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¡Juega de nuevo! Observando la "observancia"

José Calvo | 12 de Junio 2008

Hay un cuento de un cura que propuso que una pluma tirada al aire señalara al culpable de acostarse con la esposa del sacristán. Pero cada vez que la pluma se le devolvía, la volvía a tirar gritando ¡juega de nuevo!

Así operan las leyes en Costa Rica. Si a un poderoso la Asamblea le rechaza un proyecto de ley, lo vuelve a mandar una vez tras otra hasta que pase. Y si una ley le estorba, propone su reforma una vez tras otra hasta que la logra. Si no lo puede hacer en la Asamblea, la manda una vez tras otra a la Sala IV, hasta que esta la declare inconstitucional exhaustis viribus: todos lo hemos visto.

Eso es lo que le está pasando a la Ley de Observancia de la propiedad intelectual. Esta se discutió junto con todos los ADPICS (asuntos de propiedad intelectual ligados al comercio), y se pasó en la administración de Miguel Ángel Rodríguez, con penas de cárcel de tres años, cuando no hay penas de cárcel por violaciones de la propiedad intelectual en los Estados Unidos, según admitió entonces el señor Weggener, un abogado de patentes “de alto calibre” enviado aquí por la Embajada Americana para empujar el concepto americano de la propiedad intelectual (el monopolio) como parte del libre comercio. Pero los empresarios ticos, agentes malinches de las transnacionales gringas, querían penas de cinco años, porque estas eran de acatamiento obligatorio para el juez, pero no lo lograron, a pesar de que estaban allí en la comisión como buitres, esperando poder caer sobre cualquiera que amenazara su monopolio: Goliat contra David, y este sin hondilla. Entonces reformarán la ley.

Cada vez que se hace una concesión malinche para proteger la propiedad intelectual gringa, sale el vitalicio Ocampo que se quiebra para los Estados Unidos a presentarla, y como allá le dicen siempre not good enough, el proyecto de reforma vuelve a la Asamblea de la república soberana de Costa Rica, que terminará inclinándose al mandato: ¡chingos de de-mu-ku-ra-cia!

Ahora hay un pronunciamiento concreto de la Sala IV diciendo que las penas por violaciones a la propiedad intelectual de los americanos no pueden ser superiores a las de otras violaciones similares, pero esto no satisface a los gringos; ni a sus agentes locales, quienes tienen una propuesta extraordinaria de doctrina legal: dicen que como los ticos somos más propensos al delito que los gringos, las penas tienen que ser aquí superiores; de milagro no han pedido la de muerte. Ya lo había dicho el actual ministro de comercio exterior, y ahora lo han corroborado en la Asamblea dos ministros anteriores: González dice que las penas deben ser lo más severas posibles, “de acuerdo a lo que han manifestado los americanos” ( sólo le faltó agregar “que nos gobiernan”). Y Trejos, quien no quiere desconocer el fallo de la Sala IV, agrega sin embargo que las penas deben ser proporcionales (suponemos que al poder del acusador), y le dice al Poder Judicial que si es necesario aumente entonces las penas para otros delitos; sabiendo que su clase es impune. Toda la soberanía tica queda supeditada entonces a las demandas del TLC y sus complementos. ¿Y se oye acaso en la Asamblea a los opositores de la propiedad intelectual americana, o les da cobertura la prensa? El periódico de ayer dice que los economistas ticos están con McCain, pero sólo entrevistaron a los de derecha, los mismos que estarían con Bush si se pudiera reelegir.

De la necesidad de ajustarse a los deseos del imperio, todos estos dignísimos señorones —“aperturistas” en una dirección—, están contestes; y sin testes. Porque entre las muchas contradicciones de la libertad del mercado del TLC, ninguna es más flagrante que la de una propiedad intelectual que es un mondo y lirondo monopolio. Con el agravante adicional de que casi toda es de los países ricos: donde de 100 patentes ellos tiene 97 remunerativas, y lo países pobres tienen tres “purete”. Si algún inventor nuestro diera con un invento rentable, no le quedaría más remedio que desarrollarlo en los Estados Unidos o en Europa. Amén de que tampoco los inventores americanos o europeos reciben la protección de su invento: la reciben sus patronos, las grandes corporaciones. Al carácter monopolístico de la patente por 20 o más años (toda una vida, y en condiciones de un gran dinamismo que vuelve el invento obsoleto muy pronto), hay que agregarle los años de protección de los “datos de prueba”, donde se viola la ley que se les dio, la que no permitía ninguna extensión al monopolio de 20 años de la patente. Y está además la graciosa concesión tica de las “pruebas de equivalencia”, que hacen imposible el mercadeo de genéricos. Aquí está paralizado el registro de genéricos desde hace cuatro años, por disposición de la Contraloría y los ministerios de salud y agricultura; este último con una oficina tradicionalmente simbiótica con los intereses trasnacionales —donde por cierto trabajó el papá de nuestro negociador estrella—. ¡Y ante la crisis alimentaria dicen que andan buscando bajar nuestros costos!

Pero hay otra consecuencia más grave de la propiedad intelectual: que al imponer un concepto de propiedad que no tuvo que sufrir ningún país durante su desarrollo, hacen imposible que nos desarrollemos: ahora lo quieren aplicar a nuestras plantas de cultivo, y pronto lo aplicarán a nuestros animales: el monopolio completo. Y con el activo colaboracionismo de nuestros aristocráticos malinchones sin testes; y quien sabe si sin testa.

Tenemos así un concepto claramente monopolístico y paralizante de la propiedad intelectual, metido en un tratado de libre comercio que es en realidad puro comercio administrado -una nueva forma más siniestra del dominio imperial-. ¡El colmo de la deshonestidad!, y avalado por los malinches locales. El documento lubricante del COMEX para los ADPICS decía que con estos Costa Rica entraba con paso firme en la época moderna de la propiedad intelectual. Y aumentando mi impopularidad allí, yo dije en la Comisión Legislativa que los dictaminó que se podía oír bien el doblar de los tambores extranjeros, y de los nativos el tom tom.

Según nos dicen estos vendidos, esa propiedad intelectual hará que gocemos de los inventos de las naciones ricas industriales, que de otra manera no vendrían aquí. Como si no hubiéramos tenido siempre todos los inventos de las naciones ricas, sin las patentes. También dicen que al fabricar aquí esos inventos patentados, nosotros vamos a aprender el conocimiento de ellos: otra falacia imperdonable, porque la fase que se fabrica aquí es siempre low-end: la menos secreta; la que está mas cerca de volverse un bien público.

En síntesis, el concepto actual de la propiedad intelectual, impuesto por las grandes corporaciones de los países ricos, nos condenaría al eterno subdesarrollo, con la activa complicidad de nuestros gamonales: la antigua oligarquía cafetalera. ¿Qué quiere que le diga? Y lo pongo en condicional porque ese trato abusivo y entreguista no es sostenible. Los 5 000 millones de habitantes del Tercer Mundo no pueden permanecer contentos arrinconados por los 1 000 del Primer Mundo. Algo tiene que ceder, y es de esperar que se saldrán del rincón pateando y mordiendo. Y como eso sucederá pronto y todos (y todas) nuestros malinches son cuarentones, vale la pena recordar sus nombres para que les cobre la nueva generación cuando llegue la reivindicación, ya que con la generación nuestra harán lo que les de la gana.

José Calvo | 12 de Junio 2008

2 Comentarios

* #7502 el 13 de Junio 2008 a las 07:36 PM jose RODRIGUEZ dijo:

Excelente, patriota, lo felicito.

* #7596 el 15 de Junio 2008 a las 10:11 PM Carlos Roberto Loría dijo:

Artículo inspirador de lectura obligatoria. La exposición de don José es la más clara, informada, contextualizada y valiente que se ha dado sobre el problema de la propiedad intelectual. Y por supuesto que habrá que pasarle la factura tanto a los responsables de tanta sinvergüenzada como a los indolentes.

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