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¿Inversiones inescrupulosas?

Raúl Marín | 17 de Abril 2008

El maquiavélico concepto de que el dinero es inodoro e insaboro, neutro, frío, insensible, y no por ello menos “caballero” -si se mira a través de la óptica quevediana- es una quimera.

La composición de las carteras de inversión por parte de algunas personas físicas y jurídicas en algunos países, especialmente en los que el calvinismo ha sentado sus reales, tiene fundados escrúpulos. Y está bien que así sea.

En el primer mundo ciertas universidades, iglesias y fundaciones que realizan inversiones, a causa de las filosofías que las sustentan, no las hacen, bajo ningún concepto, por ejemplo, en bonos de países que violen los derechos humanos o en acciones vinculadas a las industrias del tabaco, alcohol, juegos de azar, etc., precisamente por el riesgo moral que comportan.

Tampoco lo hacen en títulos o mercados especulativos, pues se asume el riesgo de que, en búsqueda de ganancias desproporcionadas, se ponga en severo peligro los fines patrimoniales y, sobre todo, sociales, del respectivo grupo. También rechazan todo tipo de relaciones financieras con plazas vinculadas con el lavado de dinero, por su contaminación con el narcotráfico, saqueo de las finanzas públicas por parte de políticos corruptos, tráfico de blancas y de armas, secuestros extorsivos, etc.

Con las conductas descritas esas organizaciones hacen cierta la sentencia de Séneca: la riqueza no es incompatible con la virtud.

Entre más responsabilidades se asumen, mayores deben ser los rigores con que se juzguen a los líderes de esas comunidades, pues la razón ética es factor determinante de la cohesión del grupo, y el mandato que ostentan no es el de hacer dinero no importa a qué precio, sino hacerlo dentro de cierto marco ético, bajo el entendido de que son recursos ajenos al patrimonio de sus administradores temporales.

Esa responsabilidad es insoslayable, es de principio, y si no se tiene, por convicción o por educación, es obligación exigir su cumplimiento.

Dicho en otro giro, el campo de las finanzas de las entidades humanitarias no es terreno salvaje, apto para cualquier irresponsabilidad, ese dinero tiene fines altruistas a los que debe estar siempre subordinado y no debe ensuciarse so pretexto de su rápido crecimiento.

Un buen ejemplo de rendimiento de cuentas en esta materia lo constituye la “Carta del obispo de Bilbao, Mons. Ricardo Blázquez -el único mitrado no vasco de las diócesis de Euskadi- y del obispo auxiliar de Bilbao, Mons. Carmelo Echenagusia, a las comunidades cristianas de Bizkaia” del 17 de mayo de 2002, que aparece en internet, y que dice, en lo pertinente:

“Ante las noticias de estos días sobre unas inversiones realizadas por nuestro Obispado, queremos dirigirnos a todas las comunidades cristianas para informaros verazmente de los hechos, para esclarecerlos con informaciones complementarias y para compartir con todos vosotros las consideraciones que se derivan de todo ello”

Luego aclara, en lo que interesa para los fines de este comentario:

“1. Que nunca ha realizado ninguna inversión en producto financiero fiscalmente opaco.

2.- Que en el período 1998-2000 realizó inversiones financieras en títulos reconocidos internacionalmente y con cotización oficial en sus mercados públicos organizados correspondientes…

3.- Que todas estas inversiones fueron debidamente contabilizadas en las cuentas del Obispado de Bilbao e incorporadas a los balances que anualmente se han presentado a la autoridad fiscal competente.

Y precisa:

“Las inversiones financieras del Obispado en ningún caso se realizan:

• Ni con el dinero que entregáis para Misiones, Cáritas, Manos Unidas, etc.,…

• Ni con el dinero que entregáis a vuestras parroquias a través de las colectas, donativos, suscripciones, etc.,…

• Ni con el dinero que, procedente del Estado a través de la Conferencia Episcopal y de la asignación tributaria que realizáis en las declaraciones anuales a Hacienda (la x en la casilla de Iglesia Católica), se dedica al sostenimiento de los sacerdotes y de los laicos y laicas que trabajan en tareas pastorales.”

• Agrega: “Las inversiones financieras que hace el Obispado las realiza:

• Con los fondos de las fundaciones pías, formados a lo largo de los últimos 50 años. …

• Con los fondos procedentes de la venta de bienes y que están a la espera de ser utilizados para la adaptación o construcción de complejos parroquiales. …

• Con los fondos procedentes de donaciones directas a la Diócesis, cuyo rendimiento ayuda a financiar los gastos corrientes del propio Obispado y de diversas instituciones diocesanas. …”

Después de otras aclaraciones, terminan los señores Obispos su carta, así:

“Que el Espíritu de Pentecostés nos ilumine y nos dé a todos la sabiduría necesaria para administrar los bienes materiales al servicio de quienes más los necesitan.”

Que esa sabiduría, tan necesaria como urgente, tenga ámbito ecuménico. Así sea.

Raúl Marín | 17 de Abril 2008

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