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Ni tanto que queme al santo...

Alfonso Chase | 5 de Mayo 2008

Lo único que tenemos definido, ya, es que los próximos dos años serán de articulación política, hacia las elecciones de 2010. Otro aburrido período, de vacas flacas anunciaron, luego del óleo de recursos para lograr crear un clientelismo apreciable para así darle carta de aprobación al TLC, mediante la creación de una especie de espejismo, en donde la prosperidad a futuro se deshace ahora, para entrar a la pesadilla recurrente de los años de la peste, en donde todo se desvanece y todo vuelve ser sujeto de propaganda, para que se anuncien los grandes cambios entre 2010 y 2014, que serán igual que la clásica recurrencia que no permite el desarrollo del país y si tenues proyectos, algunos muy buenos, otros regulares, que se van proponiendo, gastando la olla de acumulación que fuera heredada por anteriores gobiernos que no hicieron nada.

El banderazo de salida ya está dado. Para otros ha sido parar en seco sus aspiraciones y hacer pucheros, como si hubieran sido traicionados, luego de pegarse como sanguijuelas a quien da la bendición, que en estos casos es casi definitiva.

No sé cómo serán los tiempos de las vacas flacas, porque con la aprobación del acuerdo comercial TLC las ventajas que se derivarían de él, según la propaganda, infame, usada para la aprobación del referendo en sus aspectos del Sí, entrábamos de cabeza casi a una época maravillosa, en donde correrían ríos de billetes por los caños y los obreros podrían ir a sus trabajos en carros elegantes y ver el mundo por cable o por pantalla gigante. Meras especulaciones y engaños que se disuelven como pompas de jabón, para dar paso a una crisis que se avizora, según las propias palabras de quienes nos gobiernan y que se deben a los precios del petróleo, los problemas de la economía norteamericana y la recolección de impuestos, nada que no supiéramos antes y que cualquier economista de pulpería puede prever con sólo consultar uno de los manualitos que todavía usan en sus centros académicos.

Nuestro pueblo no es tan bobo como pensamos, pero es manipulable y se abusa de la ignorancia, el ventajismo y el clientelismo para atrofiarle el cerebro y lograr que casi siempre vote por el veneno, antes que por antídoto. Pero ya existe una mayoría minoritaria, casi mitad y mitad, que no se traga el cómic de que pronto seremos el primer país desarrollado de la América Latina o que la extrema pobreza, la pobreza media y la indigencia, están cediendo, previa repartición de bonos, bonitos y bonotes, para mantener las conciencias tranquilas.

La campaña política está abierta, para nuestra desgracia y aburrimiento. Pareciera que las ansias reales del equipo que nos gobierna espera elegir sucesor o sucesora, previa quemazón de todos los aspirantes, como en el cuento escolar de los negritos, lo que engendra odios, antipatías, recelos y desesperanzas, pues no saben si el candidato, o candidota oficial, va a ser electo a dedazo, en asamblea partidaria o en convención abierta, asunto que siempre deja resquemores entre los participantes.

Todos sabemos que hacer una candidatura es uno de los asuntos más caros en el país y que se necesita tener mucha fortuna personal, familiar o de los amigos, para dar los primeros pasos. También que, en el momento actual, se necesita un cónclave, casi secreto, entre hombres y mujeres de gran poder económico, para escoger quien vendrá a sustituir al Primer Mandatario, más el apoyo del poder mediático establecido, que es el que define la imagen que mejor le convenga. Nadie sabe, realmente, quien sucederá a Su Majestad, luego de 2010 y más allá de la proclamación del país como el primer desarrollado en Nuestra América, así sea en el papel o en los ampulosos discursos que se acostumbran. Nada que no haya ocurrido antes y después de la fundación de la II República, tan tirada en el rincón ahora.

Las encuestas sobre la opinión ciudadana -¿vox populi, vox dei?- ubican al Primer Mandatario, y a su gobierno con el 44,2% de bueno, y un conjunto de 55,3% como regular-malo, lo que hace que el Gobierno se mantenga tembeleque cuando sabemos, o intuimos, que le gustaría tener un 60% de opinión favorable a su labor, que siendo tan bueno es prácticamente imposible de explicar.

De ahí parte la advertencia de que no ha sido nunca bueno para el electorado el que exista un candidato oficial, que aparezca hasta en la sopa de los actos de gobierno, o que se exalten o exageren sus virtudes cardinales, incluidas aquellas que se refieren a género, etnia, preferencias religiosas o sexuales, todo porque a alguien se le ocurre escoger, no al aparato partidario o a los convencionistas, quien deba sucederle, sin darnos cuenta que vivimos, todavía, una república y no una monarquía.

Es valiente el Primer Mandatario cuando define la época de las vacas flacas y no anuncia un nuevo José bíblico que nos resuelva los problemas en los dos años que vienen. Sin el famoso acuerdo comercial el déficit comercial ya es una realidad y nadie habla de esto. El país está en manos del crédito fácil, las tarjetas de crédito echando humo, la morosidad de los clientes en los bancos, las alzas en los precios de casi todo, en esa actitud carnavalesca con la que nos han acostumbrado a subsistir en las últimas décadas.

Quizás lo más importante de lo anunciado en estos días es la idea, genial, de que ya no vamos a tener oposición de verdad y que de los 38D pasaremos a los 56D, en una especie de jolgorio político, que tiene de todo menos la intención de los votantes que ya van percibiendo estos jueguitos, propios de los políticos de memorando, que siguen embozados en su alteridad electoral.

Así que: ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.

Todo esto antes de que empecemos a dar la orden, en el Consejo de Seguridad de la ONU, de destruir a todos los asteroides que nos amenazan desde el espacio sideral: otra notable contribución a la paz mundial. O cuando se nos ocurra postular al Chavo del Ocho para el Premio Nóbel de Literatura.

(La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 5 de Mayo 2008

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