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Pensar alternativas frente las supersticiones del neoliberalismo

Luis Paulino Vargas Solís | 16 de Abril 2008

1) Una acotación necesaria

Decíamos en el artículo anterior que el pensar alternativas puede orientarse al menos en dos sentidos: para contribuir a la conformación de una nueva correlación de fuerzas sociales y políticas, o bien para contribuir a la formulación de un proyecto que sea impulsado desde esa nueva correlación de fuerzas. He insistido en varios escritos que la primera de estas opciones conlleva asuntos amplios y complejos: comprende lo electoral y el control de los mecanismos de la institucionalidad pública, pero trasciende ampliamente ese ámbito. En síntesis, se trata de tres cosas: construir contrapoderes que compensen los grandes instrumentos de poder que concentra la oligarquía neoliberal; construir nuevos espacios e instrumentos de poder, que no estén al alcance de esa oligarquía; y llevar adelante tales procesos desde una amplia, pluralista y democrática alianza que sea, a un mismo tiempo, político-partidaria y cívico-ciudadana.

A riesgo de reiterar lo que ya he dejado escrito, enfatizo que cuando hablo de un movimiento con vocación de poder, no estoy pensando tan solo en que ganemos las elecciones, sino en que seamos capaces de liderar la sociedad costarricense en todos sus ámbitos y niveles: el público-estatal, el cultural, el ideológico, el de la información, el de la producción, el de las relaciones con el resto del mundo, el de la educación… Digo liderar nuestra sociedad, no por la vanidad de tener el poder, ni menos para fundar una nueva oligarquía que desplace a la que hoy nos chupa la sangre. Es liderar nuestra sociedad para transformarla, es decir, para construir una sociedad distinta, verdaderamente inclusiva, justa y democrática. Sin duda, todo esto exige una posición política clara y un compromiso ético de altísima exigencia. Aunque con perspectiva de largo plazo, este es un proceso que ha de empezarse ya, si es que en efecto nos lo tomamos en serio. Entonces, una de las tareas urgentes por resolver en el corto plazo, es la relacionada con las elecciones de 2010. Dejar que estas se nos vayan de las manos sería un mal inicio. Un movimiento con verdadera vocación de poder no debería renunciar tan fácilmente a un espacio importante, como sin duda es el electoral. No será fácil -ya conocemos lo matrafulera que es esta oligarquía- pero, en fin ¿Es que alguna de estas cosas podría ser fácil?

2) Supersticiones neoliberales por derribar

Retomo la segunda opción de propuesta de alternativas: la de formulación de ideas que alimenten el proyecto a ser impulsado por esa nueva fuerza social y política que queremos construir. Señalé en mi anterior artículo que un elemento de fundamental importancia en ese esfuerzo propositivo, es tener claro los grandes obstáculos que el proyecto neoliberal ha creado, y que tienden a agrandarse hiperbólicamente con el TLC. Son construcciones jurídicas e institucionales diseñadas en función de los intereses del capital más concentrado y, en especial, del capital transnacional. En consecuencia, dificultan gravemente cualquier esfuerzo de corrección del rumbo regresivo hacia el que el país está sido arrastrado.

Intentaré una enumeración sintética de los que, a mi juicio, son algunos de los principales de tales obstáculos.

2.1) Irrestricta libertad de movimiento de los capitales. La situación reciente que afronta el Banco Central, cuya política monetaria ha devenido un adefesio inservible, lo ilustra con claridad: han hecho del libre flujo de capitales un tótem intocable y, sentado el dogma, han terminado por renunciar a la política monetaria, la cual no solamente perdió toda influencia sobre la inflación, sino que está propiciando una espiral de endeudamiento que, con seguridad, explotará dentro de poco, con graves consecuencias económicas y sociales. En todo caso, la caótica situación actual del capitalismo mundial, claramente lo anuncia: o se le pone límites a la deriva global de los capitales o vamos de cabeza hacia la catástrofe. Limitar el libre flujo de capitales sin duda escandalizará al común de los economistas y asustará a alguna otra gente. Es comprensible justo porque el neoliberalismo lo ha convertido en uno de sus fetiches sagrados. Pero, en fin, construir un proyecto alternativo comporta, entre otras cosas, derribar este tipo de supercherías. Eso sí, hay tener claro que éstas se apoyan en una nutrida parafernalia legal, que, entre otras cosas, incluye el TLC con Estados Unidos.

2.2) La política en materia de inversión extranjera directa. Costa Rica ha estado sujeta a una política de entrega irrestricta de privilegios a favor de esa inversión. Esto es resultado de otro de las supersticiones que el neoliberalismo ha impuesto: la de que lo que es bueno para esos inversores extranjeros también lo es para Costa Rica, cosa que constituye una variante de un mito más amplio: el de que los intereses de los ricos y los de nuestro pueblo son idénticos. No se trata de cerrarse a la inversión extranjera pero sí de garantizar que ésta nos deje algo que sea de provecho significativo, o sea, que justifique las ganancias que ellos obtienen al invertir en un país que ofrece ciertas condiciones propicias. También en este caso hay amarras legales que deberán soltarse, incluyendo las que contiene el TLC.

2.3) Modalidades y alcances de la apertura comercial externa. Bien sé que la sabiduría totémica neoliberal no me lo va perdonar, pero lo cierto es que aquí tocamos otros de los dogmas establecidos: el de la presunta irreversibilidad de los procesos de apertura comercial que empezaron hace 22 años. Uno de los frutos visibles de esa apertura lo está sufriendo hoy la gente más pobre, con el disparatado aumento de precios de los alimentos. Ello confirma lo que desde hace tantos años venimos diciendo: la absoluta inconveniencia de sacrificar la producción de alimentos en el altar del libre comercio. Evitemos equívocos de esos a los que, con tan poquísimo ingenio y sutileza, recurren Eduardo Lizano y sus discípulos: no hablamos de cerrarse al comercio internacional ni de vivir en autarquía. Se trata de aplicar formas selectivas y dosis variables de apertura y protección. La verdad es que -nuevamente en contradicción con la mitología neoliberal- este es un campo donde no existen recetas. La actual crisis alimentaria lo pone en evidencia: si en vez de dogmas se hubiese aplicado una dosis de sano pragmatismo, hoy Costa Rica podría garantizar tranquilamente alimentos a toda su gente, en vez de vivir la amenaza cierta de un empobrecimiento agudo de quienes ya son más pobres. Y, por supuesto, también aquí hay artilugios legales por desarmar, incluyendo los TLC aprobados.

2.4) Márgenes de maniobra e instrumentos de política en manos del Banco Central. En días recientes el neoliberalismo criollo viene parloteando con el cuento de que hay que dolarizar. La cosa resulta bastante alucinada, especialmente en estos momentos de desastre financiero global promovido por las recetas de apertura y desregulación irrestrictas. En cambio, a nosotros nos ha de interesar restituir espacios razonables de autonomía económica, para lo cual también es necesario que el Banco Central recupere capacidad para influir sobre el crédito y las tasas de interés, así como para regular el sistema financiero y los mercados cambiarios. Para ello igualmente será preciso combatir otra de los fetiches neoliberales: el de que al Banco Central tan solo ha de interesarle la estabilidad de precios, o sea, el control de la inflación. Ese mito ha servido de mampara para cohonestar desastres como el del mercado hipotecario gringo o aquí, en nuestro propio vecindario, la bomba del endeudamiento que el Banco Central viene inflando. Todo esto requerirá de reformas legales.

2.5) La responsabilidad social del Banco Central. La autonomía del Banco Central es otra superchería neoliberal. Se arguye que es necesaria a fin de garantizar apego a criterios estrictamente técnicos. Como resultaba predecible, se ha demostrado que esto es absolutamente falaz. El antifaz de la autonomía simplemente ha facilitado el proceso mediante el cual los bancos centrales se convierten en apéndices de los grandes intereses financieros. Esto es cierto lo mismo en Costa Rica (revise usted, por ejemplo, quiénes han conformado su junta directiva en los últimos 10 años) como en el resto del mundo. En cambio -y mediando las reformas legales requeridas- a nosotros nos interesará un banco central obligado a asumir sus responsabilidades sociales, de cara a la ciudadanía y, por lo tanto, sometido a un escrutinio público permanente. Claro que se necesita mucha solvencia técnica para manejar el Banco Central, pero esa solvencia debe ser demostrada ante la gente y no en conciliábulos palaciegos con los zares de las finanzas.

2.6) Un régimen de empresas públicas que garantice idoneidad técnica y responsabilidad social. Por muchos años, nuestras empresas estatales han vivido atrapadas en las redes politiqueras de los partidos oligárquicos. Las obligan a generar excedentes para financiar el déficit fiscal y las manejan con criterios oportunistas y de corto plazo. Correlativamente las aíslan del control ciudadano con lo que, de paso, las inhiben de asumir responsablemente el papel social para el que fueron creadas. Esto debe cambiar, cambiando para ellos las leyes. Podría entonces optarse por establecer un régimen de empresas públicas regido por los siguientes principios generales: independencia política y funcional; criterios de idoneidad técnica en la selección de quienes las dirijan; apertura a mecanismos democráticos y pluralistas de control ciudadano; apego a programas de trabajo y de inversión diseñados con visión de largo plazo, y definidos según objetivos, públicamente debatidos, de desarrollo, justicia social y respeto al medio ambiente.

Luis Paulino Vargas Solís | 16 de Abril 2008

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