Por razón de que yo advertí durante muchos años, el resultado final de las políticas de “libre mercado” en la seguridad alimentaria (con el significado de que los países pobres importaran los excedentes alimentarios subsidiados de los ricos porque eso era “ventaja comparativa”), me ha llamado mucha gente para hacerme un reconocimiento y pedirme una opinión. Esta es, de hecho, otra predicción: la ola triunfalista del mercado no hará nada que ponga en peligro su dogma neoliberal, y seguiremos de mal en peor hasta tocar fondo. Las cosas se arreglarán solas.
Seguro esto muestra que a los seres humanos no nos guía la razón sino la ideología y el dogma. He leído en un periódico reciente que en una discusión sobre el problema alimentario, las Naciones Unidas está arbitrando entre proteccionistas y libre cambistas: ellos lo ven como un partido de fútbol en que tiene que ganar su equipo, más bien que como una decisión inteligente que no puede obedecer terquedades dogmáticas, sino que debe aceptar cambiar lo que haya que cambiar: y siempre hay algo que se debe cambiar, en vez de decir “no me toquen nada”. Se reúnen estos notables en hoteles de cinco estrellas para eludir la responsabilidad y decidir qué hacer después de no haber reconocido las advertencias, como si no se necesitara un milagro para multiplicar los peces y los panes que antes no les importaban nada. Arias debería ir a la cumbre de seguridad alimentaria a golpearse el pecho, pero irá a equivocar las causas para exonerarse de una culpa enorme; también debería llevar al otro, ¿ah?.
Las mismas Naciones Unidas, que dependen de la plata del imperio mercadista para su presupuesto, y quién sabe si no del cabildeo de la empresarialidad, tenía hasta hace poco por política agraria el Desarrollo Rural: una posición complaciente con el poderío de la tendencia unipolar empresarial que significaba desviar al agricultor pequeño de su función productora de alimentos, y meterlo más bien en el turismo y el embellecimiento del panorama. Vale la pena recordar la desilusión de la izquierda con los resultados de la Conferencia de Roma, donde las jerarquías dominantes ignoraron olímpicamente el problema de la seguridad alimentaria, representada allí por oyentes, para plegarse temerosamente al Consenso de Washington.
Los académicos que entrevistó recientemente La Prensa Libre sobre el problema alimentario, todos de la misma cepa neoliberal, muestran ya su incapacidad para abandonar el dogma de la “ventaja comparativa” que impuso aquí como eje de todo don Eduardo Lizano. El mismo ve como solución el programa de Reconversión Agrícola, ignorando que este fue un intento para darle un lugar en LA NUEVA AGRICULTURA de exportación al agricultor campesino, que el mismo había dejado por fuera. Intento que no se logró porque la ley se desvió para poder politizar el proceso. Con decir que pusieron como presidente de la Junta de Reconversión a don Fito Coto, un hombre que llamaba nimiedades a la reconversión, a la sazón presidente de Cámara de Agricultura, y después comodín del COMEX para el TLC como ministro de agricultura del inefable don Abel. Las cosas hay que decirlas. Antes de él había sido ministro de don Miguel Ángel el señor Brenes, vicepresidente de la Cámara de Agricultura y profesor del INCAE; para que usted se vaya orientando: la cosa dégli.
Decía además don Eduardo Lizano en esa entrevista de La Prensa Libre, que “en Costa Rica nunca se propuso que abandonáramos la producción de granos básicos”. Esa es seguramente la culpa de los propios agricultores, porque lo que es él no admite ninguna: como si la ruina de nuestra producción de granos no tuviera por causa la importación de los excedentes americanos subsidiados que les impuso la “ventaja comparativa” de su original concepto de libre mercado. Don Telmo Vargas dice que es que aumentó la población de la China, y don Luis Mesalles agrega que “él hizo un estudio” (seguro para el Banco Mundial, o el FMI) “donde se demuestra que Costa Rica no tiene suelos suficientes para producir todos los granos incluyendo el TRIGO”, (¡”faltaba la chicha en Cot”!), “ni cortando los bosques”. Este dato tiene el pelo chuzo de tanto jalarlo. Es como el del desprestigiado Banco Mundial que nos da don Jorge Guardia de que la culpa de la carestía la tiene la conversión del 30% de los granos en alcohol combustible. Es más honrado Bush reconociéndole a la conversión un 15% del aumento de los precios, porque eso equivale necesariamente a mucho menos del 15% del volumen convertido, pues la escasez de alimentos eleva sus precios desproporcionadamente. Aunque Bush nos deja en babia del otro 85%, que se debe a su exportación de excedentes baratos subsidiados.
El dato del 30% del B.M. es de por sí increíble; pero además ignora expresamente que los granos se vienen encareciendo desde hace 10 años, muy antes de que se pensara siquiera en convertirlos en alcohol. Igual que ignora el efecto brutal de las importaciones de China e India. Pero responde perfectamente al empecinamiento del Banco Mundial que se rige por el Consenso de Washington que predica el libre mercado con subsidios, que ha arruinado a los pequeños agricultores productores de alimentos EN TODO EL MUNDO. Por cierto que las importaciones alimentarias de China e India (la tercera parte de la humanidad) apenas si están entrando como evidencia en la discusión, porque ya no se podían seguir ignorando. (“¿Cuál elefante”?). El número que la revista Time le dedicó al problema ni siquiera lo menciona como factor; aunque admite que sólo el 2% de las gasolineras americanas venden alcohol carburante.
Pero don Jorge no atribuye las importaciones alimentarias chinas a la asignación de recursos para exportar bienes industriales aprovechando la “ventaja comparativa”, sino a que “ahora comen más”: se aprietan un gran timbón; que es en todo caso menos absurdo que la explicación de don Telmo de que han aumentado su población de repente. Lo que en esta encrucijada hacen los neo liberales para defender la ideología mercadista es falsear las cifras. Por cierto que don Jorge Guardia, que ya no puede estar más a la derecha, se declara liberal. Las cosas en su lugar. Liberal era Locke, y Montesquieu, y Adam Smith: don Jorge es neo liberal. Su insistencia en decirlo ahora que el barco se les hunde equivale al “no me rindo” de cuando los chiquillos luchan. Y si él habla contra los derechistas en esta discusión de los granos es por puro mimetismo; por camouflage.
Prueba de ello es que él se inventa una nueva petición de intervención estatal en el mercado por parte de los agricultores americanos —quienes con los precios actuales no necesitan los subsidios. ¡Que repugnante hipocresía! Como si no fueran ahora una mancuerna los empresarios y los gobernantes. Como si no se subsidiara aquí toda la maquila. Como si no recibiera aquí un trato de privilegio la inversión extranjera. Como si no lo recibiera la actividad financiera. Como si el gobierno tico no tuviera desde hace años un terco contubernio vergonzoso con cuatro transnacionales farmacéuticas y las cámaras empresariales que aquí las representan, para prohibir al pueblo costarricense el consumo de genéricos más baratos. Como si la industria no usara la ciencia para monopolizar por medio de su “propiedad intelectual”, con la activa colaboración de los tres poderes (tres en uno). Como si el sistema de subsidios agrícolas de los países ricos, que los neoliberales han acomodado sin ningún escrúpulo en sus Tratados de Libre Comercio, no hubiera sido siempre una flagrante intervención estatal; seguramente necesaria, porque las leyes del mercado no pueden acomodar a la agricultura por las características incontrolables de su oferta. Pero aquella no es una intervención estatal más contradictoria y censurable que la de unos tratados de “libre comercio” que nos obligaban a importar sus excedentes sin ellos disminuir los subsidios; cosa que aquí aceptan mansamente, pero que ahora no ocurrirá, por fuerza mayor. Tampoco tendremos “precios de oportunidad social”. Y La Nación, chitón. Ella que nos restregaba su babarragia por el economista laureado, y decía que esas importaciones subsidiadas (que arruinaron la producción) eran para beneficiar al consumidor; como dice la organización de consumo de los libertarios.
La realidad interviene para corregir los errores flagrantes de los hombres: de repente “la mano invisible”. Porque esa mano también castiga. Lo malo es que sea el pobre pueblo el que paga los errores de los arrogantes sabios académicos, y que ellos siempre tengan su condominio y su bistec. O su “tostel y taza de café” ¿ah ah? Pero quitada la piedra quitado el tropezón, y como ya no hay excedentes baratos, esta ideología aberrante no le podrá seguir haciendo daño a la agricultura global, que se recuperará en el largo plazo con el alza del precio.
El apuro neoliberal para exonerarse de la culpa de la crisis alimentaria es tanto, que no advierten que atribuirla al agotamiento del petróleo o al cambio climático es también una admisión de culpa, pues los “socialistas” les hemos señalado igualmente esas debilidades de su paradigma insostenible. Igual es atribuírselas al crecimiento de la población de China, como hace don Telmo, lo que equivale a reconocer que no hay para todos en el “libre comercio” agrícola, y que tiene un límite inevitable el crecimiento.
Nuestras críticas bien fundamentadas no se pueden desechar como “socialistas”, como hace don Jorge. Yo también fui liberal, pero me hice “socialista” ante el abuso triunfalista del capitalismo, y su contradicción. Y que nadie me hable contra la intervención estatal cuando está ahora tan desfachatadamente volcada al favorecimiento de los poderosos, al mismo tiempo que le quita la ayuda a los más débiles; o los condena eternamente al geto de la “focalización” solo porque tuvieron que vender su parcela, o no tienen un apellido aristocrático.
Uno esperaría que ante la aparición de una falla fundamentalísima en el plan de vuelo, esta se reconociera y no se negara por principio, pues eso nos puede obligar a tocar fondo, que es seguro lo que tendremos que hacer, porque los neoliberales tienen el mando, y para no dar el brazo a torcer van a atribuirle cualquier señalamiento de sus fallas a ideología de quienes la señalan. Son las consecuencias políticas del sufrimiento y el hambre global las que nos harán tocar fondo y despojarán de su poder a quienes ahora lo detentan: no hay mal que por bien no venga.
José Calvo | 5 de Mayo 2008


1 Comentarios
Don Jorge, si se valiera el plagio cogería su comentario y lo mandaría como si fuera hecho por mi. Yo había querido decir todo lo que usted puso tan atinádamente.
Voy a respetar el principio de su autoría para hacerlo llegar a mis allegados. De verdad deben leerlo.
Gracias