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Mayo del 68

Paúl E. Benavides Vilchez | 6 de Junio 2008

Mayo del 68, es un mes y un año que suscita polémica tanto para los que creen que representa la expresión más pura de la rebeldía y la libertad, como para quienes no creen que estos acontecimientos ocurridos en Francia como escenario, tengan, después de cuarenta años, alguna relevancia. Su crítica o alabanza es el sello inequívoco de que se está frente a un acontecimiento cuya sacralización o defenestración conduce por distintas vías a hacer de él un mito, para apropiárselo o destruirlo; el hecho de que yo no lo viviera y quiera decir algo acerca del 68, lo confirma. A fin de cuentas todos queremos pellizcar al elefante.

Lo cierto es que para unos fue la más firme barricada cultural e intelectual frente al orden burgués y capitalista establecido - tal era el contenido de la crítica de aquellos jóvenes hijos de la burguesía - y, para otros, representa todos los obstáculos mentales, ideológicos y culturales que hoy en día impiden que las sociedades sean prósperas y exitosas, sin las complicaciones ideológicas que retardan dolosamente la fuerza proteica del capitalismo para crear riqueza.

El máximo representante de esta postura es Sarkozy, epígono del neoliberalismo europeo que ve, en mayo de 68, el origen de todos los males de su país. Como todo hecho que se rememora o recuerda con nostalgia especialmente para lo que creemos que esta fecha es importante, mayo de 1968 es un ícono en el imaginario juvenil anárquico, rebelde, narciso e idealista, que dio contenido especial a lo que significó ser joven durante la segunda mitad del siglo XX. Es inevitable que su transformación en mito restrinja o simplifique su significado real; acercarse a las circunstancias que marcaron su surgimiento, evolución y posterior fracaso, será el mejor homenaje que se le pueda rendir al movimiento estudiantil de mayo del 68.

Lo que sigue es una tentativa marcada por mi subjetividad.

El Mayo Francés, arranca con el reclamo de los estudiantes porque no había pupitres ni espacios en las aulas; no había libros en las bibliotecas y los estudiantes tenían gastados textos como material de clase. Los estudiantes tomaron los parques, los cafés y las plazas, no por el afán poético de disfrutar el aire libre, sino porque no había campo suficiente en las aulas y bibliotecas; una demanda propia de un país tercermundista en el corazón de la Europa desarrollada.

Conforme avanzaban los acontecimientos, ocho estudiantes de la Universidad de Nanterre reciben una tremenda golpiza, cuando apenas salían de la comparecencia del Comité de disciplina de la Universidad, por protestar contra el arresto de algunos estudiantes que rechazaban la guerra de Vietnam. Allí se encontraba uno de los líderes más importantes del movimiento, el estudiante Daniel Conh-Bendit (llamado Daniel el rojo). Las fuerzas más conservadoras activan el sentimiento antijudío y obtienen como reacción un masivo rechazo de los ciudadanos y estudiantes, quienes gritaban por las calles: todos somos judíos alemanes, en apoyo a Conh -Bendit.

El liderazgo estudiantil fue capaz de convocar el apoyo de los obreros franceses. La huelga de los trabajadores de la poderosa ORFT (televisión francesa) fue prolongada y fundamental para el movimiento de mayo del 68. Frente al liderazgo cada más intenso de los estudiantes, la Central General de los Trabajadores (CGT) se vio obligada a plegarse al movimiento, posiblemente a contrapelo de su voluntad.

Pero todo esto se deshace poco tiempo después. El liderazgo estudiantil y el apoyo masivo de la sociedad francesa de repente se apaga y se diluye tan rápido como surgió. El Partido Comunista Francés (PCF), como la CGT, terminan pactando con el gobierno de de Gaulle, con el que negociaron el aumento de los salarios, la semana de cuarenta horas y un conjunto de reivindicaciones laborales totalmente justas, que a juicio de los estudiantes representó una traición a la revolución y una concesión al orden burgués. La “democracia salvaje” de los estudiantes, tremendamente renuente a pactar o buscar arreglos con el poder establecido, molestaba a los sindicatos y al partido comunista que necesitaban negociar y a pactar con de Gaulle, como forma de consolidar las estructuras de poder. Se dice que una de las causas del fracaso de mayo de 1968 radicó en la falta de entendimiento o coordinación entre los estudiantes y la CGT y el PC., pero las incongruencias entre unos y otros tenían raíces más profundas.

Los estudiantes debatían en los pasillos y las plazoletas de La Sorbona, colonizada de banderas rojas y negras en todos los sitios, con Sartre como director de debates, quien duro e inclemente con la izquierda partidaria, les increpó que su principal preocupación era - lo decía junto a Nathalie Sarraute- que la revolución de los estudiantes les pasara por encima.

Carlos Fuentes fue testigo de aquellos acontecimientos y cita a Sartre: “las viejas formaciones de izquierda se sintieron amenazadas porque, ellas también son instituciones y hacen el juego a la burguesía”. El escritor mexicano por aquellas épocas, todavía permeado por una sensibilidad de izquierdas, relató que la juventud parisina reaccionó contra el orden conservador capitalista y consumidor. Las demandas estudiantiles por más aulas y más lugares donde recibir lecciones y bibliotecas con libros e iluminadas, iban de la mano con la demanda por relaciones horizontales y no jerárquicas entre alumnos y profesores. Esgrimían la contestación como conducta: someter todo al cuestionamiento sin que dada ni nadie se quedara fuera. Lo que hoy se conoce como la revuelta del 68, para los estudiantes de aquella época no lo era: era una revolución que resultó saboteada o traicionada. Por encima del pacto entre propietarios y obreros, propio de la negociación sindical, proponían la huelga para llegar la autogestión a las fábricas y las empresas; propusieron los consejos obreros de autogestión que funcionaron efímeramente en las principales industrias francesas, antes de ser desarticulados por la CGT.

Es posible sostener que mayo del 68 fue, en esencia, una revolución estudiantil que entró en contradicción con las estructuras políticas de la izquierda tradicional, y por eso fue heterodoxa, libertaria, anarquista y situacionista (Guy Debord) más que marxista leninista. La democracia salvaje de los estudiantes así endilgada por los CGT y el PC, equidistaba de los métodos y objetivos de la lucha de los sindicatos, inscritos en la negociación y el pacto político.

Algunos sostienen que mayo del 68 es la primera revolución postmoderna, lo que no parece ser del todo cierto. La reclusión en el yo, como esfera blindada frente a la sociedad y el egoísmo individualista/narcisista, propio del tirón postmoderno, fue desbordado y superado por la solidaridad de la juventud con los estratos marginales del orden burgués. Fue una revolución crítica de la modernidad, en donde Bakunin (el socialismo sin libertad es el cuartel) se combina con el humor y la ironía surrealista (debajo de los ladrillos está la playa) la consigna libertaria (prohibido prohibir); con San Agustín (La guerra y la injusticia son el resultado de la propiedad); con Gide (Los prejuicios son los cimientos de la civilización); con René Char (La vida ama la conciencia que se tiene de ella); con Baudelaire (Dios es un escándalo, pero un escándalo rentable), collage ideológico y político nunca antes plasmado en las paredes de París. La estética se hace política quizás con una intensidad nunca antes vista, y esto puede llamar a engaños postmodernos.

Mayo del 68 es quizás la protesta más contundente frente a la terrible posibilidad de que la edad mate los ideales; es la prolongación de la juventud como resistencia y afirmación del ideal frente al exceso de realismo por el que la vida somete a los individuos. Los estudiantes tenían como núcleo duro el contestar a la creencia de que el idealismo fuese un sarampión juvenil: “¿leer libremente a Marx, a Engels, a Bakunin, al Che Guevara y a Marcuse solo si acepto que una vez que salga de la Universidad debo renegar de todo lo que he aprendido y aceptar como borrego mi situación prevista en una sociedad ordenada para siempre sin mi consentimiento? “. El mayo francés, el mayo europeo, también tiene una expresión latinoamericana, un primo cruzando el atlántico, el mayo de Tlatelolco, el mayo de la plaza de las tres culturas. Pero ¿por qué protestaron los jóvenes mexicanos? ¿qué reivindicaban? ¿acaso eran las mismas demandas de los jóvenes franceses? El mayo francés iluminó como un relámpago contracultural a la sociedad y a los jóvenes mexicanos que rechazaron la retórica revolucionaria desde Carranza hasta Días Ordaz llena de fraude, engaño, crímenes políticos y corrupción. El mayo francés en México se llenó de muerte, la estética como política y la ironía surrealista, el ingenio poético de Gide y Baudelaire se llenó de sangre, de jóvenes mexicanos asesinados por el Gobierno de Días Ordaz. Fue un chingazo contracultural que rodeó la plaza de las tres culturas de un cerco de silencio e impunidad que se prolonga por cuarenta años hasta el día de ho.

En Costa Rica, mayo del 68 prohijó el movimiento de Alcoa dos años más tarde, en 1970. Ese fue el encuentro de los jóvenes de aquella época con el mundo, con el movimiento contracultural de Francia, de San Francisco de California, de Tlatelolco y especialmente con la Revolución Cubana. La pregunta obligada es ¿quedó de todo aquello, de mayo del 68 y de Alcoa, como la expresión tica de la revolución contracultural del mundo desarrollado? Algunos dirán que no cuajó en nada y entienden por nada el que no se formara una fuerza o un partido político de izquierda, lo que es reducir y no comprender la naturaleza de lo ocurrido en mayo de 1968. Otros creemos que ocurrió algo más importante que un partido político: los jóvenes costarricenses desbordarían su condición insular para entroncar, con las juventudes de otros países, que a partir de mayo del 68 fueron capaces de alterar por sí mismas el rumbo y el destino de una sociedad. A la rebeldía se le añadió el complemento de la conciencia ideológica y política: ser joven significó, a partir de aquel momento, estar profundamente imbricado en la realidad y tratar de cambiarla desde la acción política. La herencia de mayo del 68 está fuera de los partidos políticos y de las estructuras de poder, cualesquiera que estas sean: su legado radica en que la juventud conquista su conciencia y asume a partir de ahí un protagonismo más intenso; en la vivencia plena de la libertad para decir lo que piensa y luchar por que lo cree; en la fuerza alquímica de la poesía, la cultura y la imaginación para sabotear de manera inédita los fundamentos del poder opresivo; está en la afirmación de que el idealista también puede cambiar la realidad. Huella de Mayo del 68 que ALCOA recupera y tiene también como su principal legado.

Paúl E. Benavides Vilchez | 6 de Junio 2008

1 Comentarios

* #7074 el 6 de Junio 2008 a las 09:08 AM Bernal Arias dijo:

El “barrio latino” tico 08, de apatía y desjerarquización de las relaciones sociales, digamos, coloquial y aberrante “porta´ mí”, un “pinto ideológico” impresionante que vivimos, de manipulación in extremis, de cante y baile. Sub producto preciso de la psicología política de manipulación de masas y desinterés de acción o bien reaccionario,… donde cada uno se coloque. Es una simple remembranza de una generación que no llegó a más, aportando la cultura de la sospecha y el “pellizgo” sin contenido final a las formas de autoridad dominantes, en un modelo que aún persiste y que creo, es más sólido hoy que antes, dirigido justamente por los jóvenes de los sesentas. Agua corrió debajo del puente en cuarenta años. Saludos, Bernal

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