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Seguir adelante

Luis Paulino Vargas Solís | 20 de Junio 2008

En enero pasado difundí desde Tribuna Democrática una serie de seis artículos -que luego reuní en un solo documento- acerca de la urgente necesidad de construir una enorme alianza social, que integrara lo cívico y ciudadano con lo político y partidario. Una alianza plural y democrática que lograse convocar el poder de la ciudadanía organizada con toda su riqueza organizacional y expresiva, y a la que se unirían los partidos no neoliberales, aportando sus propia plataformas organizativas, pero dispuestos a ceder generosamente en sus ambiciones inmediatas y abiertos al diálogo más amplio -respetuoso y sin jerarquías- con esa ciudadanía. Esta alianza es seguramente la única opción viable para enfrentar con posibilidades de éxito los grandes poderes de la oligarquía neoliberal.

Con el transcurso de los meses, muchas cosas han ocurrido. Ha habido ricos procesos de debate, en la mayoría de los casos promovidos por organizaciones de base. Y, como era esperable, han florecido las objeciones, las cuales conviene repasar brevemente.

1) Es una opción electoralista. En consecuencia estaría simplemente supeditada a los venideros procesos de 2010. A mi juicio esto traduce desconfianza en la capacidad de esa misma ciudadanía organizada para trascender ese estrecho horizonte. De mi parte, y al margen de que mi propuesta ha enfatizado que lo electoral es solo un aspecto entre muchos otros -importante, sí, pero sin duda insuficiente-, sobre todo he llegado al convencimiento de que esta ciudadanía organizada posee una vitalidad y una capacidad de renovación que, bien encauzadas, podría conducir a profundos cambios, de muy largo plazo, en la sociedad costarricense. Y, como le consta a quienes me han leído a lo largo de ya varios años, este convencimiento es el fruto de mis propios esfuerzos de análisis y síntesis, no un puro acto de fe.

2) Es jugar con las reglas de la oligarquía. Me parece que esta objeción conlleva dos problemas básicos. Primero, una omisión: no se ofrecen opciones viables desde las cuales sacudirnos del yugo neoliberal. Decir que las cosas se resuelven en la calle aporta tan solo una fórmula simplista y voluntarista, sin mayor novedad. En cambio, la gran alianza social necesariamente incluye esa opción -un ejemplo: Sardinal- junto a muchas otras. Segundo, el error de que, una vez más, se menosprecia la capacidad de nuestra gente para inventar sus propias reglas y hacer mofa de las establecidas por los poderes dominantes. En el proceso del TLC ello quedo clarísimo: revolucionamos a profundidad la política en Costa Rica y, de hecho, la reinventamos dándole formas y contenidos por completo nuevos, y si al final, y de manera groseramente fraudulenta, se impuso la oligarquía, ello debe ser aprovechado como parte de un proceso de crecimiento y aprendizaje que permita acumular mayores capacidades. En síntesis, se reitera el error de no querer reconocer las capacidades de que está dotado este pluralista movimiento social para trascender ampliamente ese espacio particular.

En todo caso, es cuanto menos llamativo que se insista en que deberían volverse a los viejos recetarios -generalmente inocuos excepto para meter un poquitín de bulla- y que se quiera echar al olvido las nuevas fórmulas políticas que nuestra ciudadanía organizada ha venido inventando, con tan notables resultados, en estos últimos años. Y justo de eso se trata la propuesta de la alianza: trabajar desde las bases tan ricas que han sido puestas en este período, para darles continuidad en el tiempo, mayor densidad en lo social, un más rico contenido en la propuesta y un músculo político más fuerte y contundente.

3) La alianza es cosa “muy complicada”. Desde luego, esto es más que obvio. Sin duda construir esta alianza demanda esfuerzo y tenacidad, además de muchísimo desprendimiento y humildad y gran capacidad para el diálogo. Nadie dijo que era fácil, aunque a veces me sospecho que enfatizar lo demandante que resulta es tan solo una manera de justificar la negativa a posponer las propias ambiciones en bien de un interés más amplio.

4) La objeción caudillista. Se expresa por simple omisión, por parte de quienes ni siquiera se dan por aludidos y simplemente quieren seguir adelante con sus proyectos personales y partidarios, al parecer muy convencidos de que la suya es, sin más trámite, la propuesta correcta y de que su partido y su personal liderazgo bastan para darle su merecido a la oligarquía neoliberal y gobernar y hacer algunos cambios de relativa significación. Hay aquí dos problemas. El primero es que confunden sus gustos y prejuicios con la realidad, de modo que, mediante un atajo facilista, ven en esta realidad lo que quieren ver y eluden las complejidades, tan conflictivas, que hoy la caracterizan. El otro problema -quizá más grave- es que, en general, sigue viendo la política con los anteojos tradicionales: como sistema jerarquizado, bajo el comando centralizado de liderazgos carismáticos y caudillistas. Y, en particular, ven la política desde la estrecha óptica de la competencia electoral entre partidos.

Paradójicamente, esto último establece un punto de entronque entre estos políticos de línea más tradicional -que constituyen algo así como el extremo conservador en el multicolor espectro de nuestro movimiento- y los que, desde la parte más a la izquierda de ese abanico, desechan la alianza social como una simple alternativa electoral. En ambos casos hay un problema compartido: cuando se dice elecciones ven la competencia tradicional entre partidos, y, en cambio, se desentienden del potencial enorme de nuestro movimiento ciudadano para rehacer y reinventar lo político. De tal modo, hay de común la negativa o la incapacidad para valorar el potencial que posee este movimiento para trascender lo electoral y proyectarse con alcances mucho mayores.

5) El proceso sigue avanzando. Entretanto, y como mirando de reojo ese ramillete de objeciones, el trabajo de base ha seguido desarrollándose con creciente vitalidad. Después del resultado del referendo, ocurrió lo esperable: el reflujo resultante del desconcierto y el dolor; como al modo de un proceso colectivo de elaboración de un duelo muy complejo. Cada vez más, hay síntomas de que la cosa va siendo resuelta de forma satisfactoria. Aquí y allá, florecen los esfuerzos de elaboración y pensamiento y propuesta. Y, gradualmente, las organizaciones ciudadanas se recomponen y adquieren renovados bríos y sus formas de expresión y movilización manifiestan de nuevo el colorido multicolor y la creatividad que fueron características distintivas de nuestro movimiento en la lucha contra el TLC.

Algunos políticos, algunas organizaciones partidarias y ciertos segmentos del movimiento, van quedando a la zaga. Esta es la gente que podría malograr la idea de esa gran alianza, cosa lamentable tan solo con que recordemos que estamos entrando en una fase de crisis aguda que reta seriamente las bases del poder neoliberal. Pero, por su parte, la ciudadanía organizada -y en particular los comités patrióticos- están tejiendo esa alianza desde la base misma. Quizá no dé tiempo para 2010, pero justo porque lo electoral no es nuestra única ni principal motivación, la marcha no ha de detenerse. Hay que seguir adelante.

Luis Paulino Vargas Solís | 20 de Junio 2008

3 Comentarios

* #7875 el 21 de Junio 2008 a las 12:33 PM Jorge Crespo Berdecio dijo:

Admiro, don Luís, su esfuerzo y compromiso por pensar una alternativa política convincente a la “evidencia positiva y natural” de las propuestas neoliberales. Positivismo y naturalidad que forman la base de cualquier ideología, entendiendo esta en su sentido de falsa conciencia.

Creo que la lucha contra el TLC puso en aprietos esta pretendida naturalidad, abriendo una cicatriz en la credibilidad del poder oficial, ofrecido como único “garante” de lo verdadero y razonable. El articulo de Hilda López no fue mas que un síntoma de esta arrogancia que insiste en profundizar una ideología por las vías de la sociopatía. En este sentido, me atrevo a afrmar que el celebre Memorando no es mas que El Guión que organiza y hace hablar al poder enfermo que enfrentamos; el perfil duro y patológico que ha perdido su relación con el país y la ciudadanía. Un perfil envilecido por sus oscuros compromisos y amor al dinero.

Sin embargo, y haciendo frente a esta propuesta enferma existe también, por otro lado, la enorme desconfianza acumulada, no sin razón, en los políticos como representantes del poder ciudadano. Quiero decir, que los problemas de poder y gobernabilidad no solo habría que plantearlos en relación con el poder oficializado, sino, también, con el perfil que desarrollan las propuestas alternativas que buscan construir algo inclusivo, coherente, responsable y convincente.

La insurgencia del PAC y el movimiento contra el TLC son embriones frágiles en vías de maduración. Movimientos ciudadanos mas que partidarios, con todo lo que esto significa en debilidades y fortalezas, y créame que me cuesta entender la necesidad de apuntarse al surgimiento de nuevas opciones con todo lo que eso significa en recursos y esfuerzos. Para serle franco, tengo que reconocer que mis simpatías por el PAC han mermado, pero no puedo dejar de reconocer la enorme confianza que me inspiran personas como Ronald Solís, Leda Zamora, Rafael Madrigal, Alberto Salom, Elizabeth Fonseca y hasta el mismo Otón, con todo su carácter sencillo, franco y montuno, que han pasado por la aplastante experiencia de enfrentar a un poder que avanza repartiendo prebendas y castigos por los rieles de un guión sicótico. Una lección en la que algunos quedan en el camino y otros se fortalecen en su integridad y sencillez.

El neoliberalismo es un objetivo bien identificado, pero la desconfianza no. Esta ultima aun enferma a un 40% de nuestra población, además de a muchos que miran de reojo los esfuerzos de aquellos que aspiran al poder. Nuestro pueblo tiene un sentido intuitivo y practico que no siempre se guía por las plataformas o ideas que forman la base de las ideologías que guían las luchas de otros pueblos. Creo que una gran alianza tendrá que contar con una garantía, por mas pequeña que sea, para llegar al corazón de una población que ve empeorar sus condiciones de vida y teme que cualquier experimento, por mas bien intencionado que sea, pueda empeorar la cosa. El pueblo al que pertenecemos es conservador y muchas veces piensa que más vale pájaro en mano que cien volando.

La confianza tendrá que ser el valor más peleado en esta próxima campaña. Y los ticos seguiremos siendo impredecibles como el curso de las aguas en las tormentas.

Pienso que en estos momentos, atacar al PAC o a la Alianza Patriótica puede quedar como documento de nuestra inmadurez política, y la certificación de que cada pueblo tiene el gobernante que se merece.

Ellos tienen bonos, becas, televisoras, antimotines, instituciones obedientes y disciplinadas, y nosotros contamos con el corazón, el compromiso y nuestra probable astucia e integridad. Talvez la lucha no sea tan desigual en el nuevo entorno que vive el mundo.

En fin, que la desconfianza es un nudo hecho con dolor y decepción, y que nos vuelve potencialmente reaccionarios. Una gran alianza tendrá que ver con el pan nuestro de cada día o, por lo menos, con una pequeña semilla de mostaza.

Un abrazo.

Jorge

* #7927 el 21 de Junio 2008 a las 09:37 PM Cecilia Arias dijo:

Leyendo y escuchando comentarios de conciudadanos que desean la organización de un frente común, con el fin de tomar el poder, y trabajar para que la solidaridad y la fraternidad sean los faros que iluminen a los gobernantes y administradores de la cosa pública, siento que también es importante que actualicemos los conceptos relacionados con lo que verdaderamente es el capitalismo democrático, donde el ser humano sea el centro de atención y no el objeto de explotación, y los que se inclinan por el socialismo de izquierda también reconozcan los errores y horrores que nombre de Marx han cometido, en busca del bien común porque el amor al otro es una actitud que libremente asumimos.

Cecilia Arias

* #8069 el 24 de Junio 2008 a las 11:50 AM Celina García dijo:

Estoy muy de acuerdo con sus ideas. Sería una verdadera alternativa, tal vez la única que tenemos. Si ya existe un grupo, me gustaría asistir. Si no lo hay me gustaría colaborar para formarlo. Saludos y siga adelante. Los objetores son distractores a las verdaderas causas.

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