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Ojo crítico

Rodolfo Cerdas Cruz | 20 de Abril 2008

La histeria política es pésima consejera: sus medicinas son peores que la enfermedad. Ayer fue la guerra fría y hoy el terrorismo y el narco. En el campo de la seguridad, más que en otros, se requiere serenidad, planificación, sentido de la realidad y firmeza, lo que no equivale a subestimación y pasividad.

No hay que engañarse con lo que sucede. Las estadísticas, sin análisis adecuados, pueden ocultarnos lo crítico de la situación. Hay una enorme cantidad de víctimas que no denuncian el delito que sufrieron porque lo consideran una pérdida de tiempo. Pero, además, esta crisis nos encuentra mal organizados, mal entrenados y, lo peor, sin políticas de Estado a largo plazo, bien definidas y claras. ¿Alguien osaría decir que sí contamos con ellas, institucionalizadas, bien estructuradas, coherentes, coordinadas y políticamente sustentadas en un consenso nacional? Lo dudo.

Por eso no hay que extraviarse con el escándalo de las FARC, exagerando lo de la caja fuerte que solo el OIJ pudo abrir y el dinero inutilizable. Dedicar a esto una comisión, cuando el problema es infinitamente más complejo, extenso y profundo, revela poca seriedad y notoria inconsciencia de la gravedad de la crisis. Porque también afrontamos a las extorsionadoras bandas narcoterroristas y genocidas de las Autodefensas Unidas de Colombia, tan vinculadas al poder, que ya pasan de 50 los diputados y senadores enjuiciados y encarcelados por sus vínculos con ellas; y que, como lo denunció Al Día, tendrían inversiones aquí. A eso se suma la presencia de los carteles mexicanos, los narcos guatemaltecos y demás. ¿No es evidente que esa comisión es una especie de coyol, que se masca, pero no se traga?

La ignorancia más la dispersión pueden hacernos perder los objetivos y acabar, como tantas otras veces, afectando no al delincuente, sino al ciudadano apegado a la ley, al mutilarle sus libertades y derechos en favor del Estado y de una cacería de brujas que, so pretexto de combatir al narcoterrorismo y la delincuencia común, justifica todo. Por eso, esta comisión de rumbo perdido, tiene que focalizarse políticamente, como con precisión lo planteó el diputado Mario Quirós.

La Defensoría de los Habitantes debe vigilar estrechamente que no se tomen medidas contra los ciudadanos respetuosos de la ley y que resultan irrelevantes para el delincuente común o el narcoterrorista. Dos ejemplos: las limitaciones que se quieren imponer y los absurdos trámites burocráticos que se exigen para poseer y portar armas de defensa personal. Y, segundo, la inadmisible pretensión de extraditar a costarricenses por nacimiento ¡¡a Colombia!!

(La Nación)

Rodolfo Cerdas Cruz | 20 de Abril 2008

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