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Zaperoco de Estado

Alfonso Chase | 7 de Abril 2008

Dejar vacante podría ser un nuevo dicho, ocurrencia o sentencia, a incorporar rápidamente a los libros que de eso se escriben, para así rescatar este tipo de términos, en su sentido figurado, y dar a conocer una situación en la cual a uno lo despiden, lo renuncian o, simplemente, le bajan el piso o le aplican la motosierra o, más modestamente: el serrucho.

Desde el 1° de marzo de este año fue frecuente leer en portales internacionales, díganse diarios, en donde la prensa extranjera de Costa Rica anunciaba la real, supuesta o posible renuncia de nuestro Ministro de Seguridad, el siempre amigo don Fernando Berrocal Soto.

Su labor, desde nuestro punto de vista, ha sido responsable, abierta y comentada, y no solo un deseo de protagonismo, dejando para otros el furor de candilejas del que viven algunos funcionarios públicos, en su ambiciosa proyección al futuro.

Para los que percibimos, y estudiamos, todos los vectores del narcotráfico actual, éste ha sido una industria en los últimos 30 años, lo que implica su siembra, producción, elaboración, distribución, venta en niveles diferentes, así como los corredores abiertos para su transporte a nivel regional, nacional o mundial, lo que ha dado forma al lavado de capitales, sus trasiegos por diferentes medios, viaductos se llaman, que abarcan el tráfico aéreo, marítimo o por carreteras, más la creación de una nueva clase, podríamos llamar social, de nuevos y viejos ricos, involucrados en la industria, como la llaman ellos, con el deseo de penetrar todas las capas de la sociedad, no solo en los consumidores, sino los aparatos financieros, la especulación inmobiliaria, la compra de tierras en las costas, inversiones en líneas aéreas, diferentes clases de negociados o tapaderas, con la consecuencia del emerger diferentes sectores secundarios: presta nombres, prebostes, agentes de bienes raíces, bufetes, agentes migratorios, testaferros, hasta cumplir su sueño dorado: penetrar los cuerpos más sensibles: policiales, judiciales, o los aparatos políticos en eso que se ha denominado, enigmáticamente, las Autoridades Superiores, y cuya existencia podemos advertir en expedientes judiciales de los fiscales de la ciudad de Miami, Nueva York, París o Madrid, o en nuestros modestos juzgados.

Para quienes están en el negocio éste es una industria que da de comer a miles de personas, al menos en nuestro continente, algunos en restaurantes de lujo, otros escarbando basureros, pero todos participando de una actividad que luce de las más productivas del universo y que unos entienden como legal, oígase bien, y otros como parte de una industria paralela que mueve economías, consciencias humanas y actitudes políticas, y en algunos países, hasta los recursos financieros de partidos políticos, léase Colombia, hasta lograr el sueño de los viejos narcos de los ochenta y noventa: tener su propio partido político, equidistante entre los paramilitares y las guerrillas, o simplemente en el juego, tan natural, de la democracia electoral, pregonada en sus lemas propagandísticos.

A quien se presente ante la Asamblea Legislativa, para informar sobre las raíces y contactos del narcotráfico en nuestro país, sólo le quedan dos opciones, si su presencia fuera posible: informar los lazos costarricenses con el narcotráfico, directamente con los prebostes que empezaron a hacer contactos aquí en los ochenta, y de los cuales de seguro provienen fortunas actuales casi descomunales, o referirse a posibles o imaginarios contactos entre las FARC y los más nuevos políticos, a partir del escándalo del dinero podrido y sus nexos con falsas conspiraciones. Lo primero, como residuo de información, ya es conocido como algo realmente existente, y correctamente informativo en libros, revistas, diarios, portales, declaraciones que se pueden conseguir en Internet en las páginas de las diferentes oficinas, encargadas en Estados Unidos de estos asuntos, y que constituyen una valiosa información , más lo que en Costa Rica ha realizado don Carlos Roberto Loría, en sus publicaciones www.campanada.org o campanada@gmail.com, desde hace varios años, y que lo ha convertido en el campeón de la libertad de información de Costa Rica y el azote y coco de nuestra clase política.

Lo segundo, y más concreto en este asunto, que ya definimos como el del dinero podrido, es algo que todos saben y nadie expresa: la relación entre los enredos mediáticos, al borde de su evanescencia, con la firma de nuestra amiga Cruz (?) Mary Prado en el manifiesto del nuevo Frente Socialdemócrata, yo encabezo, ella pone final al caudal de firmas reales, valientes, sin pelos en la tinta, que buscan otra opción política, más definida en muchos aspectos, de avanzada, que esa máquina electoral que es actualmente el Partido Liberación Nacional. Un grupo que participó activamente en la lucha contra el Acuerdo de Libre Comercio y contra toldas las triquiñuelas que se hicieron para su aprobación, pasando por supuesto por la financiación que lograron, de millones de millones, y que hasta la fecha siguen gastando para ratificarlo, en su versión de leyes “suplementarias”, tal como, lo establece el juego legislativo.

Es evidente que la no presentación del Ministro de Seguridad Pública, y la vacante del cargo al mejor estilo vaticano o maquiavélico, lo habría obligado a referirse a los primeros años de penetración del narco en Costa Rica, 1975-1985, la transformación de las guerrillas existentes, a esa fecha, en narcoindustrias, la presencia de guerrilleros, paramilitares, funcionarios públicos y personalidades (1985-2008) y a la plenitud de sus contactos e inversiones en nuestro país, en esa historia oculta que no conocen los costarricenses, pero que existe en fragmentos.

El narcotráfico se ha convertido, en los últimos 30 años, en un negociado que busca legalizarse en todos los ámbitos en que se mueve.

Para muestra un botón: el promedio anual de ventas de cocaína en Estados Unidos, entre 1988 y 2007, fue de 60 mil millones de dólares, según la estimación de organismos oficiales, e independientes, que estudian el fenómeno.

Analizar las relaciones entre las FARC y nuestro país es solo una parte del témpano gigante. La oculta, por supuesto, empieza en los finales de los años setenta con la existencia de esa Autoridad Superior, un monstruo de múltiples cabezas, que parece ya se ha institucionalizado.

De allí que quizás el ex ministro convence en definir en general a nuestra clase política sin razón y sin sentido de la realidad, pero de lo que todos estamos seguros es que los resultados serán solo un plato de babas.

Y los llamados autodelfines, que aspiran a convertirse en mandatarios, a partir de 2010, irán cayendo, uno por una, víctimas de un juego siniestro que mezcla la incompetencia política con sus propias debilidades personales, al creerse ungidos para el cargo, sin tener la capacidad de coordinar el cerebro con el aparato fonador.

(La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 7 de Abril 2008

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