Hay en los humanos una característica extraña que nos hace darle santuario a las cosas incorrectas cuando se pronuncian las palabras mágicas: entonces las cosas se vuelven legit, se legitiman. Una cosa que se declaró incorrecta repetidas veces por el voto adverso de un grupo de personas, como un tribunal, se vuelve correcta de repente si se insiste en que el voto se repita hasta que ese grupo la aprueba, por mayoría. El usurpador se vuelve rey una vez que se pone la corona. La cosa incorrecta entra entonces en el santuario de la legitimidad, y la aceptan hasta los miembros del grupo que siempre la consideraron incorrecta; sea la reelección en Costa Rica o la constitución europea, que está jugando de nuevo como el Nuevo Trato: es la de-mu-ku-ra-cia.
Este es el procedimiento que legitima, ya sea la reelección, el referéndum ejecutivo, la campaña desiformadora para el mismo, el manejo del referéndum para UPOV, el “depósito” del TLC, o el nombramiento de Hitler como canciller, y la enabling act con que inició la dictadura. En los Estados Unidos la Corte Suprema empacada por Reagan y Bush senior le dio la presidencia a Bush junior y le permitió convertirse en un virtual dictador; aunque le acaba de limitar el poder despótico quitándole sus prisiones personales, ahora que ya está debilitado por la impopularidad de su conducta.
Y ese es el procedimiento para la dicutidísima agenda de implementación del TLC, como lo estamos viendo claramente con la revisión y endurecimiento de las leyes que recién se pasaron en la administración Rodríguez para satisfacer las demandas de los ADPICS, todas las cuales se están cambiando ahora por requerimiento del poder de la maquinaria oligárquica, después de “votado” el referéndum. O digámoslo más honradamente aunque nos de vergüenza, por el requerimiento de nuestra oligarquía cafetalera, pues no los cambia en nada la diversificación al banco, el alcohol, el pollo, los medios de comunicación, y el hospital privado: son los mismos prepotentes gamonales, y nuestro pueblo los tolera.
He leído la parte del informe técnico jurídico de la Asamblea Legislativa sobre la agenda de implementación que el editor puso en Tribuna, y me parece un ejemplo excelente de ese hábito humano que adquiere características hipertróficas en Costa Rica.
Se trata básicamente de si la modificación de las leyes nacionales para cumplir con el tratado, que decidieron por su cuenta “nuestros” negociadores, (como lo de UPOV) , está incluida en el artículo 1.4 de tratado, y fue aceptada en el referéndum y el TLC, que ya debería estar “depositado” en la OEA, o si esas modificación a nuestra legislación las debe hacer la Asamblea Legislativa aparte, y someterlas a la certificación del gobierno de los Estados Unidos. La enmienda de leyes recientes para el TLC, como las de los APICS, es una violación clara de la voluntad del referéndum, pero eso pierde importancia si este mismo es espurio: es partir pelillos.
En un caso se respeta la democracia directa del referéndum, y en el otro se “vacía” de contenido entrometiendo la democracia representativa; pero en los dos la cosa pasa. Me parece que es como determinar cuál de los tres tiros mató a Rosita Alvírez, pués “tan solo uno era de muerte”, e Hipólito le hubiera zampado los cinco si no la hubiera visto bien muerta. Es como si te voy a dar un porrazo y vos te pones a discutir si corresponde que te lo pegue con la zurda o con la derecha, cuando lo que deberías discutir es que no te lo pegue, o planear alguna acción para evitarlo. Y como en ambos casos el asunto queda a la aceptación del gobierno americano, pues no se ve para qué oponerse a la certificación.
Yo no creo que fue la democracia directa la que aprobó el referéndum; lo pasó la prepotencia del gran capital, el gobierno completamente parcial, la clase empresarial a la que pertenece el gobierno, la Am Cham, la Embajada Americana, la Prensa plutocrática, y a última hora Mr. Bush y su representante comercial con sus amenazas. Tal vez entonces el cambio de procedimiento para modificar nuestras leyes solo busca darle al asunto un viso de legitimidad, pero no le puede “vaciar el contenido” porque no tiene ninguno, ni eso va a modificar en nada nuestra entrega. ¿Por qué no “depositarlo” en la Casa Blanca en vez de la OEA que es uno de sus instrumentos? La palabra correcta debería ser dump it — ¡ahí está! ¿O querés algo mas?
Me queda la cuestión de si el trabajo de implementación de Casa Presidencial, la Asamblea y la Sala IV (la misma mica y con el mismo rabo) es en realidad democracia representativa, y eso si es sumamente importante para no engañarse uno mismo. Porque el capitán se puso solo mediante su insistencia, su dinero y sus reuniones privadas con magistrados; su legitimidad se discutió ampliamente y la mitad de los abogados constitucionalistas la desaprobó; el congreso del partido que lo “escogió” estuvo inevitablemente intervenido; allí ni siquiera se permitió discutir el TLC; él se adueñó de la iniciativa del referéndum con la complicidad del tribunal; él manipuló tendenciosamente la información que se debió haber dado al pueblo imparcialmente sobre el TLC; el toleró, y quizá pidió, la intervención del gobierno de los Estados Unidos cuando el puñetazo; y él escogió el procedimiento para tratar la agenda de implementación. Seguro se me olvidan algunas barbaridades, pero las citadas deberían bastar y sobrar para demostrar que como nosotros no tenemos ninguna representación en la Asamblea en su proyecto transnacionalizador, ninguna se nos viola; además de que siempre hay alguna triquiñuela parlamentaria para que el poderoso haga lo que le da la gana.
Hubo otras egregias discusiones procedimentales alrededor del TLC y sus antecedentes que muestran la futilidad de todo el procedimiento: que si se trataba de un tratado o era un convenio; que si violaba la constitución o no; que si violaba la soberanía; que si estaba por encima de la ley o a un ladito; que si violaba las disposiciones de la OIT; que si estaba bien traducido; que si le faltaba una página o estaba traspapelado; que si estaba en Braille; que si se habían hecho suficientes copias; que si requería mayoría absoluta, calificada, o simple; que si a la agenda de implementación se le podía aplicar la vía rápida para que no estorbaran los opositores; que si la reelección de su campeón era constitucional porque la ley contra la reelección “violaba el derecho de todos los costarricenses si se quisieran reelegir como presidentes”; que si lo vio el congreso del PLN o recibió la orden superior de no discutirlo; que si Mr Zoellick se había extralimitado puñeteándole la mesa a don Abel; que si existían cláusulas paralelas, verticales, horizontales, perpendiculares, oblicuas, u obtusas; que si la conspiración se había pasado por la forma o por el fondo; que si el Convenio de Viena nos dejaba una salida; y que si ya lo había aprobado la filóloga.
Pero el proyecto de la oligarquía continúa su marcha inexorable aplastando todas las objeciones con otras tantas leguleyadas. Es como estar tirándole palillos a las orugas de una máquina desbocada e imparable, a la que habría que descarrilar de otra manera. Es peor, porque se trata de puro blá blá; hablar y hablar, cuando es necesario actuar ante el problema. Imagínese usted a Alejandro discutiendo con los asiáticos la manera de desatar el nudo Gordiano, o a Colón dándole vueltas impotente al huevo sin poderlo parar. “Ya yo estaría negro-negro”, decíamos en mis tiempos a uno que aguanta mucha provocación.
Hablar y parlamentar están bien. Son los procedimientos de gente civilizada, y hasta los piratas pedían su palaver porque eso les ayudaba a espiar. El problema es que también pueden ser los procedimientos de gente cobarde. El problema es que uno se vuelve un cómplice del ladrón cuando sigue hablando con él después que te robó la bolsa. Llega también el momento en que se debe actuar, y damos muy mala impresión cuando después de ese momento seguimos halando.
Y no me refiero aquí a echarse a la calle o irse a la montaña, aunque eso puede ocurrir si no hacemos nada, estoy hablando de unirse y organizarse para combatir a los ladrones, en vez de cada uno en su casa flirteando con el ladrón; ayudándole como cómplices de su juego. Es muy probable que las correcciones las queremos hacer en la próxima elección, y que iremos allí divididos en 20 partidillos impotentes, todos los cuales discuten mucho, y ninguno de los cuales hace nada.
José Calvo | 28 de Junio 2008


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