y el comercio justo.

A los noventa años mantiene la pureza de sus ideales y se levanta combativo contra males que agobian a países del tercer mundo, como la pobreza y el SIDA. El hijo de Mandela murió de esa pandemia y él pide acciones concretas para detener la enfermedad y ayudar a las víctimas: “El estigma y la discriminación que afectan a estas personas son atroces e inexcusables”.

“Mientras la pobreza, la injusticia y la desigualdad persistan en el mundo, ninguno de nosotros puede realmente descansar”, expresó recientemente en Londres. A los lideres mundiales les ha dicho: “No miren hacia otro lado, no duden, reconozcan que el mundo está hambriento de acciones, no de palabras. Actúen con coraje y visión”.

Nelson Mandela sigue sin poder jubilarse, señala la BBC. Nadie quiere su silencio o su quietud. La culpa la tiene él, por haberse alzado por encima de la mezquindad y el rencor, a pesar de la desesperanza y el miedo.

Al cumplir Mandela los noventa años sentimos el deseo y la obligación de escribir estos párrafos para unirnos a la multitud de personas de todas las razas que en el mundo entero evocan su natalicio y para hacernos eco de las voces que en muchos idiomas le expresan su enhorabuena a este extraordinario hombre. Muchas felicidades, Madiba. Muchas gracias por tu ejemplo.

Juan Manuel Villasuso | 22 de Julio 2008

1 Comentarios

* #9544 el 22 de Julio 2008 a las 08:14 PM Raúl Marín dijo:

Impecable y noble el homenaje que hace el Dr. Villasuso a ese gigante de la dignidad humana,Nelson Rolihlahla Mandela, que suscribimos entusiasta e incondicionalmente.

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