Al fin tenemos una, aunque fuera a revientacincha, y porque ya no había mas remedio. Solo que tampoco es adecuada. Tiene todo lo que hemos pedido en vano durante más de 25 años: la intención de dar crédito a los agricultores, de asegurarles la cosecha, de mejorar la infraestructura rural, y de proporcionarles la investigación científica y la asistencia técnica que necesitan. Pero después de la debacle que provocaron con su mercado libre, no han aprendido nada, pues proponen que el mercadeo lo hagan los comerciantes, y ya sabemos, casi todos, que eso no puede jamás garantizar la estabilidad necesaria de los precios. Este es el talón de Aquiles del “mercado libre” alimentario diseñado para evitar la intervención estatal: que no elimina esa intervención cuando importa excedentes subsidiados, no es libre puesto que es subsidiado, e introduce una inestabilidad ruinosa para el productor y el consumidor. Al final de todo vuelve a demandar la intervención estatal, que el plan de los Arias quiere evitar porque choca con “sus principios políticos y comerciales” (su ideología; y quizá solo sus principios comerciales porque anda del bracete con el régimen comunista de China).
Pero lo hecho en los últimos 25 años ha creado su propia realidad, de modo que ya no es adecuada la política agraria que pedíamos y no nos quisieron dar entonces, cuando tenemos encima la crisis alimentaria global y local, y la rigidez del TLC que nos prohíbe tomar las medidas soberanas necesarias para resolverla. El ministro de comercio exterior (nuestro chapulinzón colorado en el cuarto adjunto), está apurando al congreso para que pase y endurezca pronto las leyes de propiedad intelectual que demandan los americanos. El plan Arias es entonces contradictorio, porque trata de bajar los costos de producción al mismo tiempo que cabildea activamente para que se apruebe la Ley de Obtenciones Vegetales que entrega las semillas al monopolio transnacional. Y cuando es cómplice del bloqueo del registro de los productos genéricos para beneficio de las mismas transnacionales. ¡Quién sabe si cuando se apruebe el TLC no vengan las compañías gringas a cobijarse en nuestra política agraria pidiendo los mismos estímulos que se darán al agricultor por “trato nacional”! ¿Cómo impedir que ese comerciante importe de un país más subsidiado y nos vuelva a arruinar? Con una comercialización en manos privadas, ¿qué puede impedir que los contribuyentes costarricenses subsidien a los de otros países porque al costo subsidiado se puede competir en el mercado internacional? ¿O que todo ese esfuerzo local se vuelva a arruinar si los comerciantes de otro país subsidiado encuentran que pueden competir aquí con ventaja ?
Y sin embargo, las circunstancias de la hambruna global demandan que el problema se ponga sobre la mesa sin condicionamientos ideológicos, y que se reconozcan sus causas con honradez, en vez de estar haciendo declaraciones absurdas de principios políticos o comerciales, o de atribuirle la crisis a causas cómicas como el mal uso de los seguros en Costa Rica. Sin honradez, y sujetos a la camisa de fuerza del tratado con la metrópoli no se puede hacer un diagnóstico correcto de la crisis. Tal vez Obama nos deje gobernarnos.
He leído una entrevista a un experto europeo en seguridad alimentaria que desecha los subsidios agrícolas de los países ricos como causa de la crisis, y se la atribuye a la política de Agricultura No Tradicional que el FMI diseñó para que los países pobres se dedicaran a los productos mas rentables y pudieran pagar su deuda externa. Como europeo, él no toca el complemento grave de aquella política: que la ventaja comparativa aconsejaba que entonces importáramos los alimentos baratos excedentarios subsidiados; un complemento indispensable, porque al dedicar nuestras tierras a la agricultura de exportación tendríamos que abandonar nuestra agricultura alimentaria; que fue precisamente lo que hicimos. Y una política absurda, porque el mercado tampoco elimina la tremenda inestabilidad de los precios de la exportación agrícola; eliminando así periódicamente lo que se había juzgado como ventaja comparativa.
Este es el meollo de toda la cuestión, y los culpables de la crisis no pueden proponer la solución porque son incapaces de reconocer que es el libre mercado el responsable; aun sin el extremo no libre de las importaciones subsidiadas. Vea usted como ejemplo la propuesta de comercialización del plan Arias, que elude completamente la responsabilidad del mercado por “sus principios políticos y comerciales”. Hay que reconocer además que muchos socialistas tampoco pueden ver esta relación viciosa.
Una vez que se hubiera reconocido la causa del mal, que es imprescindible reconocer para buscar las soluciones, y suponiendo que le podamos encontrar una comba al palo del TLC (porque el petróleo no bajará), habría que entrar en las otras particularidades que el problema presenta en el nuevo panorama. Los altos precios sí pueden ahora restablecer la producción, pero algunas circunstancias adicionales como los altos costos, el cambio del clima, y la conversión en alcohol para los SUBs con “ventaja comparativa” no hacen muy probable que bajen los precios de los alimentos; y entonces habría que subsidiar permanentemente a los consumidores. Porque el otro problema de los alimentos es que deben ser baratos para que la población pobre los pueda comprar, y tienen que alcanzar para todos; lo que no ocurre ahora: esa es la crisis.
Además de las limitaciones de los tratados “de libre comercio”, otras cosas han cambiado cuando ya no producimos nada de maíz, sorgo, soya, y algodón, y producimos menos de la mitad del arroz y los frijoles de nuestra dieta básica. ¿Ha considerado el plan Arias (al que ellos llaman de urgencia y no de emergencia) cómo vamos a restituir las tierras que se dedicaron a la agricultura de exportación o se abandonaron? ¿Cómo vamos a recuperar el know how *perdido? ¿Cómo vamos a sacar a la población campesina de los tugurios y devolverla a las parcelas que vendieron? Es posible inducir a los agricultores grandes de exportación a producir alimentos, cuando se van al suelo sus precios de exportación —como sucede periódicamente en todos los productos agrícolas, de oferta incontrolable—, pues este es un empresario que lleva contabilidad y busca la ganancia, y no un campesino que no la lleva y produce por vocación por lo que puede subsidiar la comida de los demás. Pero por la misma razón, ¿cómo mantendríamos a este grande en la producción alimentaria cuando los precios de los alimentos bajaran, como se pretende? ¿O es que piensan subsidiar permanentemente a los consumidores, apechugando la contradicción con el dogma del mercado? O tal vez crean todavía que el paradigma del mercado producirá pronto riqueza abundante para todos, y que entonces no habrá que focalizar a nadie. Ya me imagino el apuro (o “la urgencia”) en la Academia de Centro América calculando ecuaciones de *damage control entre “tosteles y tazas de café”. “¿ah ah?”
José Calvo | 13 de Mayo 2008


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