En su momento el Movimiento del No al TLC representó un punto de maduración política del pueblo costarricense, que sintetizaba tanto la complejidad subyacente a nuestra sociedad, cuanto una clarísima toma de posición frente al proyecto neoliberal. El bagaje acumulado así como las actuales condiciones históricas exigen dar un paso adelante, el cual podría ser definido en los siguientes términos: pasar de ser un movimiento de resistencia a constituir un movimiento maduro con efectiva vocación de poder.
He sostenido que esa evolución debería darse desde las realidades en las que nos movemos y, en consecuencia, teniendo presente, con toda lucidez, lo que tenemos y lo que no tenemos. Afirmo que tenemos un movimiento ciudadano de gran riqueza política y enorme potencial de futuro. Pienso que también existe cierta base político-partidaria, más limitada que su contraparte ciudadana. Eso es lo que tenemos, he dicho, y, en consecuencia, esa es la realidad que debería constituir nuestro punto de partida.
1) ¿Arriba y abajo?
Afortunadamente, el tema ha venido generando debate. Y, por supuesto, surgen posiciones y propuestas diversas. Es lo esperable, justo por la heterogeneidad de este movimiento. Hay gente que, de entrada, desecha a los partidos. Tanta desconfianza tiene su justificación. Y, con cierta frecuencia, se insiste en la posibilidad de construir una opción partidaria desde la base misma, como esfuerzo autónomo que lleven adelante los comités patrióticos y las diversas organizaciones sociales. Es frecuente que estas posiciones y propuestas se expresen desde una visión dicotómica de la realidad. Por un lado, “los de arriba” que, en general, son los dirigentes partidarios y otras figuras de cierta notoriedad pública. Por otra parte, “los de abajo”, principalmente comités patrióticos y demás organizaciones de base.
Esta forma de ver las cosas encuentra su correlato en una visión similar, pero invertida, que parecen asumir algunas dirigencias de los partidos anti-neoliberales. Para éstas, los partidos “son lo que son” y, en consecuencia, se orientan a la toma del poder (por lo menos del poder político-institucional del Estado) y buscan atraer a la mayor cantidad posible de gente. Este planteamiento lleva implícito un concepto de partido según la acepción tradicional: como instrumento mediador entre sociedad civil y sociedad política, o sea, y expresado más llanamente, como mediador entre la gente de a pie y los aparatos del poder estatal.
A mi modo de ver, en ambas concepciones hay algunos errores, aunque, puesto a elegir, yo sin duda preferiría la primera a la segunda. En la primera -desechar los partidos existentes y construir uno desde las bases- podría estarse dando un problema económico con implicaciones políticas: supone recorrer un camino que ya ha sido recorrido por alguna otra gente. No es el medio más eficiente ni el más expedito y, sin duda, reclamaría una considerable inversión de energía. En lo político, podría dividir al movimiento además de que implicaría demoras considerables. A corto plazo se podría así facilitar la perpetuación del actual estado de cosas, donde las oligarquías dominan ampliamente el poder estatal.
En la segunda -la de los dirigentes que dicen los “partidos son lo que son”- se expresa incapacidad para aprender de los ricos procesos sociales que venimos vivido. Sin duda, está claro que los partidos que aspiren a representar dignamente a este movimiento ciudadano, deben ser capaces de re-inventarse a profundidad y, al mismo tiempo, de abrirse a la ciudadanía, pero teniendo claro que abrirse no implica decirle a la gente “venga y síganos”, sino decirle “venga y haga suyo este partido, que aquí son ustedes los que mandan”.
2) Una visión integradora
He sostenido que, en cambio, deberíamos ser capaces de desarrollar una visión integradora, donde no haya ni “arriba” ni “abajo”. O, dicho de otra forma, se trata de construir la unidad desde lo diverso, como fruto maduro de un proceso muy amplio de diálogo y debate respetuoso. Esta unidad comprendería dos grandes componentes: el de la ciudadanía organizada y el de la organización político-partidaria. La articulación y unificación de estos dos ámbitos, debería poner en marcha un esfuerzo mancomunado de construcción de nuevos espacios e instrumentos de poder. Por ello mismo, alcanzar el poder público-estatal es un objetivo importante, pero tan solo uno entre varios. Porque el poder se ejerce también en muchos otros ámbitos que no son los de la institucionalidad estatal y, porque, además, la sociedad costarricense a la que aspiramos, supone cambios que exceden de los aparatos del Estado y las políticas públicas.
Pongo un ejemplo para ilustrar lo que tal cosa significa: los medios de comunicación y el manejo y difusión de la información en Costa Rica. El objetivo podría sintetizarse en lo siguiente: democratizar la información. Los instrumentos son varios, pero se resumen en el surgimiento y consolidación de nuevos medios -escritos, televisivos, radiales, digitales- que den efectiva pluralidad a la información, que dignifiquen y eleven el debate público y que contribuyan positivamente a la educación ciudadana y la formación de personas más libres y críticas. Este es un ámbito de poder que está más allá de las instituciones estatales y, al mismo tiempo, un ámbito de nuestra realidad que requiere transformaciones profundas que deben ser emprendidas por la acción autónoma de la ciudadanía organizada.
Este tipo de consideraciones me llevan a insistir en la importancia de la integración y articulación del ámbito político-partidario con el del pluralista y diverso movimiento ciudadano. El ámbito político-partidario aporta una cierta organización, es decir, representa un camino que ya ha sido recorrido y el cual, en la medida de lo posible, no deberíamos tener que volver a recorrer. El ámbito ciudadano proporciona una organización de base, así como un potencial de transformación social y de construcción de nuevos espacios e instrumentos de poder, sin lo cual se hace imposible darle viabilidad a un proyecto alternativo al neoliberalismo.
Quizá convendría que esa ciudadanía organizada atenúe su desconfianza hacia los partidos existentes y les conceda, al menos, el beneficio de la duda. Ello supone abrirse al diálogo, esforzarse por establecer canales de entendimiento y por construir espacios articulados de trabajo. Pero, sin duda, nada de esto podría ser gratuito. Los partidos tendrían que demostrar, con hechos concretos, que, en efecto, están dispuestos a hacer lo que les corresponde hacer y poner la dosis de generosidad y desprendimiento que el momento exige.
3) ¿Y el PAC?
Tratándose de los partidos existentes, hay uno, en particular, sobre el que recae una mayor responsabilidad: el PAC. El hecho de que ha sido capaz de convocar a una porción importante del electorado le concede un peso específico innegable. Contar con el PAC resulta, por lo tanto, asunto importante, y lo es, sobre todo y especialmente, por la calidad de mucha de la gente que lo constituye. Hablo de sus líderes de base, a muchos de los cuales conocí durante las jornadas de lucha contra el TLC, en los meses previos al referendo. Es gente honesta y patriota y, por ello mismo, su presencia es indispensable. Desde ese punto de vista, es correcto afirmar que el PAC es mucho más que su cúpula y, en particular, mucho más que Ottón Solís. Pero también es verdad que la actuación pública del PAC depende principalmente de su fracción legislativa y de la presencia (o ausencia) en el escenario público de sus líderes principales, en especial Solís.
Justo ahí es donde surgen las dudas. Y, lo que es peor, son dudas que vienen hinchándose. La actuación legislativa del PAC lo ponen de manifiesto con especial claridad: ha estado signada por la inconstancia y la ambigüedad. Hoy intentan presentar un rostro de firmeza frente a las oligarquías y mañana se deshacen en gestos complacientes. Ellos mismos, muy a su manera, así lo admiten: se quejan de que se les critica tanto desde unas tiendas como desde las otras. Y lo mencionan como si ése fuera su gran trofeo (“algo bueno estamos haciendo”) con lo cual tan solo dan una muestra de especial arrogancia: la de proclamarse por encima del bien y del mal. Pero esto también pone en claro la gravedad del problema: al intentar quedar bien con unos y otros, terminan enemistados con todo mundo. Al final, ni las oligarquías les darán el premio que parecieran querer recibir, ni el movimiento ciudadano querrá reconocer al PAC como su representante y, quizá, ni siquiera como su interlocutor.
¿Avanzar sin el PAC?
He dicho que, en lo posible, deberíamos ser capaces de construir un movimiento unificado, donde se articule lo político-partidario con lo ciudadano y donde lo diverso se integre respetuosamente a partir del debate de altura, el diálogo incansable y el mayor de los respetos. Y ante las propuestas que proponen construir un partido desde la base olvidándose de los partidos existentes, he formulado prevenciones en términos de la viabilidad que tal cosa tendría -incluso por la división que podría crear- así como de la energía que reclamaría el tener que andar un camino -el de la construcción de una organización partidaria- que ya otra gente ha recorrido. Creo que todo esto es válido en general, pero admito que podría dejar de serlo ante circunstancias concretas de nuestra realidad social.
Y, en efecto, podría dejar de ser válida tal cosa si el PAC -u otras organizaciones partidarias- no se pone a la altura de las circunstancias históricas que vivimos. Ya lo vimos durante la lucha contra el TLC: frecuentemente el PAC -y en especial su líder principal- anduvieron a la zaga y a remolque. Últimamente la tendencia es ya no simplemente a quedarse atrás sino, incluso, a cerrar canales de entendimiento con la ciudadanía organizada.
La unidad es necesaria y deseable. Pero no es ni un mandato obligatorio ni algo que deba construirse a costa de lo que sea. Y podría ser que resulte imposible construir un movimiento unitario que incluya al PAC. Podría ser imposible. Que no lo sea depende esencialmente del PAC. Pero es algo que este partido tiene que resolver con carácter de urgencia extrema. Para mañana podría ser tarde.
Luis Paulino Vargas Solís | 4 de Abril 2008


2 Comentarios
Me parece que si no se agrupan en el PAC cualquier otra iniciativa partidista, va a tener el mismo éxito que la época de oro del Naranjazo o Vanguardia que dicho sea de paso recuerdo al menos varias ocasiones que llenaron el Paseo Colon.
Me parece que el PAC dijo que era de Centro Izquierda. Y me parece que son de la izquierda en el pais mas moderada. El arriba y abajo me sonó a un discurso mexicano de ni al centro ni en la periferia.
La cosa es que discurso nuevo y refrescante va a traer esta nueva iniciativa que no lo pueda decir el PAC?
En Costa Rica a la izquierda le encanta hacer 8 o 10 partidos sin opciones para ganar que conformar una sola alianza o coalición en la que haya diversos pensamientos e ideologías. Si se lograra conformar, es casi seguro que una victoria llegaría en 2010. Ese es un reto importante y me parece que por ahora estamos con una idea equivocada de lo que fue el Movimiento del NO.
El problema no es exclusivo del PAC. Y es mentira que todo el movimiento social este en contra de las posiciones de este partido. Ese movimiento en contra del TLC era muy diverso, y había tanto moderados como radicales. Habían los que estaban en contra del libre comercio en general, pero también habían los que estaban en favor de una renegociación (que no es estar necesariamente en contra del libre comercio). Muchos les pareció que el referéndum fue sucio y que hay que manifestarlo, pero muchos también entienden que se debe seguir la lucha de cara a las elecciones y tratar de no perder la unidad por una lucha contra una agenda de implementación que pocas posibilidades se ve de parar.
Por la diversidad de temas que se tocaron en el TLC, por supuesto que había de todo. Ecologistas, indígenas y campesinos, estudiantes, profesionales, libre pensadores, etc. Por lo tanto, si de verdad queremos llegar a todas estas personas en 2010, lograr un pacto que recoja todos esos pensamientos es importante. Asimismo, también es importante que los partidos en la Asamblea como el PAC, FA, y PASE se sumen a las fuerzas que se suponen no están representadas. Esa debe ser la tarea del nuevo Frente Socialdemocrata. Basta ya de atacar al PAC, ya que su electorado también es importante y sus posiciones moderadas tienen que respetarse, sino estaremos perdiendo una vez más las elecciones por la intolerancia y falta de visión de algunos. Aunque también esperamos que Otton y el PAC logre visualizar esto y ayude para conformar la alianza renunciando a protagonismos que poco importan ya que lo necesario es buscar la victoria.
Saludos
ps. Por favor tomen un tiempo y revisen cuantos partidos tiene la Concertación en Chile y como han ganado las elecciones 4 veces seguidas cambiando poco a poco un país que encontraron destrozado por el Neoliberalismo más radical (el de la Dictadura de Pinochet).
http://es.wikipedia.org/wiki/Concertaci%C3%B3ndePartidosporla_Democracia