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Civilización o barbarie

Paúl E. Benavides Vilchez | 6 de Julio 2008

Europa, mientras era dirigida por políticos demócratas y resurgía frente al mundo como el contrapeso ético frente a los Estados Unidos y la descompuesta Europa oriental, permitió que a su territorio llegara y se estableciera esta rara floresta de idiomas y de voces, venidos de ultramar y que siglos atrás toparon con sus pálidos rostros. En cuestión de pocos años, Europa se fue poblando de nuevos acentos, voces y rostros, de árabes magrebíes y de marroquíes; de turcos y argelinos, de africanos de Gambia y de latinoamericanos de Perú, de Ecuador y de Colombia mayoritariamente, como resaca de sus ex súbditos coloniales que retornaban a Europa, esta vez como contraataque lingüístico, fónico, verbal, cultural y religioso. Los aceptó en la medida que fueran un exotismo recatado, un herbario humano aguantable y fueran pocos o poquísimos, hasta el momento que llegaron en oleadas cada vez más y más grandes para terminar por no ser gratos (non gratos). La llegada masiva de inmigrantes a casi todas las ciudades europeas, melló la capacidad de los Estados de bienestar para integrar a los recién llegados y alimentó la rabia que todavía palpita en las entrañas más profundas de la Europa xenofóbica, tan real como la Europa de Diderot, de Erasmo y de Tomás Moro.

Los Estados europeos al igual que sus ciudadanos, que al inicio vieron este proceso como natural y hasta aceptable, condescendientes con los extranjeros que venían de África o de América, de devolver solidaridad, justicia y afecto a los que alguna vez fueron expoliados por sus ancestros, poco a poco cambiaron su actitud cuando los extranjeros no eran uno o dos, sino cientos o miles. El aumento en el número de inmigrantes que reclamaban su legalización, el descontento de los ciudadanos europeos excluidos, el predominio de políticos y de grupos sociales orgullosos del pasado fascista, y el abandono progresivo del Estado del bienestar por adoptar una sociedad del riesgo, fueron las condiciones que junto a otras, crearon el clima perfecto para que ondearan de nuevo las antiguas banderas del racismo y la xenofobia. Todo esto explica el retorno de la xenofobia pero en nada, como en tantas otras cosas, la justifica. El esfuerzo de un continente que le fue ganando espacio a la barbarie y se ufanaba de ser uno de los mayores cooperantes con el tercer mundo, de repente gira a la derecha y con el se lleva a un número grande de socialistas, para aprobar por 369 votos contra 197 en el Parlamento Europeo, la Directiva Europea contra la Inmigración.

Esta Directiva establece entre otras medidas, la reclusión en “campos de internamiento” de los inmigrantes atrapados sin papeles, para ser retenidos por un plazo de 18 meses mientras se decide su expulsión; la posibilidad de los menores de edad de ser enviados a otros países distintos del que son originarios sus padres y como complemento, se impide la readmisión del extranjero expulsado en suelo europeo hasta por cinco años, si es considerado una amenaza para la seguridad nacional.

No les hizo falta levantar un muro de hormigón como los Estados Unidos, pero levantaron un muro legal con características represivas, con más aire fascista que demócrata, inspirada por la Europa de la caverna que se encarna en el liderazgo de Berlusconi y de Sarkozy, que ahora intenta jugar de demócrata con la defensa de Ingrid Betancourt. Había que recluir, doblegar y “guetizar” a los que saltaran las barreras migratorias y surcaran los mares en las pateras, vistos todos ellos como las liebres del mal.

La reclusión en un campo de internamiento es una forma brutal de mellar la conciencia y la moral del extranjero que es llevado allí, para reducir su resistencia a cero y disuadirlo mediante un tiempo prolongado de reclusión (un año y seis meses de tiempo) el seguir insistiendo en la idea de ser ciudadano europeo. Reducir la moral del recluso al puro hueso, vaciarlo de sus energías para quitarle su dignidad y toda esperanza de futuro, son en esencia, los mismos fines y objetivos que perseguían los nazis en los campos de concentración.

Pero culpar a Europa de tener toda la responsabilidad en el trato de los inmigrantes especialmente latinoamericanos, sería dejar impune a las corruptelas políticas compuestas por militares o por democracias de fachada, que por años fueron incapaces de generar procesos de integración democráticos con sus propios ciudadanos.

La Directiva Europea sobre inmigración pone en claro que el discurso sobre el ciudadano cosmopolita y universal, que ha roto las fronteras y los vínculos que lo atan a una historia local para fundirse como ciudadano de la aldea global, es una idea que pertenece a los libros y a las elegantes cátedras de las universidades de los países desarrollados. Es solo una aspiración posible para los habitantes ricos del planeta, pero no para los inmigrantes que buscan como sea sobrevivir. La realidad cotidiana del mundo y de la política conducida por el pragmatismo de mercado, demuestra que el planeta se divide, junto a otras muchas jerarquizaciones, entre los “sin papeles” y los que tienen acreditación para ir a donde deseen; entre los que dejaron de ser alguien o algo en un país en el que un día nacieron y emprender su periplo de parias y los que tienen por porque pueden, carta de ciudadanía.

Europa no sólo le niega la posibilidad de ser ciudadanos a los extranjeros que llegan a sus tierras, sino que los somete a tratos discriminatorios, a la vejación y a la tortura. Al negarles a los árabes, a los africanos y a los latinoamericanos las instituciones que les permitieron alcanzar su estándar civilizatorio, su grado de cultura y de educación, Europa, liderada por el comerciante Berlusconi y el cazador de divas de Sarkozy, afirma sin lugar a dudas, el retorno del viejo continente a la barbarie.

Paúl E. Benavides Vilchez | 6 de Julio 2008

1 Comentarios

* #9681 el 24 de Julio 2008 a las 04:50 PM Federico Quesada Chaves dijo:

Estimado Paul:

Creo que ahora mas que nunca resulta apropiado volver a hablar de imperialismo, ese término que algunos consideran fue superado, junto con el final de la historia. Pero que algunos historiadores y sociológos todavía defienden. La represión del mercado, la opresión de aquellos que poco a poco se han ido quedando sin tierra, o sin país, porque hasta los países están dejando de existir (no porque se rompen las fronteras con la globalización de las comunicaciones, como afirman algunos defensores de esta secta empresarial), sino porque países enteros en africa están desapareciendo a causa de las enfermedades y las luchas trivales. Pero lo mas interesante de todo, es el nivel de hipocrecía que alcanzan los moradores de las jaulas de oro europeas, quienes discriminan, torturan, humillan y minimizan a quienes en primera instancia son víctimas de esta circunstancia desde hace años, desde las primigenias formas de saqueo imperial, del siglo pasado, hasta las mas avanzadas formas de saqueo actual. Ahora, todos aquellos que de Africa o América, intentan de una u otra forma, mejorar su proyecto de vida, movilizandose a Europa, lo único que obtienen represión y persecución. Así pues, hemos entrando en un nuevo estadio de la raza humana, todos aquellos que no tengan, deben ser reprimidos y perseguidos, especialmente si desean emigrar a lugares donde la abundancia desborda. Gracias Paul. A ver si no nos dejamos impregnar por la barbarie, o peor aún, sin en algún momento, no somos víctimas de ella. Con el predominio del mercado, y la deshumanización, prolifera la violencia, ahora si que es cierto, solo vale el que tiene, LO QUE SEA (CASAS, CARROS, EMPRESAS, CAPITAL, DINERO.)!!!!!!!!!PERO TIENE!!!!!!!SINO TIENE, LO HUMILLAMOS, LO TORTURAMOS Y LO DESHECHAMOS.

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