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Reinventar la política

Luis Paulino Vargas Solís | 28 de Junio 2008

Conocemos lo que es la política, según el concepto tradicional de ésta, el cual se expresa por medio de dos registros. Uno, el de la calle, según se ha practicado en nuestra historia política. Otro el académico, con el embellecimiento que aporta la ciencia política conservadora y oficial. Esta política tradicional podría ser caracterizada así:

• Los partidos compiten entre sí, cada cuatro años, a ver quién logra el control del Poder Ejecutivo, la Asamblea Legislativa y las municipalidades. • Los partidos giran alrededor de un así llamado -o pretendido- líder, a quien todo mundo, con más o menos disimulo o desparpajo, le rinde pleitesía. Hay otros supuestos lidercitos, de menor categoría, quienes exigen que, en su propio e inferior nivel, se les complazca con similares genuflexiones. • Los partidos dicen proponer programas que algunas señoras y señores tenidos como muy “pipas” (por ejemplo, los mil cerebros de Arias) han formulado. Estos programas sirven para disimular las verdaderas intenciones e intereses que los mueven. • La gente interesa de dos formas: primero, para mentirle, manipularla y sobornarla a fin de obtener su voto; segundo, para que parte de esa gente -la más politiquera- pegue banderas, maneje autos, prepare comidas y haga la carpintería que, a conveniencia de los grandes tagarotes, posibiliten que éstos salgan electos. • El proceso se desenvuelve bajo el bombardeo archimillonario de la propaganda -especialmente la televisiva- y los torrentes de frivolidades y manipulación que las corporaciones mediáticas lanzan. Y todo esto con un solo fin: adoctrinar y manipular al electorado.

Así pues, es simplemente falaz la idea -que la ciencia política conservadora intenta legitimar- en el sentido de que los partidos políticos son mecanismos que median entre la llamada sociedad civil y el poder político cristalizado en el sistema institucional y normativo del Estado. En realidad, esos partidos son simplemente mecanismos que sirven para repartir puestos entre quienes asumen la representación política de los grupos más poderosos. Excepto en aspectos secundarios, todo está bajo control de las oligarquías. De su seno salen los presuntos dirigentes. Los medios difunden la ideología que justifica el poder de esa oligarquía y lo hacen de una forma deliberadamente encaminada a fingir democracia donde tan solo hay manipulación del pueblo. Y, desde luego, es el dinero de estos grupos poderosos el que mueve toda esta maquinaria.

El Movimiento del No supo reinventar -con un poder creativo simplemente formidable- aspectos sustantivos de esta fábrica de falsificación y corruptela. Podríamos resumirlo con base en las siguientes características:

• El Movimiento se desarrolló con total libertad, sin necesidad de líder alguno -ni grande ni pequeño- que lo condujera ni que le indicara ni el camino a seguir ni las decisiones a tomar. A lo sumo, hubo algunas pocas figuras de mayor notoriedad pública quienes, sin embargo, jamás pudieron (ojalá nunca lo hayan pretendido) actuar como jefes. • El Movimiento, en cambio, gestó sus propios líderes y lideresas; lo hizo de forma espontánea y democrática, en el natural devenir de su desarrollo y conforme lo exigían las condiciones de la realidad. • El Movimiento creció y se fortaleció como una enorme red -una inmensa telaraña- formada por muchos pequeños centros de decisión, que se integraban y coordinaban de forma laxa y flexible. Cada uno de tales centros decidía por su cuenta y en el proceso creaba e inventaba, respetando opiniones, integrando aportes de sus miembros y de otra gente u organizaciones y sin necesitar nunca de jerarquías ni autoridades. • La gente aprendió a hacer las cosas por su cuenta. Se estudiaba y reflexionaba. Se proponía y sugería. Se creaba e inventaba. Se trabajaba de mil formas. Muchas veces también hubo desacuerdos y discusiones acaloradas y caras de enojo. Pero todo se hacía por cuenta y riesgo de la gente misma. Y la gente también aprendió a ser mucho más respetuosa y paciente con otros puntos de vista y otras maneras de hacer las cosas.

Hemos aprendido a hacer política de una forma nueva. Más aún: la hemos reinventado. Y, sobre todo, hemos logrado que la democracia deje de ser una palabra hueca y un pretexto detrás del cual se parapetan las ambiciones de unos cuantos y el poder de los más privilegiados. Hicimos de la lucha contra el TLC una enorme vivencia colectiva de democracia y una escuela de educación política, en libertad y en ejercicio pleno de participación ciudadana y responsabilidad cívica. Después de eso, Costa Rica ya no podrá ser la misma. Y es nuestra responsabilidad no permitir que siga siendo la misma.

Otra cosa es el resultado del referendo y todos los manejos oscuros y fraudulentos con que esta institución quedó definitivamente manchada. Pero esto simplemente ratifica algo que ya debe sernos muy familiar: el concepto degradado y corrompido de democracia que manejan las oligarquías neoliberales de Costa Rica. Una democracia-no-democracia que, sin atenuante posible, constituye la antítesis absoluta del nuevo concepto de democracia que, como ciudadanía organizada, hemos creado en estos últimos años.

Más allá del referendo, del TLC y de todo el ramillete purulento de sus leyes, se plantea el reto de darle continuidad a la enorme tarea que fue emprendida en la lucha contra ese tratado. Las bases están puestas y desde ahí hay que trabajar. El propósito, me parece, es principalmente uno: desarrollar la capacidad -es decir el poder- para transformar radicalmente este país y hacer que Costa Rica entera sea lo que fue la lucha contra el TLC: realidad efectiva y vivencial de democracia, con ejercicio plena de participación en un contexto socio-económico y cultural de respeto, inclusión, justicia y solidaridad.

Alguna gente que fue parte de la lucha contra el TLC, y también podría serlo de este enorme movimiento de cambio, se ha ido quedando atrás. Quizá a causa de sus ambiciones o por la estrechez de sus mezquindades ideológicas. Innecesario citar nombres. Se entiende fácil a quiénes me refiero. Mucha otra gente sí tiene la reciedumbre moral y el compromiso democrático, necesarios para seguir adelante en esta lucha. Es nuestra responsabilidad construir esa enorme y pluralista alianza ciudadana y política que permita derrotar al neoliberalismo y construir nuevos y democráticos y participativos espacios de poder y que, en fin, tenga la capacidad para una renovación profunda de esta Patria amada, hoy envilecida y maltratada.

Luis Paulino Vargas Solís | 28 de Junio 2008

2 Comentarios

* #8270 el 28 de Junio 2008 a las 06:42 PM Luis Adrián Mora Rodríguez dijo:

Estimado Luis Paulino, Leo con mucha atención todas sus reflexiones en torno a lo que viene (2010) y a la preparación que el movimiento del No podría articular (con su pluralidad y riqueza diferenciada). En lo central, estoy de acuerdo con usted. Se necesita una unión, larga, plural, sin mezquindades, con visión, y sobre todo DEMOCRATICA. Siguiendo la definición de democracia que el mismo movimiento vivió y respetó. Sin embargo, creo que en este último análisis se olvida usted de un aspecto fundamental. No sólo están de un lado los “tagarotes” ricachones y de otro, los inocentes electores que son manipulados. Hace falta, también, meter dentro de tal sistema (que les ha funcionado hasta ahora) la enorme red clientelar que penetra muchos de nuestros cantones y distritos, gente que como usted dice pone banderas y hace “gallos” para el día de las elecciones. Pero que también cobra su cuota dentro del sistema (bonos de vivienda, becas AVANCEMOS…) y todo ese sinfín de pequeñas dádivas que los Arias Sánchez no han hecho más que reforzar. Creo que el trabajo de base debe ser también dirigido hacia ellos. Muchos de los cuáles aparecieron como “de pronto” el día del referéndum, movilizando gente en escuelas y colegios, sacándolos de los barrios para ir a votar. Cito sólo mi experiencia en el Comité de Calles Blancos, donde esta población nunca fue visibilizada por nosotros, y resultó la causa (en parte desde luego) de nuestra derrota.

Creo que acompañando la reflexión teórica sobre el movimiento, se debe emprender (más allá de reuniones y proclamas) una verdadera “vuelta a la calle”, con volanteos, visitas, etc…

* #8301 el 29 de Junio 2008 a las 11:08 AM Luis Paulino Vargas Solís dijo:

Agradezco mucho a don Luis Adrián Mora Rodríguez su comentario, con el cual coincido plenamente. Simplemente aclaro un detalle: cuando hablo de sobornar a la gente me refiero -de la forma más sintética que me fue posible- justo a esto que usted con tanta propiedad describe.

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